
Narrar la pérdida
El duelo es un tema muy productivo en arte. Infinidad de historias empiezan con alguien que debe vaciar la casa al morir un familiar. Abrir cajones, encontrar fotos, cartas, objetos... Que revelarán secretos.
He leído dos libros seguidos que narran un duelo de otra forma, sin caer en tópicos: Relíquia, de Pol Guasch (Anagrama) y Acció de gràcies per una casa, de Stefanie Kremser (Edicions de 1984). El primero, a raíz del suicidio de su padre cuando el autor tenía 15 años; el segundo trata la pérdida de una casa. Aunque Kremser (1967) y Guasch (1997) pertenecen a generaciones distintas, han hecho literatura a partir de sus respectivos duelos. En la vida no es lo mismo perder a un padre de manera trágica y prematura que perder un hogar, pero me ha parecido que literariamente ambos libros dialogaban. Tienen en común que parten de su experiencia personal, pero sin mirarse el ombligo, trascienden su dolor más allá convocando a otros narradores, poetas...

Pol Guasch empieza Relíquia con la frase: “Habría agradecido una nota”, dirigida a su padre, como todo el libro. Guasch revive el suicidio de su padre, diez años atrás, y escribe un texto muy íntimo que trata de los vínculos con la familia, de las herencias a las que se puede renunciar para hallar la luz, de la amistad como pilar, de los primeros amores, de la identidad sexual, de si ser padre es una promesa o tan solo un accidente y plantea muchas preguntas que quedarán sin respuesta: “Por qué hay noches en que la noche es insoportable”.
Pol Guasch y Stefanie Kremser hacen literatura a partir de sus respectivos duelos y convoca a otros narradores y poetas
Stefanie Kremser tuvo que dejar el piso de alquiler donde vivía en Barcelona por culpa de la especulación salvaje de los fondos. Nos habla de casas del pasado, presente y futuro, y su lectura activa los resortes de nuestra memoria, de las casas donde hemos vivido, donde hemos sido felices, donde había una ventana abierta a la naturaleza, silencio, la galería de la tía donde daba el sol a las jaulas de periquitos y canarios, casas de amigos donde hemos pasado buenos ratos, donde nos hemos refugiado tras una separación, casas donde hemos pasado vacaciones y nos habríamos quedado allí para siempre... Reflexiona a lo largo del libro sobre el concepto casa, qué es mi hogar . Nos ilustra sobre el término domicidio extremo: “la destrucción sistemática de viviendas” que practica, por ejemplo, el Gobierno de Israel.
Entre la memoria y el ensayo, los dos hacen volar muy alto la literatura.
Este país es pequeño y podría ser que Guasch y Kremser se conocieran, que hayan coincidido en Sant Jordi firmando juntos. Si no es así, por favor, que alguien los presente, tienen mucho en común en su manera de hacer, de mirar, de narrar la pérdida. Se caerán bien.

