
Trump no perrea
Bad Bunny cantó en español y al presidente estadounidense le disgustó: “Nadie entiende una palabra”. Hay pocas maneras más elocuentes de exhibir pobreza cultural. Alardear de monolingüismo, cuando eres nieto de alemán, hijo de escocesa y marido de una eslovena, delata que la extranjería te cabe en casa, pero no en la cabeza.

La derecha populista –allá y aquí– se alimenta de una idea estrecha de pertenencia: una sola lengua, una sola estética, una sola forma de estar en el mundo. Frente a ese dogma, el artista montó un barrio en mitad del estadio y convirtió un centro del espectáculo global en periferia sonora. Resignificó el God Bless America –cierre habitual de la retórica presidencial– al pronunciarlo y a continuación enumerar veinticinco países, ampliándolo así a todo el continente.
Bad Bunny escenificó una América mestiza que no pide permiso
Sabemos que la etiqueta latino es homogeneizadora, nada neutral. Arrastra capas de estereotipos bajo una aparente calidez: sazón, ritmo, pasión. Sabemos, más aún, que el espectáculo del puertorriqueño fue una operación integrada en la maquinaria capitalista. Pero también quedará como gesto de enorme peso político. Cuando la reacción es desproporcionada, suele ser porque ha tocado algo estructural. Va más allá del gusto musical: es una disputa por el relato de quién pertenece y quién no. Más allá del estadio continuaban las redadas del ICE; dentro se escenificaba una América mestiza que no pide permiso.
Por aquí ha molestado lo que algunos llaman euforia panhispánica. También se le ha reprochado el despliegue de cuerpos femeninos en escena, pasando por alto que Bad Bunny ha erosionado el molde del macho latino. Una canción como Yo perreo sola ha hecho más por desactivar la agresividad del reguetón que muchas tribunas. Perrea, goza y protesta. Esta combinación desconcierta tanto a la derecha, que ve obscenidad, como a cierta izquierda, que solo acepta la resistencia cuando viene sin perreo.
Para Trump, América es un país que hay que blindar con aduanas, reales y simbólicas. Para Bad Bunny, un continente donde todos aportan. Una idea se sostiene sobre el miedo; la otra, sobre la convicción de que la mezcla, lejos de debilitar, enriquece, como la salsa nacida en las calles de Nueva York. Y es eso, más que cantar en español, lo imperdonable.
