Opinión

¿Poca sorpresa?

La reacción más común a las noticias en torno a los crímenes sexuales de Julio Iglesias es: “Bueno, poca sorpresa ahí”. Se entiende hasta cierto punto. No es como si de pronto pesan esas acu­sa­ciones sobre, yo qué sé, José Luis Perales. En el caso Iglesias no ha abundado tanto otro comentario que suele suceder a las pocas investigaciones de este tipo que se pueden llevar a cabo con éxito en España, el habitual “todo el mundo lo sabía”. Quizá porque aquí prevalece un “todo el mundo imaginaba”.

 
 Brian Snyder / Reuters

El “todo el mundo lo sabía” es la respuesta a la vez cínica y perezosa que tiene siempre lista la gente bien conectada y, cuando se pronuncia, desactiva y devalúa el trabajo periodístico que destapa el caso. Si todo el mundo lo sabía, ¿por qué no se había dicho antes? Porque para publicar hace falta tener testimonios que quieran hablar on the record, seguimiento, comprobaciones, respaldo legal y otra serie de pasos que requieren tiempo, voluntad y dinero.

Qué poco asumido tenemos colectivamente aún lo del consentimiento

El “poca sorpresa”, aplicado a este caso, indica qué poco asumido tenemos colectivamente aún lo del consentimiento. En realidad sí debería causarnos sorpresa que alguien que ha presumido de acostarse con más de tres mil mujeres también haya ­vejado, violado y agredido a unas cuantas.

Por eso es importante leer los textos completos del caso en Univisión y ElDiario.es, aunque las descripciones puedan inducir a la náusea. Hay dos escuelas a la hora de narrar hechos de este tipo, la que cree que regodearse en los hechos concretos revictimiza y sirve solo para dar datos escabrosos y la que cree que en el detalle escabroso está el crimen y es necesario contarlo igual que se cuentan otras violencias. Esta última la defiende, por ejemplo, la escritora Neige Sinno en Triste tigre, el libro en que escribe, con precisión forense, las violaciones a que la sometió su padrastro cuando era niña. No pretende dar al lector la opción de mirar a otro lado. En realidad, no son tesis mutuamente excluyentes. Forma parte del kit de narrador decente explicar a la vez con respeto y detalle.

Dos de las periodistas de Univisión que investigaron el caso, Federica Narancio y Esther Poveda, fueron despedidas en una reestructuración más del sector, poco antes de publicar. Eso también causa rabia y, por desgracia, poca sorpresa.

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