Opinión

Mucho ruido y algunas nueces

Supongo que los que también son padres me entenderán perfectamente pero no solo ellos, pues, además de con los hijos, pasa en la mayoría de las relaciones que establecemos en nuestra vida. ¡Qué difícil es distinguir qué es solo ruido! Qué difícil preocuparse solo de lo que es sustantivo y tiene consecuencias profundas, y no de lo que no las tiene, aunque parezca importante. Qué difícil tener serenidad.

 
 Ebrahim Noroozi / Ap-LaPresse

Veo el indignómetro disparado y sesgado a conveniencia. Veo preocupación. Pero diría que es el desconcierto la sensación que más abunda en todas mis conversaciones. Y también, les confieso, para elegir un tema para esta columna. ¿Escribo sobre Irán? Más de dos mil muertos, represión rampante, bloqueo informativo. ¿Creemos a quien nos dice que esta vez las protestas son las más relevantes por su transversalidad social y geográfica? ¿Es Trump el factor diferencial para que esta vez sea distinto o es verdad que el régimen de los ayatolás tiene todavía bastante margen de resistencia? Pues la verdad, no lo sé.

¿Escribo sobre democracia tras ver con horror lo que pasa con el ICE y cómo Trump les ha aumentado el presupuesto? Pues no lo tengo claro. Un buen amigo que vive allí me dice que el asesinato de Renee Good se recordará como el momento en que la gente de EE.UU. Despertó y que los demócratas van a ganar las dos cámaras en noviembre e implicará la desaparición del ICE tal y como lo conocemos ahora. 

Tampoco me aclara nadie qué pasará con la OTAN si Donald Trump sigue adelante con sus planes en Groenlandia porque, diga lo que diga Mark Rutte, significaría la implosión del artículo 5. ¿Actuaremos los europeos acordes con la cláusula de solidaridad dispuesta en nuestro tratado de Funcionamiento? ¿Todos y cada uno de los estados miembros? ¿Prohibiremos a Estados Unidos el uso de sus bases en territorio europeo que son operativamente estratégicas para su defensa? Y podríamos seguir…

Por no saber, y no entender, tampoco puedo adivinar qué va a pasar mañana en las elecciones presidenciales de nuestros vecinos portugueses, aunque ellos mismos las califiquen de históricas.

Con más de diez candidaturas, son los comicios más concurridos de la historia de Portugal desde que se votó por primera vez al jefe del Estado en 1976. Será también la primera vez que se pase a segunda vuelta (con la excepción de 1986, que nada tiene que ver, porque entonces se dirimía un empate entre Soares y Freitas do Amaral). Y la primera vez que es difícil predecir quiénes disputarán esta segunda vuelta con probabilidad de que no sea ninguno de los candidatos de los partidos tradicionales, Mendes, por el Partido Social Demócrata, de centro derecha, y Seguro, por el Partido Socialista.

Empezaron como favoritos Mendes y Gouveia e Melo (militar retirado que hace campaña contra los partidos), pero ahora las encuestas apuntan a una especie de montaña rusa de preferencias electorales, y Seguro, Ventura –líder del partido ultra Chega– e incluso Cotrim –eurodiputado del partido liberal– tienen posibilidades de quedar entre los dos primeros.

Como apunta mi amigo Miguel Matos, tras las tres legislativas de los últimos cuatro años, las presidenciales son solo el último episodio en el desmoronamiento del paradigma político portugués, estable durante 50 años, con una crisis de partidos y de liderazgo evidente, pero de la que no se adivinan aún sus consecuencias. Lo dicho, desconcierto.

¿Qué es ruido?, ¿qué es furia? Mucho, pero no todo. Hay ruido y hay nueces, y discernirlos es uno de los grandes retos de la actualidad. Sobre todo, para leer la brújula.

Me dijo el otro día otro buen amigo (ya ven que no solo soy afortunada por tenerlos, sino que salen a mi rescate todo el rato y en estos tiempos, más) que al mundo de hoy lo define la lucha entre Calvinos y Castellios. Que ese es el combate de fondo. La lucha entre tolerancia y fanatismo, entre humanismo y violencia, entre libertad y conciencia versus dogmatismo. Recordemos las palabras de Castellio tras la ejecución de Miguel Servet autorizada por Calvino y magníficamente relatada por Zweig: “Matar a un hombre no es defender una doctrina, es matar a un hombre”. 

Combatir a los Calvinos del mundo, en versión pura o matizada, de izquierdas o de derechas, propios o ajenos. Es el mejor consejo que me han podido dar y lo único que me ayuda a alejarme del ruido y a poder opinar sobre las nueces.

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