
No tenemos la culpa
El desplazamiento de los habitantes en las metrópolis resulta progresivamente difícil, algo que conocen perfectamente los barceloneses y los madrileños. El número de residentes se ha incrementado notablemente, mientras que los servicios de transporte colectivo no han aumentado al mismo ritmo. Al añadir a esto a las personas que se han visto forzadas a dejar Barcelona o Madrid para mudarse a localidades cercanas debido al elevado coste inmobiliario, se comprende el desorden constante en los trayectos. En la zona de Barcelona se han incrementado los inconvenientes por el servicio deficiente de Rodalies. El tránsito habitual de la gente no se encuentra asegurado.
Bajo estas circunstancias, diversas agrupaciones civiles aprovechan la facultad legal de protesta para ocupar la vía pública y bloquear rutas de tránsito fundamentales al exponer sus reclamos, lo cual intensifica los problemas de este frágil desplazamiento urbano. Así ocurrió recientemente con los maestros en la ronda Litoral y en diversas carreteras catalanas, además de los agricultores y su maquinaria, quienes causaron desorden en el corazón de Madrid. Previamente, se habían movilizado payeses, taxistas, estudiantes, trabajadores de la salud o cualquier grupo con una demanda por reivindicar. Los residentes de Sant Roc en Badalona, por citar un caso, bloquearon la autovía como manifestación ante la acogida en una instalación vecinal de varios extranjeros desalojados de una propiedad ocupada..
Todas las causas, ya sean justas o no, terminan siempre con el mismo objetivo: generar el máximo caos en la circulación para exaltar sus demandas. Y los más perjudicados son los demás ciudadanos, que no son responsables de ninguno de sus problemas, pero ven comprometida su libertad de movimiento sin siquiera poder hacerse oír, pues serán tachados de insolidarios.

Pues bien, a riesgo de ser considerado así, resulta pertinente interrogarse si no hay alguna vía distinta para orientar las manifestaciones o las exigencias de estos grupos provocará un conflicto con una gran mayoría silenciosa que debe soportar con estoicismo estas violaciones de su libertad.
El uso desmedido de tales métodos puede anular el objetivo que se intenta salvaguardar. Posiblemente sea necesario reconsiderar la situación, sobre todo en estos tiempos tan complejos para la movilidad.
