El cenotafio dedicado a Antonia Argerich, situado en la carretera entre Solsona y Torà, en la Vall del Llobregós, no hace referencia a una muerte violenta vinculada al voto femenino, como sostiene una leyenda publicada en la app de Geocaching, sino a un atropello accidental, según han confirmado los historiadores locales.
El monolito, que lleva la inscripción: “Aquí murió Antonia Argerich a los 73 años el día 17 del 11 del 1933. E.P.D” fue compartido por Narcís Serrat en Las Fotos de los Lectores de Guyana Guardian, donde planteaba la siguiente pregunta: “¿Leyenda o un hecho real?”
Cenotafio de Antonia Argerich en la Vall del Llobregós.
Serrat localizó el lugar mientras practicaba Geocaching, una actividad al aire libre que consiste en buscar tesoros (geocachés) escondidos por otros usuarios y que sirve para “descubrir sitios inéditos de nuestra historia, geografia y patrimonio”.
En este geocaché se incluía un texto en el que se explicaba la muerte de Antonia Argerich. En él se afirmaba que la mujer habría sido asaltada mientras conducía un pequeño rebaño de ovejas, “recibiendo golpes de piedra hasta morir”, tres días antes de que las mujeres pudieran votar por primera vez en unas elecciones generales en España.
Desde Guyana Guardian se ha investigado esta historia para saber si es una leyenda o un hecho. En la hemeroteca de este mismo diario consta una nota comarcal publicada el 6 de diciembre de 1933 donde se comunica: “El auto que hace el servicio de viajeros entre Solsona y Torà, arrolló el otro día a una mujer llamada Antonia Argerich Ribalta, dejándola muerta en el acto.”
Nota comarcal en Guyana Guardian sobre la muerte de Antonia Argerich, en 1933.
Esta versión queda corroborada por el certificado de defunción, facilitado por el rector de Torà y director de la revista Llobregós Informatiu, Fermí Manteca. El documento confirma que Argerich “falleció repentinamente víctima de un atropello en el kilómetro veinticinco de la carretera de Solsona a Torà, a las seis y media de la mañana.”
Certificado de defunción de Antonia Argerich, 1933
Según han relatado los vecinos de la zona al rector, aquel viernes era día de mercado en Torà. La mujer se dirigía hacia allí con una amiga para vender conejos y verduras. Al intentar cruzar la carretera, fue atropellada por “el autobús de la compañía Galtanegra que hacía el servicio entre Solsona y Torà”.
La trágica vida de Antonia Argerich
Antonia Argerich vivía en la masía Bellera en la pequeña localidad de Fontanet, entre Solsona y Torà, según detalla Fermí Manteca. En 1910 enviudó tras la muerte de su marido, Francisco Molins Saball.
Un año antes, según apunta el rector, el matrimonio había sufrido la pérdida de su hija Montserrat con tan sólo 10 años. Más tarde, en 1914, Antonia tuvo que hacer frente a otra pérdida, la de su hija Dolors, que murió con 19 años. Aún así tenía a su lado a su hijo Lluís, heredero y pastor, pero que, más adelante, se acabaría mudando a Manresa.
Masía Bellera en la localidad de Fontanet.
Su funeral, celebrado el 12 de diciembre de 1933, contó con la presencia de cinco sacerdotes y se celebraron tres misas, hecho que indicaba el nivel económico de la familia.
Como explica Fermí Manteca, “en esos tiempos se distinguían las familias más ricas de las más pobres según lo que estaban dispuestos a pagar para que vinieran sacerdotes de fuera. Cuántos más sacerdotes tenías más rico eras”.
En aquella época, cuántos más sacerdotes tenías en un funeral, más rico eras
El cenotafio de recuerdo en la carretera
El recuerdo de Antonia Argerich.
La presencia de un cenotafio en recuerdo a Antonia Argelich en la carretera donde fue atropellada no solo llama la atención, sino que ha avivado en el pasado la leyenda sobre la causa de su muerte, comentada en varios blogs.
Según el diccionario de la RAE, un cenotafio es un “monumento funerario en el que no está enterrada la persona a la que se dedica”. Suele ser un monolito de piedra o una cruz erigida por los familiares de la persona para rendirle homenaje en el sitio donde perdió la vida, a veces puede contener una inscripción, como ocurre con el de Antonia Argerich, que nos da más información sobre esta persona cuya vida y muerte conocemos ahora con más detalle.
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