Opinión

El Quirinale y la mayoría de la ‘aurea mediocritas’

Cuadernos del Sur

Sostiene Tácito, el ilustre historiador romano, que la celebridad y el sosiego son compañeros de viaje antagónicos. Si alguien disfruta de la primera deberá renunciar por fuerza al segundo, y viceversa. Sin embargo, la hoja de ruta electoral de Moreno Bonilla para revalidar dentro de apenas cuatro meses (escasos) su mayoría parlamentaria absoluta aspira, en un ejercicio no exento de riesgos, hacer compatibles ambos conceptos.

La figura del presidente de la Junta, andalucista por táctica, es el principal activo político del PP en Andalucía, donde las siglas importan, pero no son trascendentes y, a veces, traen incluso algunos problemas inesperados.

Tras la tragedia de Adamuz y las inundaciones de las últimas semanas, en el Quirinale han decidido que, en vez de hablar de la financiación singular de Catalunya o de los casos de corrupción que acosan a Pedro Sánchez, es más inteligente –para sus intereses– hacer un ejercicio de contención.

En eso están. San Telmo celebró este miércoles, coincidiendo con la trágica efeméride del primer mes transcurrido desde el brutal siniestro ferroviario, un consejo de gobierno extraordinario en Adamuz.

Moreno Bonilla tras el consejo de su gobierno celebrado en Adamuz (Córdoba)
Moreno Bonilla tras el consejo de su gobierno celebrado en Adamuz (Córdoba)JUNTA DE ANDALUCÍA

A su término el candidato del PP anunció la concesión de la Medalla de Andalucía para la localidad cordobesa y, lejos de exigir responsabilidades al ministerio de Transportes, desveló que una comisión autonómica, en paralelo al organismo estatal sobre siniestros ferroviarios, va a analizar las causas del accidente y atenderá –durante dos años– a las víctimas.

No hubo ni un solo reproche para Óscar Puente. La atención del Quirinale estaba puesta en otra cosa: publicitar el Plan Andalucía Actúa, que va a repartir hasta 1.780 millones de euros entre las empresas y los autónomos, entre ellos muchísimos agricultores, afectados por los rotundos temporales.

Tampoco hubo exigencias a la ministra de Hacienda –la rival de Moreno en los comicios de junio– acerca de las ayudas estatales para este fin. No es que al presidente de la Junta le haya dado un ataque de concordia. Es que los sondeos electorales indican que su candidatura a la Junta está a medio punto de revalidar los triunfales resultados de 2022.

En estos momentos no tiene garantizada la mayoría absoluta pero cuenta con cuatro meses para conseguirlo, cosa que, en cambio, no le sucede a los socialistas, a los que todos los estudios de opinión sitúan por debajo del 20% en intención de voto, casi cinco puntos menos que hace cuatro años.

María Jesús Montero llegando al Congreso de los Diputados el pasado miércoles
María Jesús Montero llegando al Congreso de los Diputados el pasado miércolesKIKO HUESCA / EFE

El Quirinale piensa que no va a ganar demasiado agitando la confrontación institucional con la Moncloa y ha decidido intentar que la carrera electoral discurra lo más alejada posible de la habitual polarización estatal.

No está por completo en su mano, pero va a ser la apuesta del PP andaluz para huir de la tendencia puesta de manifiesto en Extremadura y en Aragón, donde Génova continúa presa de la irradiación populista de Vox.

A falta de saber lo que sucederá este marzo en los comicios regionales de Castilla y León, el siguiente torneo del carrusel electoral, San Telmo prefiere tomar toda la distancia posible con la estrategia estatal del PP. Irá a lo suyo.

Moreno sabe que no va a crecer mucho apelando al voto útil de signo conservador, cuenta con que el PSOE bajará, pero hasta cierto punto, y prefiere retener a los votantes de aluvión conseguidos en 2022 –entre ellos parte de electores progresistas– a arriesgarse a provocar su desafección.

El coordinador general de IU, Antonio Maíllo, en el acto de presentación de su candidatura a la Junta
El coordinador general de IU, Antonio Maíllo, en el acto de presentación de su candidatura a la JuntaJOSÉ MANUEL VIDAL / EFE

Las críticas políticas en clave estatal, como ha sucedido en Aragón, pueden causar una sangría. Así que la pretensión de San Telmo es encapsular la campaña para que no se entienda como un plebiscito sobre el sanchismo, sino como una elección entre “la eficacia de la Junta” –los términos de la ecuación son suyos– y “el desastre” de los servicios públicos del Estado.

El plan obliga a ser muy fino: cargar en exceso las tintas podría dar la impresión de que el Quirinale instrumentaliza las catástrofes. Mostrarse excesivamente manso proyectaría, en cambio, una imagen de debilidad.

La incógnita es cómo va a reaccionar Vox, que en estos momentos está según algunos sondeos a dos puntos del PSOE, a la estrategia soft de San Telmo, que sueña con una campaña en clave regional –al modo de Joan Fuster: “Nosotros, los andaluces”– porque ignora las dimensiones exactas que tendrá la actual ola electoral de los ultramontanos en el Sur de España.

Vox es el único partido que todavía no ha designado a su candidato a la presidencia de la Junta. Un hundimiento mayor del PSOE puede causar, como sucede desde hace meses en Huelva y en Almería, que el partido de Abascal pueda convertirse en la segunda fuerza política en Andalucía.

Este escenario pondría las cosas muy difíciles a Moreno Bonilla. Más incluso que una inesperada resistencia de los socialistas, cuyas opciones son muy remotas porque Montero sigue ausente de la política autonómica.

Las minorías de izquierdas –salvo Adelante Andalucía, de filiación andalucista– no crecen, sino que decrecen. Parte del electorado socialista se debate entre la abstención, el voto (crítico) en blanco –sugerido abiertamente por Felipe González– y una tercera opción: apoyar a un presidente que, según el argumentario de San Telmo, quizás no provoque entusiasmo, pero tampoco causa rechazo. Moreno Bonilla quiere revalidar su hegemonía sin épica, con la ayuda de la aurea mediocritas de Horacio.