Opinión

​Los ‘therians’ y la subcultura energúmena

Hace dos semanas nadie sabía lo que era un therian. A día de hoy, cualquiera que consuma medios generalistas no solo lo sabe sino que tiene una opinión al respecto. El ejemplo perfecto de cómo la ultraderecha marca la agenda pública y los demás la siguen obedientes.

En la cita de Barcelona hubo más mirones que 'therian' 
En la cita de Barcelona hubo más mirones que 'therian' Ana Jiménez

Los therians, ya lo sabrán, son una subcultura extremadamente nicho de personas, generalmente muy jóvenes, que adoptan roles de animal. No hacen daño a nadie y son poquísimos, menos que mujeres que lleven burqa en Catalunya –este tema de conversación también lo puso la ultraderecha sobre la mesa y parte de la izquierda cayó en la trampa–. La semana pasada, con una simultaneidad pasmosa, varias ciudades españolas y latinoamericanas (desde aquí un saludo a los que esperaban encontrar therians en Segovia) vivieron la absurda situación de tener a miles de morbosos esperando ver y quizá insultar un poco a adolescentes con máscara de perro.

El odio al diferente no va por los 'therians', sino por las personas trans y, ya de paso, por cualquiera que se salga de la norma

Los agitadores ultra, muchos de ellos bajo las carpas de Vox, aprovecharon para montar sus ya tradicionales akelarres en los que cantan sus coplillas contra Pedro Sánchez. Los primeros, algunos, meros críos, recuerdan a los fisgones que iban a ver ejecuciones públicas o a las pandillas de instituto que iban a ver a los que se pegaban. Los segundos, ya lo sabemos, son las nuevas Brigadas de Cristo Rey.

La analogía es tan evidente que da apuro subrayarla: este odio al diferente no va por los therians, sino por las personas trans y, ya de paso, por cualquiera que se salga de la norma. Es una medida colectiva disciplinaria que lanza un mensaje unívoco: O te asimilas o te escondes.

En Barcelona, el supuesto encuentro therian se saldó con cargas violentas, caos entre cuerpos policiales y tres detenidos menores de edad. Soy vecina del barrio en el que ocurrió todo y sentí especial pena por toda esta farsa. La zona de Arc de Triomf, en la que se ubican Norma Comics, Gigamesh y otra docena de comercios hiperespecializados que sirven a distintas subculturas, lleva décadas sirviendo como espacio seguro para adolescentes raros de todo pelaje. 

Digo pelaje a veces de manera literal porque es frecuente ver gente muy joven con onesies de cosplay, vestidos de personajes de sus sagas favoritas. Caminan en racimo, como hacen los adolescentes, con sus pintas más trabajadas, exóticas y fabulosas. Me gusta especialmente verlos llegar en Rodalies de otros pueblos y otros barrios, a lucir sus atuendos en un lugar que reconocen como propio y encontrarse con más miembros de la tribu. Ser raro en grupo es mucho mejor que ser raro solo.

Espero que vuelvan mañana, felices y tranquilos, y que no sientan que su espacio, conquistado a fuerza de muchos años de uso espontáneo del espacio público, ha quedado ensuciado por esos visitantes ocasionales de la semana pasada, los de la subcultura energúmena.