Opinión

Putin anhela la paz sin triunfar en la disputa.

El ataque de Rusia contra Ucrania se inició el 24 de febrero del 2022 mediante estallidos en Kyiv, Járkiv y Odesa. Proyectiles rusos impactaban en aeródromos, instalaciones de la milicia y áreas residenciales al tiempo que hileras de tanques atravesaban los límites fronterizos por el norte, el oriente y el sur. Putin denominó la incursión armada en territorio de Ucrania como una “operación militar especial”. Se daba inicio al conflicto bélico más extenso en suelo europeo desde 1945.

Putin anticipaba una resolución veloz que acabaría con la administración de Zelenski en escasas jornadas, permitiendo que Ucrania se reintegrara a la esfera de influencia del Kremlin, de forma similar a Bielorrusia. No obstante, el ataque no tuvo éxito. El Ejecutivo permaneció en su sitio, las fuerzas armadas de Ucrania aguantaron y la ciudadanía se organizó. Cerca de nueve millones de ucranianos salieron de la nación o se movieron por el territorio nacional en busca de protección y calma. Los daños en infraestructuras de defensa, plantas de energía y construcciones residenciales resultan catastróficos. En Kyiv y diversos núcleos urbanos escasean los servicios de luz, agua y carburantes durante una estación invernal de frío extremo. El dolor padecido tiene que ser estremecedor.

 
 Ap-LaPresse

No existen registros formales respecto a los fallecidos de este conflicto que ocurre en la zona oriental de Europa, aunque los cálculos sugieren centenares de miles de bajas en ambas naciones mientras que Rusia no ha logrado progresos significativos tras la toma de cuatro provincias en el territorio del Donbass.

Ucrania debía ser “desnazificada”, tal como se deseaba desde el Kremlin. A partir de su autonomía de la debilitada Unión Soviética en 1991 y tras la revuelta de Maidán en el 2014, que expulsó a un mandatario prorruso, Putin respondió con la anexión de Crimea. Se vulneraban fronteras en Europa, un presagio de conflictos bélicos venideros en el continente.

¿Cuál es la razón por la que el estado más vasto del planeta experimenta falta de seguridad en sus límites territoriales? Diversos investigadores del pasado han sugerido que esto se debe a sus limitadas o remotas conexiones con el océano. A través de los tiempos, Rusia ha sufrido múltiples ataques por parte de mongoles, suecos y prusianos. Los tártaros dominaron la región central de Rusia durante más de doscientos años. Napoleón lo pretendió en 1812 y Hitler en 1942; ambos sufrieron descalabros estrepitosos y degradantes.

Un pacto desfavorable entre Rusia y Ucrania causaría una lesión severa en el centro de Europa.

Ucrania representa para Rusia lo mismo que Aquisgrán representó para el imperio carolingio o la relevancia que Turín tuvo para la unificación de Italia. Rusia ha dejado su huella en la civilización europea, sobre todo en las letras, la música y las disciplinas artísticas, según detalla con precisión el historiador británico Orlando Figes en su excelente obra Los europeos. No obstante, desde Rusia nunca ha surgido la libertad, dado que apenas ha tenido contacto con ella a lo largo de su historia.

Ucrania ha logrado frenar a un adversario con mayor capacidad bélica mediante el respaldo de Estados Unidos y de Europa. Las grabaciones de Zelenski solicitando armamento y suministros en las metrópolis de occidente demuestran en cierto modo que nos encontramos en un conflicto europeo que ha consolidado el sentimiento patrio de los ucranianos, quienes mantendrán un rencor inquebrantable contra Rusia.

El vínculo positivo entre Trump y Putin no ha logrado pactar la paz, ni tan solo un breve armisticio entre ambas partes enfrentadas. Trump afirma que Zelenski inició el conflicto bélico y se aleja progresivamente del apoyo armamentístico y financiero destinado a Ucrania.

Las naciones europeas de mayor peso, incluyendo a España, respaldan y brindan asistencia a Zelenski mediante armamento y fondos financieros. Europa rechaza el conflicto bélico mientras que Ucrania persigue la concordia. No obstante, Putin rechaza las condiciones establecidas durante la pasada reunión en Abu Dabi, que contó con la presencia de Rusia, Estados Unidos y Ucrania. La Casa Blanca ratificó que los involucrados han acordado reunirse nuevamente en un futuro cercano.

Resulta contradictorio que Trump haya generado fricciones en los vínculos de las naciones de la OTAN al pretender adquirir o incorporar Groenlandia con el fin de impedir que rusos y chinos controlen los pasos árticos, mientras que, por otro lado, todavía no ha reprochado a Putin la agresión a Ucrania. Lo que más preocupa a Europa no reside en el potencial bélico de Rusia, sino en su destreza para infiltrarse en los organismos y formaciones políticas del continente con el objetivo de socavar, de ser posible, los sistemas democráticos de occidente. No se trata de agredir a Rusia, sino de poseer la firmeza necesaria para proteger los derechos y el estilo de vida de Europa.