Opinión

El ‘bunyol’ de Drassanes

Existen pensamientos recurrentes. Muy a menudo ni nos damos cuenta de que centran nuestra atención de tan familiarizados como estamos de su presencia en nuestra mente. Eso me ocurre a diario cuando entro en la estación de metro de Drassanes de Barcelona. No puedo evitarlo. Ya sea cuando transito por el pasillo repleto de grietas en el suelo y paredes; cuando intento sortear la barrera de turistas que se apelotonan en el estrecho corredor donde están las máquinas de billetes, o cuando me siento en uno de esos bancos desconchados del andén, pienso: “¡Pero qué han hecho!”. Mi tía Antònia, con su graciosa expresividad innata, resumió esta sensación en dos palabras en catalán cuando reformaron su baño de mala manera: “Quin bunyol!”(qué buñuelo o qué chapuza). Pues eso, la estación de Drassanes es un gran bunyol . Y lo lleva siendo desde el 2009… Cómo pasa el tiempo. Llevo 17 años con este mantra diario en la cabeza: “¡Pero qué han hecho!”. Ommmmm.

La estación de metro de Drassanes
La estación de metro de Drassanes

Fui testigo impotente de la reforma de esta estación, cuando ya se presumía el poco acierto de los materiales escogidos, que se resquebrajaban mientras los instalaban. Eso sí, el proyecto ganó un premio internacional de diseño, lo que me ha llevado a reflexionar en más de una ocasión si el jurado se desplazóin situ o se contentó con los renders .

La parada de metro no deja de degradarse tras

Han pasado más de seis mil días de esta remodelación. Reconozco que se ha puesto mucho empeño desde el inicio para disimular las grietas, pero todos los esfuerzos y los presupuestos han caído en saco roto. Eso sí, la estación ganó en luminosidad gracias a la tonalidad blanca de esos acabados quebradizos, y eso me hace pensar que a veces una mano de pintura puede ser más acertada y, evidentemente, mucho más económica. Quizá la anterior estación resultaba anticuada, lo que no supone ningún problema en metros como el de Londres, pero para nada mostraba el deterioro de su sustituta laureada.

Un operario en la estación de metro de Draassanes
Un operario en la estación de metro de Draassanes

A los que crean que exagero, les invito a visitar la estación. Ahora bien, mejor que no lo hagan en un día de lluvia para evitar sortear las numerosas goteras y los cubos que pretenden atraparlas. O, lo que todavía es peor, para que no acaben resbalando por ese pavimento mojado lleno de charcos. Casi dos décadas después, este bunyol sigue igual, atragantándonos a los usuarios. Menuda Cuaresma.

Sílvia Colomé da Silva

Sílvia Colomé da Silva

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Redactora jefa en Gente y Media. Previamente, trabajó en Cultura, Última Hora

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