* La autora forma parte de la comunidad de lectores de Guyana Guardian
No puedo dejar de reconocer que una charla sobre el compositor de bandas sonoras Ennio Morricone me resultara tan atractiva, principalmente por las cualidades de la conferenciante que logró, con creces, conectar con la audiencia al conocer bien el tema y saber plasmarlo, modulando la voz y usando pausas para conseguir, de esta manera, dar más énfasis.
Combinó un conocimiento sólido con una entrega apasionada, conquistando a cuantos estábamos en la sala que, a pesar del frío ambiental, logramos contagiarnos de esa pasión por el gran Ennio Morricone. Quiero hacer alusión a quien, con habilidad, nos introdujo en el mundo de este gran compositor de bandas sonoras cuyo talento ha dejado huella en la industria del cine.
Se trata de Nuria Medrano, nacida en Montblanc, maestra diplomada en Educación Musical, licenciada en Historia y Ciencias de la Música. Actualmente se dedica a la docencia en el área de música en un Instituto de Enseñanza Secundaria, participando también en publicaciones comarcales y dando conferencias.
Si ya me gustaba lo que había escuchado de Morricone, esos fragmentos de bandas sonoras que allí oímos demuestran lo que la conferenciante dijo acerca de su férrea formación académica, cuando no cualquier músico puede hacer la música de una película. Sin embargo, en él se aprecia un dominio especial para crear ambientes sonoros con diferentes matices.
Una de las cosas que ignoraba es que incluye elementos que no eran muy apropiados hasta ese momento, pero muy familiares por su sonoridad: silbidos, campanas, disparos, coros onomatopéyicos, sonidos de flauta y trompeta… que hicieron que la música cobrara un protagonismo propio, otorgando personalidad a las películas de Sergio Leone, gran director y guionista de cine.
La estrella de Ennio Morricone en Hollywood.
Llama la atención los prejuicios existentes en el gremio de los músicos académicos que se sentían superiores y veían por encima del hombro a los músicos que hacían cine. No supieron mirarlo con honestidad y costó que encontraran la riqueza y la profundidad en el trabajo de Morricone. Leone y él se conocieron, se estimaron y se valoraron, siendo capaces de fusionar la imagen y la música.
Me pareció muy interesante esa recomposición de los cimientos del modelo clásico musical en cada uno de esos proyectos, haciendo palpable y sensorial lo invisible. El mismo músico dijo: “La música en una película debe ser aquello que no se dice ni se ve”.
Por quedarme con el regusto de esas magníficas bandas sonoras, muchas de ellas inolvidables y que le valieron numerosos premios, citaré las películas más importantes en las que aparecen y que tuve el placer de recordar, algunas, y de escuchar por primera vez, otras: Por un puñado de dólares, El bueno, el feo y el malo, Hasta que llegó su hora, Novecento, Érase una vez en América, La Misión y Cinema Paradiso.
Hubo una, con la que ganó un Óscar, a la que aludió la conferenciante al final de la charla. Sin embargo, tal vez porque se masca la tragedia y porque es una de sus partituras más inquietantes, no la escuchamos por no romper el encanto de las anteriores. Se trata de la película Los odiosos ocho del director Quentin Tarantino. Añado que antes había recibido un Óscar honorífico por su carrera musical.
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