
Las galerías de arte tienen razón
Puedo asegurar que desde que visito regularmente galerías de arte, empecé con mis padres en mi más tierna infancia, nunca había visto una huelga como esta que ha habido. Cierran para reclamar que el 21% del impuesto sobre el valor añadido (IVA), que pagan por la venta de cuadros o esculturas, es desproporcionado. Y tienen razón. En Francia, por ejemplo, pagan el 5%. Es decir, que un cuadro de un artista español comprado en Barcelona es un 16% más caro que ese mismo cuadro comprado en una galería de Perpiñán. Francia considera que el arte es un bien cultural, mientras que España lo ve como un bien de lujo.

Y, señores, un cuadro es un bien tan cultural como un libro. El arte y la literatura han distinguido a nuestro país desde siempre. Don Quijote de la Mancha de Cervantes y Las meninas de Velázquez han hecho más por la imagen de nuestro país que muchas de las campañas publicitarias realizadas, tal vez con la excepción del personalísimo sol de Miró que apoyaba el texto “España, todo bajo el sol”. Pero una vez más, Miró nos distinguió, como antes Velázquez o Cervantes.
Pido firmemente a las autoridades que reconsideren su postura respecto al IVA en el arte
Para mí no hay duda, el arte debería ser considerado un bien cultural, porque lo es. Ahora no lo encarga solamente la nobleza o la Iglesia. Lo compran las diferentes clases sociales. He visto pisos muy modestos con un par de cuadros en sus paredes, que dicen mucho de sus propietarios, gente culta, sin duda. También he visto pisos de lujo, sin un solo cuadro, lo que también dice mucho de los que lo habitan.
El arte demuestra la cultura de los pueblos. París, por ejemplo, supo atraer a los mejores artistas del mundo, entre ellos Picasso, que encontraron en esa ciudad todo lo necesario para desarrollar un arte que se convirtió en universal. Nueva York, seguramente la ciudad que más arte compra del mundo, fue también lugar de encuentro de grandísimos artistas de diferentes lugares.
Barcelona y también Madrid deberían seguir esos ejemplos, pero para ello es necesario que la ley ampare y proteja el arte contemporáneo. Empezando por no castigarlo como un bien de lujo. El arte da de comer a mucha gente, empezando por los artistas, que sufren para poder vivir de lo que saben hacer. También de los galeristas que invierten todos los meses en el alquiler de sus locales, el personal y muchos más gastos como la electricidad, los catálogos y también los impuestos. Por eso pido firmemente a las autoridades que reconsideren su postura respecto al impuesto del valor añadido (IVA), que actualmente me parece absolutamente discriminatorio e injusto.
