
Coches, relojes y... Pisos de marca
Traigo malas noticias para quienes creen que basta con lucir un bolso de 10.000 euros o un reloj de 50.000 para convertirse, a ojos de papanatas e ignorantes, en un potentado. La ostentación de tales accesorios de marca pronto va a ser cosa de pobres. El signo externo al alza es ahora el piso de precio prohibitivo en un bloque de marca, con vistas vertiginosas. En este subsector del lujo los precios de las unidades pueden alcanzar los cientos de millones y solo están al alcance de los auténticos potentados. Soñadores y aspirantes abstenerse.

Un promotor inmobiliario de Dubái construye ahora allí las Bugatti Residences, en una torre de formas sinuosas, con 42 plantas y 82 apartamentos de precios millonarios. Bugatti, firma de coches fundada en 1909 en Alsacia, hizo historia gracias a sus bólidos hermosísimos, como los del Tipo 35, que en los años veinte del siglo XX dominaron las carreras; o, en los años treinta, con grandes turismos como el 57SC Atlantic, de línea art déco. Luego, después de pasar por quiebras, ventas y reventas, Bugatti se consolidó ya en este siglo como fabricante de autos de hasta 1.800 caballos de potencia, carísimos… y menos elegantes que sus antecesores. Aun así, la marca se hizo un hueco en el sector del lujo, y ahora se asocia al inmobiliario, a ver si le renta.
Firmas del sector del lujo prestan su nombre a promociones inmobiliarias de precios astronómicos
No es Bugatti el primer fabricante de coches que lo hace. En el 2017 se inauguró en Miami la Porsche Design Tower, de 56 plantas, en las que al parecer tienen pisos celebridades como Messi o Maluma. Su principal particularidad es un ascensor acristalado que permite subir el coche a casa y aparcarlo en la sala de estar. Ideal, ¿no? Además de Porsche, Aston Martin inauguró también una torre en Miami. Bentley y Mercedes Benz ya han anunciado las suyas.
Los pisos son bienes inmuebles. Los coches son bienes muebles. ¿A qué viene su asociación? Pues a que los segundos aportan con su marca un factor de notoriedad, prestigio y cierto lujo ya consolidados. (Solo a veces, claro: no está prevista la construcción de una torre Dacia, por ejemplo). Como también lo aportan marcas de joyería o de moda. La relojera suiza Jacob & Co se ha aliado con un promotor dubaití para levantar una torre de 557 metros de altura. Y marcas como Fendi, Dolce & Gabbana o Lagerfeld han relacionado su sello con promociones inmobiliarias en Marbella, no en balde España es líder europeo del sector, según Sotheby’s.
La idea de casar una marca de fama con una promoción lujosa data del siglo XX. Entonces era cosa de cadenas hoteleras. Ahora entran en el negocio marcas ajenas a la hostelería, pero fuertes en el sector del lujo. El inmobiliario con marca prestada va como un tiro.
Espero no deprimir con estas noticias a soñadores y aspirantes, ahora ya conscientes de lo que cuesta pasar por rico de verdad. Voy a intentarlo con tres datos. Primero: esos pisazos tienen sus inconvenientes. Los promotores suelen anunciar, a modo de gancho, que algunas celebridades ya han comprado uno. Dicen, por ejemplo, que el futbolista Neymar jr. Ha pagado 54 millones por su ático en la Bugatti Tower. Lo cual no parece ser un gran atractivo para los vecinos: las farras de Neymar y sus Toiss (el grupo de gorrones que le ríe las gracias y le sigue a todas partes) son ruidosas.
Segundo: las vistas oceánicas de Miami tienen su cara oscura: las torres sobre la arena se hunden. Concretamente, entre dos y ocho centímetros en diez años, según un estudio universitario. Nada grave para mañana, pero tampoco tranquilizador a medio plazo.
Tercero: el lujo y el glamur ya no son lo que eran, como sabrán los lectores de ¡Hola! Cada día se alejan más de lo que se definía como buen gusto, clase o chic. Ahora sus embajadores son sujetos carentes de todo eso, como Kim Kardashian o los astros del balón, a quienes se pagan sumas que los diplomáticos de verdad ni se imaginan. Así va el mundo. Así, y con un explosivo déficit de vivienda asequible, esa que no sirve para pavonear, ni es exclusiva, lujosa o meramente cómoda, pero es indispensable para que soñadores y aspirantes lleven una existencia digna.
