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Santiago Ramón y Cajal vivió una etapa fundamental en Barcelona (1887-1892) como catedrático de Histología, donde sentó las bases de la teoría neuronal y la neuroanatomía moderna con ayuda de jóvenes discípulos.
Entre los profesores del claustro que compartieron experiencias con Santiago Ramón y Cajal estaban Jaime Pi Sunyer, catedrático de Patología General, Ignacio Valentí de Cirugía y Rafael Rodríguez Méndez de Higiene, que eran partidarios de la investigación en laboratorio.
También estaba Bartolomé Robert Yarzábal, catedrático de Patología Médica, que llegó a ser alcalde de Barcelona. Otros fueron en Dr. Bonet que llegó a ser rector de la Universidad de Barcelona. Juan Giné y Partagás promotor en 1886 del Instituto Médico de Barcelona y fundador de la revista de tipo experimentalista La independencia médica 1869. Los doctores Cardenal, Esquerdo y Robert fueron en 1878, los miembros fundadores de la Academia y Laboratorio de Ciencias de Cataluña.
La Facultad de Medicina
Incorporado a la Facultad de Medicina, situada en aquel entonces en el Hospital de la Santa Cruz donde actualmente está la sede de la Reial Acadèmia de Medicina de Catalunya, dispone de un pequeño laboratorio que le proporciona el Dr. Joan de Rull y de una instrumentación, posiblemente escasa para hacer prácticas de su asignatura, pero suficiente y de calidad para hacer una buena investigación.
A parte del microscopio Zeiss que le regaló la Diputación de Zaragoza como pago de un estudio efectuado sobre la epidemia de cólera que azotó gravemente gran parte de Valencia y su comarca (l885)–trabajo que cristalizó en una publicación: sobre el microbio vírgula del cólera y las inoculaciones profilácticas–, Cajal disponía también de un Reichert, un Verik, diversos micrótomos de congelación y también micrótomos de rotación tipo Minot.
Sala de disección de la Real Academia de Medicina de Barcelona, lugar donde Cajal dio clase 5 años.
Conocemos detalles de la infraestructura que tenía, por dos vías: la primera por las numerosos fotografías que él mismo realizaba de su laboratorio (era un amante de la fotografía y nos legó numerosos autorretratos escenificados en su propio laboratorio, siendo un testimonio altamente valioso para conocer la instrumentación que utilizaba); y la segunda vía, a través de los archivos de la Universidad de Barcelona, donde de su puño y letra se conservan relaciones de aparatos adquiridos, con sus respectivos precios, así como el listado del material que dejó para la Exposición Internacional de 1888.
Discípulos y colaboradores
En su laboratorio y tertulias en lugares como el Café Pelayo, formó a colaboradores clave y publicó sus primeros grandes hallazgos.
Entre los jóvenes médicos que trabajaron con él destacan Durán y Ventosa, hijo del ex ministro Durán y Bas; Pi y Gibert, que opositaría a Histología; Gil Saltor, que llegó a ser profesor de Histología en Zaragoza y de Patología Externa en Barcelona; Sala y Pons, que realizó interesantes investigaciones, y a Bofill, gran naturalista. José M.ª Roca describió la intensa actividad científica de este grupo.
Fue en 1888, durante su estancia barcelonesa, cuando realizó sus investigaciones clave sobre el sistema nervioso. Sus discípulos ayudaron a compilar y difundir estas investigaciones, publicadas en la Revista de Ciencias Médicas de Barcelona.
Residió en varias calles (Lluna, Notariat, Consell de Cent, Bruc) y frecuentaba tertulias intelectuales en el Café Pelayo, el Gran Café del Siglo XIX (“La Pajarera”) y el Círculo Ecuestre.
Cajal tuvo un buen aprecio por sus discípulos voluntarios que acudían a su casa, no para aprobar la signatura, sino para conocer unas materias que no figuraban en el plan de estudios de la Facultad de Medicina.
Sus discípulos voluntarios acudían a su casa no para aprobar la signatura, sino para conocer materias que no figuraban en el plan de estudios de la Facultad de Medicina
Despacho y laboratorio de Santiago Ramón y Cajal en Barcelona.
La felicidad de la vida es el trabajo libremente aceptado como un deber. En su prólogo a la obra Tumores del ovario habla sobre cómo inocular deseos a sus alumnos para la investigación:
“Quisiera yo hallar manera de inocular en el alma de los jóvenes esa religión de hechos, única que puede conducirnos a la gloria; quisiera hallar el modo de desincrustar y animar esos cerebros en donde una desdichadísima educación universitaria y la servidumbre intelectual de cuatro siglos, han matado la iniciativa y el empuje”.
El 'Recuerdo al maestro' de José María Roca
También fue discípulo José María Roca, que en su Recuerdo al maestro (1923) nos dice que se instaló en un pisito más que modesto del Raval de la ciudad, en el que comenzaron a trabajar tres médicos jóvenes, sólo por el gusto de hacerlo:“La clave de la educación no es la doctrina que se enseña, es el despertar”, frase con cierto regusto socrático.
Tuvo fieles discípulos que honraron su memoria y nos describen con fidelidad la vida de Cajal durante estos años. José María Roca nos hace una semblanza de la impresión que le causó su figura. Le describe así:
- “Cara angulosa y pálida, estigma de su paludismo pretérito; calva prematura y barba rala y descuidada; mirada inteligente, escrutadora como un estilete; soberbia frente reveladora de fuerte mentalidad; poco o nada efusivo en su expresión y algo o muy arisco. Haciendo honor a su tierra, no conocía la ficción, siendo tan sectario de la sinceridad como enemigo de la hipocresía o de las malas acciones. Devoto de la soledad, es un contemplativo de la naturaleza en toda su inagotable y polimorfa belleza”.
- “Trabajador impenitente, no solía perder el tiempo en conversaciones inútiles. Habla como escribe: claro, conciso y con gran corrección: no es unilateral como tantos sabios, antes al contrario, posee extensa cultura: políglota, filósofo, literato, dibujante, acuarelista y fotógrafo. Pertenecía a aquel tipo de médico predilecto de Letamendi que además de medicina sabe otras muchas cosas y bien sabidas.”
- “Nada atildado en el vestir, deambula con movimientos arrítmicos. En invierno salía cubierto por una capa madrileña, con aire indiferente, que me recordaba otra capa que en mi juventud había visto pavonearse por el claustro de la Universidad, puesta sobre las amplias espaldas del gran histólogo de la literatura: don Manuel Milá y Fontanals. Como Cajal, selecto: como Cajal, eminente, maestro de maestros como él; como él, distraído y, como él, portador de una capa con igual donaire.”
Nos habla de su habilidad para dar cortes a mano alzada si el micrótomo estaba ocupado, así como cuando le dominaba la impaciencia, si no tenía trapo un a mano, secaba el dorso del portaobjetos con el faldón izquierdo de su chaqué, a fin de poder contemplar inmediatamente una preparación.
Detalles de la residencia de Ramón y Cajal en el piso Notariado 7 de Barcelona.
Los hallazgos cientificos de Santiago Ramón y Cajal son comparables a los de Louis Pasteur que recibió estos elogios de Ernest Renan, filólogo, filósofo, arqueólogo e historiador francés, cuando contestó a su discurso académico.
“¡Qué feliz es usted, señor, de llegar de esta manera, a través de su arte y su ciencia, a las fuentes mismas de la vida!. Habrá insertado una piedra preciosa en los cimientos del eterno edificio de la verdad. La naturaleza quiere al que trabaja; ama las manos callosas y solo se revela a las frentes preocupadas”.
Cajal merece compartir este bello panegírico.
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