Opinión

El vicio de especular

Dos noticias impactantes han llenado la actualidad las dos últimas semanas: el caso Iglesias y la tragedia de Adamuz. Solo se parecen en un punto: tratan casos que buscan aclarar hechos y responsabilidades en un proceso que podría ser largo. De ahí que compartan un mantra que las voces sensatas no cesan de repetir: “No hagamos juicios paralelos”. Pero las elucubraciones nos chiflan tanto que no es raro ver que el presentador que acaba de lanzarlas a chorro, frena de pronto y dice: “Mejor no especulemos. Hay que esperar”.

 
 EUROPA PRESS / Europa Press

Especular forma parte de las necesidades de nuestra inteligencia y de las de nuestra estupidez. Pero lo que es un entretenimiento inocuo en el ámbito privado se convierte en basura perniciosa cuando se publica en las redes sociales o en los medios: contamina el curso de la justicia, viola la presunción de inocencia y causa una larga lista de daños directos o colaterales.

Creo firmemente que estaría bien que, en todo público, nos resistiéramos a especular en la medida de lo posible

No estoy libre del vicio de especular, pero hoy he decidido dar ejemplo: no les diré lo que pienso del caso Iglesias. Tampoco especularé sobre él como persona. Como cantante sí les diré algo (porque no es una especulación, sino un hecho): durante el año que cumplí dieciocho y a raíz del éxito de la canción que se va y se va, cada vez que escuchaba su voz untuosa en un centro comercial se me desencadenaba una miringitis. Aunque esta inflamación del tímpano cursa a veces con pérdida de audición, yo tuve la desgracia de que cursó con aumento: en mi cabeza el estribillo que nunca se iba del todo se repetía a un volumen atronador. Mi médico me creyó (la relación causa-efecto era irrefutable) y me recetó corticoides de rescate. Pues bien, a pesar del daño sufrido, me parecería feo posicionarme públicamente en su contra con una mera especulación. Sin conocer el caso a fondo, ¿cómo puede una proclamar que cree a las denunciantes? Y, por lo mismo, ¿cómo puede otro proclamar que no las cree?

Más siniestro es aún especular sobre la tragedia de Córdoba. Entiendo que hay que rellenar programas, pero con imaginación hay mucho que se puede comentar en lugar de verter elucubraciones en bucle que solo sirven para alimentar paranoias. Ya he reconocido antes que especular me tienta. Pero hoy creo firmemente que estaría bien que, en todo público, nos resistiéramos a ello en la medida de lo posible. Porque si no tomamos decisiones individuales de este tipo, acabaremos por conseguir que cualquier juicio con garantías se convierta en una caza de brujas digna de tiempos (aún) peores.

Etiquetas