Falsedad como norma

El semiólogo ruso Yuri M. Lotman, al reflexionar sobre el momento de la imprevisibilidad, sostiene que la mentira no es un simple fallo del lenguaje, sino una estrategia capaz de alterar sistemas culturales enteros. Cuando la falsedad se vuelve norma, el sentido común se fragmenta y la confianza colectiva se debilita gravemente.

Dirigentes como Donald Trump o Vladímir Putin han convertido la mentira en un instrumento habitual de gobierno. No hablamos de errores puntuales, sino de relatos calculados para confundir, polarizar y desplazar responsabilidades. Cada afirmación falsa repetida desde el poder erosiona instituciones, degrada el debate público y vacía de contenido la palabra verdad. Lotman advierte que, en situaciones imprevisibles, pequeñas desviaciones pueden producir efectos históricos. Las mentiras políticas actúan así: condicionan elecciones, justifican guerras, alimentan el cinismo y normalizan el abuso. El daño no siempre es inmediato, pero sí acumulativo y muy difícil de revertir.

Aceptar la mentira como un coste del liderazgo implica renunciar a la política como espacio ético. Frente a gobernantes manipuladores de la realidad, los medios y la ciudadanía tienen la responsabilidad de restituir la verdad como principio operativo. No por moralismo ingenuo, sino porque sin verdad no hay previsibilidad.

Joan Jiménez Gómez

Sant Vicenç de Montalt

Etiquetas
Mostrar comentarios
Cargando siguiente contenido...