Opinión

Irán no es Venezuela

En su alocado plan para arreglar el mundo en quince días, Donald Trump ha puesto el ojo en México y Venezuela para acabar con el narcotráfico, en Nigeria por las masacres de cristianos, en Siria por los rebrotes del Estado Islámico, en Cuba y Nicaragua porque son comunistas, en Groenlandia para ampliar el territorio de Estados Unidos y en Irán porque el régimen islamista patrocina los grupos terroristas de la región.

 
 LV

Con el régimen de los ayatolás reprimiendo a sangre y fuego una revolución popular para la que no tienen soluciones que ofrecer a los iraníes, el presidente Trump está tentado de asestar el golpe de gracia a su némesis en Oriente Medio. Pero Irán no es Venezuela. Los dos países son petroleros, dictaduras y adversarios declarados de Estados Unidos. A partir de aquí todo son diferencias. 

La población iraní está harta de la catastrófica economía, la represión ideológica y la masacre de opositores al régimen

La identidad iraní se remonta al imperio persa y aspira a la hegemonía en Oriente Medio. Controla el estratégico estrecho de Ormuz, por donde transita la mayor parte del comercio marítimo mundial, está al lado de Israel, cerca de Rusia y China le compra el petróleo. Además, tiene un ejército moderno y bien equipado, entre ellos los 125.000 fanáticos de la Guardia Islámica, con capacidad tecnológica para obtener la bomba atómica. Pero su principal activo es la religión.

Irán es el centro planetario del chiísmo, una de las ramas principales del islam y que congrega más de 300 millones de fieles, entre el 10% y el 15% de los musulmanes del mundo. De su ideología integrista beben los principales grupos armados que operan en el área: Hizbulah en Líbano, Hamas en la franja de Gaza, los hutíes en Yemen o las milicias de Irak y Siria. Todos auspiciados y armados por el Gobierno iraní y convertidos en una fuerza de ataque contra sus adversarios políticos y religiosos, Israel y Arabia Saudí, sobre todo.

Aunque diezmadas por las operaciones del servicio de inteligencia israelí, estas organizaciones disponen de una capacidad operativa notable, como lo demuestra la resurrección de Hamas en Gaza una vez acabada la guerra con Israel. Y tampoco es menor la dispersión de células durmientes dispuestas a actuar contra el Gran Satán en cuanto reciban instrucciones.

Irán tiene uno de los índices de juventud más altos del mundo y su población está harta de la catastrófica economía, la represión ideológica y la masacre de opositores al régimen. Eliminar la dictadura de los turbantes es la única salida. Aunque Irán no sea Venezuela.

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