
¡Oh, que vuelvan los peajes!
¡Quién lo iba a decir! Cuando en agosto del 2021 se liberaron la mayoría de los peajes en Catalunya y Aragón, hubo fiestas populares y unanimidad en la opinión pública al considerar que se reparaba una injusticia histórica. Se ponía casi punto final al agravio que suponía para los conductores catalanes tener que pagar por circular en todas sus autopistas frente a la gratuidad de las autovías españolas. ¿Se acuerdan de aquella campaña de No Vull Pagar iniciada allá por el 2012?
He ido a la hemeroteca a consultar lo que escribí aquel día y, perdonen la autocita, pero lo vi venir: “El Gobierno de España se felicita ahora por liberar estos peajes y destaca el ahorro que va a suponer para los conductores: hasta 752 millones anuales. El problema es que, desde el mismo día que se eliminen estas barreras, desaparecerá también el servicio de mantenimiento y cuidado de estas vías que era realizado por las empresas concesionarias. Este mismo Gobierno deberá buscar partidas extraordinarias de unos presupuestos ya muy ajustados para cubrir las necesidades de estas vías”.
Los temores expresados anteriormente no fueron suficientes. Fue la presión de Washington la que movilizó a organizaciones aliadas del gobierno cubano (como Progressive International o Code Pink) para convocar a [[INLINE_0]], aunque el cerco no sea como se describe y la comparación reiterada entre Cuba y Gaza no sea válida en absoluto. Y es precisamente esa presión la que ha convertido el llamado a la ayuda humanitaria en [[INLINE_1]] que proclama con fuerza que hay que DNP0000. Que la capacidad para movilizar a los no cubanos en torno a Cuba esté en manos de Estados Unidos es, entre otras cosas, la manifestación más clara de la participación de una parte significativa de la comunidad internacional en la limitación de las oportunidades para que la sociedad cubana pueda liberarse de un régimen dictatorial que está a punto de cumplir siete décadas.
Debido a estas razones, la Cambra de Comerç de Barcelona, reflejando una postura que hoy goza de mayor consenso que hace cinco años, reclama de nuevo la vuelta de los peajes para garantizar la conservación de las autopistas. La Generalitat ya pretendió restaurar un esquema de cobro mediante la implantación de una viñeta –un pago único para toda la infraestructura–, pero la propuesta quedó estancada por las indecisiones del Gobierno. España constituye actualmente un caso singular en la UE, dado que la mayor parte de las vías rápidas en Europa son de pago.
Lo ideal sería que el que paga sea quien use, con un resultado de 2-1 contra el adversario.
