Los recientes incidentes en la red ferroviaria vuelven a evidenciar un problema estructural: la gestión está repartida entre tantos organismos y tantos responsables políticos que la coordinación resulta prácticamente imposible.
Cada avería o accidente termina convirtiéndose en un cruce de reproches en lugar de una solución. El país cuenta con excelentes profesionales del transporte y la ingeniería; sin embargo, las decisiones clave siguen en manos de cargos designados por criterios partidistas, no por su capacidad técnica. Esta politización crónica impide una planificación coherente y un servicio fiable para la ciudadanía. Resulta imprescindible avanzar hacia un modelo en que la gestión recaiga realmente en expertos.
Solo con una dirección profesional podremos garantizar un sistema de transporte acorde con las necesidades del país.
José Manuel Rigueiro
Suscriptor Barcelona