
Artífices de la idea de Europa
OPINIÓN
En épocas de agitación y reconfiguración del panorama mundial, habiéndose extraviado el rumbo que guiaba los fundamentos y virtudes de la actualmente frágil Unión Europea, resulta valioso comentar brevemente ciertos aspectos esenciales de la filosofía y el recorrido de dos personalidades destacadas de la centuria anterior, los cuales quizás nos permitan meditar acerca de los desafíos actuales, que guardan semejanzas con los sucesos ocurridos en nuestro pasado cercano.
“La cultura europea es creación perpetua. No es una posada sino un camino que obliga siempre a marchar”. De esta forma se manifiesta José Ortega y Gasset (1883-1955) al proclamar esa necesaria defensa de una integración supranacional (modelo político y administrativo donde varios países delegan y distribuyen parte de su autonomía) ante los “desiderata utópicos e inconcretos que llevaban a soñar con la unidad estatal de Europa”.
Bajo ese planteamiento sugiere “proceder, paso a paso, con calma y previo un análisis perspicaz y completo de los problemas positivos y negativos que ello trae consigo” (Disertación Meditación de Europa, impartida en Berlín Occidental, 1949).

A su vez, Ortega lamenta el envilecimiento de la política, de unos dirigentes poco previsores -cortoplacistas- que llevan dos generaciones (treinta años) sin escuchar a los profetas -voces autorizadas- y, de hecho, han optado por cancelar esa “sutil colaboración” entre unos y otros.
De tal forma que los políticos “fueron progresivamente dirigidos por las masas hasta convertirse estos últimos años en simples exponentes de sus momentáneos apetitos. Refiriéndome al enorme y craso error, oriundo lisa y llanamente de la más elemental ignorancia en quienes lo cometieron, que fue la creación, tras la Primera Guerra Mundial, de la soi-disant (así llamada) 'Sociedad de Naciones'” (antecedente de la actual ONU).
Es evidente la sintonía intelectual entre Ortega y
Mientras el joven Ortega anhelaba cultivar una España “mirada desde Europa”, su coetáneo Jean Monnet (1888-1979), incansable emprendedor y excepcional visionario (profeta) sobre la construcción del edificio institucional de las Comunidades Europeas, se erigía en figura clave en la Sociedad de Naciones (SDN), desempeñándose tras la Primera Guerra Mundial como vicesecretario general (1919-1923).
Su experiencia en la organización y gestión de la SDN le mostró la ineficacia de la unanimidad, impulsándole a buscar métodos más pragmáticos y federalistas para la futura integración europea. Conocida como la transición al funcionalismo, tras la Segunda Guerra Mundial, abandonó el modelo de la SDN por uno más concreto y directo, proponiendo la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) -cuyo tratado constitutivo data de 1951- basada en una “alta autoridad” supranacional (predecesora de la actual Comisión Europea), órgano colegiado e independiente encargado de supervisar el mercado y vigilar el respeto de las normas de competencia.
Monnet presidió en sus primeros cuatro años este decisivo paso hacia los “Estados Unidos de Europa” y, en su apuesta por acompañar a la CECA de un ejército propio, promovió la Comunidad Europea de Defensa. Truncada por el temor de Francia a perder soberanía nacional, cuando menos inspiró la creación de la Comunidad Europea de la Energía Atómica (Euratom).
Ulteriormente, dio continuidad a su impenitente desempeño europeísta fundando el Comité de Acción para los Estados Unidos de Europa, instancia tractora del futuro Sistema Monetario Europeo y de la elección por sufragio universal del Parlamento Europeo, entre otras realizaciones comunitarias.
Restablecer la confianza y la solidaridad
En definitiva, resulta notorio el paralelismo de las ideas de un gran pensador y de un brillante hombre de acción del siglo XX, que sin embargo no se cruzaron en el devenir de la senda europeísta, acaso por la influencia germánica en el pensamiento de Ortega y de las corrientes anglosajonas en relación al francés Jean Monnet, fruto de sus respectivas instrucciones y vivencias de juventud.
Al hilo de esta reflexión, parece oportuno evocar la declaración del, a la sazón ministro francés de Asuntos Exteriores, Robert Schuman, en 1950, redactada por el propio Monnet y bendecida por los gobiernos de Alemania, Italia, Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo, con el fin de alumbrar un proyecto común europeo para superar la oposición secular entre Francia y Alemania: “La solidaridad de producción que así se cree pondrá de manifiesto que cualquier guerra entre Francia y Alemania no sólo resulta impensable, sino materialmente imposible”.
Recuperar la confianza y ejercer la solidaridad en la construcción -presente y futura- de la Unión Europea, superando los fragmentarios egoísmos nacionales y la tan dañina polaridad, representa hoy, sin ningún género de dudas, la verdadera fórmula de éxito para preservar y fortalecer el modelo de paz y prosperidad más avanzado del planeta.
Carlos Trias Pintó. Integrante desde 2013 hasta 2018, ejerciendo de presidente y vocal de su Bureau, dentro de la Comisión Consultiva de las Transformaciones Industriales (heredera de la comisión consultiva de la CECA), en el marco del Comité Económico y Social Europeo.