* La autora forma parte de la comunidad de lectores de Guyana Guardian
Un viaje en grupo siempre suele ser una experiencia interesante. Y recorrer algunos de los sitios que ya conoces te permite darle un enfoque diferente a cuando lo haces solo con tu pareja. Al tener unos objetivos comunes, el viaje en un entorno de personas con las que no tienes un vínculo determinado te ayuda a descubrir valores nuevos, compartiendo una planificación que puede crear conexiones que difícilmente obtendríamos viajando de manera individual.
Es el caso de este recorrido por tierras del Cid, del que resaltaría que la satisfacción ha sido una nota predominante y espero que ello me deje una impresión duradera en mi memoria.
La llanura castellana siempre ha sido para mí motivo de inspiración, gracias a escritores de la Generación del 98 que creían que el paisaje de Castilla simbolizaba el pasado glorioso, la realidad del presente y la esperanza del futuro de España.
Supongo que he de agradecer a Antonio Machado, con su sensibilidad poética, el haberme sabido seducir con esas descripciones que han contribuido a convertir en una experiencia personal aquello que veo y, por tanto, a amarlo.
El pueblo de la Vid, cercano a la provincia de Soria, fue el primer destino de nuestro viaje. Se trata de un municipio que nació de la necesidad de realojar a los vecinos de Linares del Arroyo, en Segovia, que fue inundado por un embalse.
El paisaje de Castilla simbolizaba el pasado glorioso, la realidad del presente y la esperanza del futuro de España
Nos quedamos en el monasterio de Santa María de la Vid, que hoy alberga una pequeña comunidad de agustinos. Las habitaciones se reparten entre dos pisos. La planta baja tiene una recepción para atender a los huéspedes, el bar, el restaurante, y alguna otra sala que no visitamos. Quiero dejar constancia que las instalaciones son sumamente confortables y que sus paredes rezuman un ambiente de silencio que nos facilitó la tranquilidad y el reposo después de cada día que dedicamos a descubrir todos esos lugares destacados donde merece la pena detenerse.
De la visita a Burgos, subrayaré que, pese al frío y a la humedad que aguantamos debido a la lluvia, valió la pena ser todo oídos a las explicaciones de una guía local sobre la historia de esta ciudad, situada de forma estratégica en la ruta del Camino de Santiago, que conserva todo su esplendor medieval.
Dimos buena cuenta de esa riqueza artística y cultural que posee visitando, una vez más, su famosa catedral, declarada Patrimonio de la Humanidad. Es una obra maestra del gótico y la tercera más grande de España después de Sevilla y Toledo. Allí descansan los restos del Cid y de su esposa Doña Jimena.
Tumba del Cid Campeador y de su esposa Doña Gimena en la nave central de la catedral de Burgos, debajo del cimborrio.
La guía nos recordó historias vividas por este personaje y por otros, como Fernán González o Diego Porcelos, fundador de la ciudad en el año 884. Mi marido y yo, por nuestra cuenta, entramos en la iglesia de San Nicolás de Bari, un templo sorprendente, con una obra maestra que cautiva, el retablo mayor de estilo plateresco de Simón y Francisco de Colonia. Es un auténtico espectáculo de piedra.
Retablo de la iglesia de San Nicolás de Bari en Burgos.
Por la tarde no asistimos a una de las visitas que estaba programada: la Cartuja de Miraflores, una joya del gótico tardío. Sin embargo, en nuestro recuerdo figuran unos maravillosos panteones reales: el de los padres de la reina Isabel la Católica y su hermano, el infante Don Alfonso, realizados en alabastro por Gil de Siloé y un imponente retablo del mismo artista. Fue durante ese tiempo cuando nos vimos con unos buenos amigos de Burgos, agradeciendo poder llevar a cabo esa expectativa que siempre nos deja un buen sabor de boca y nos abre puertas para futuros encuentros.
Al día siguiente, una bonita excursión nos sirvió para conocer el maravilloso enclave donde se encuentra la ermita de Santa María de la Hoz en Tobera y el pequeño pueblo medieval de Frías que aún conserva su título de ciudad. Está descrito como “casco antiguo encaramado en la roca, con un eje principal y calles que rodean el cerro donde se sitúan las casas colgadas”.
Ermita de Santa María de la Hoz en Tobera.
El castillo es el remate natural de esa roca y el ascenso a lo más alto nos ayudó a ordenar el mapa mental del lugar, al tiempo que hicimos un ejercicio muy apropiado para estirar las piernas.
Vista de Frías con el castillo al fondo.
De nuevo, en Burgos con nuestros amigos, a los que habíamos visto el día anterior, y el grupo con el que viajábamos fuimos al Museo de la Evolución Humana que, junto con los Yacimientos de Atapuerca, parece ser que se ha convertido en uno de los máximos atractivos de esta ciudad. El edificio es muy singular, construido principalmente de cristal.
Citaré lo más destacado de su interior, algunas piezas originales encontradas en Atapuerca: el cráneo conocido como “Miguelón”, un fragmento de cráneo denominado “Agamenón”, la pelvis bautizada como “Elvis” y el fósil “Excalibur”, un hacha de mano símbolo de inteligencia.
En el ecuador del viaje, hicimos una parada durante la mañana debido a una pequeña nevada que cayó, gracias a la cual pudimos permanecer en el monasterio que nos acogió esos días. Antes de la salida que había prevista al pueblo de Briviesca y que no se hizo, Jesús, un agustino, nos organizó una visita, dejando bien claro que la arquitectura, el arte y la memoria de los siglos están presentes en este lugar.
Imagen de Santa María de la VId en el monasterio del mismo nombre.
Hay una bellísima talla de la Virgen, que dependiendo del ángulo de visión se refleja en los espejos laterales. También, otro agustino nos enseñó la maravillosa biblioteca a un grupo reducido, quienes nos habíamos mostrado interesados en conocerla. Hoy en día, contiene 140.000 volúmenes que la convierten en una de las bibliotecas monásticas más importantes de España.
Biblioteca del monasterio de Santa María de la VId.
Acabamos el día viendo otro extraordinario monasterio de grandes proporciones y perteneciente a la orden del Cister, el de San Pedro de Cardeña. Fue el lugar donde se refugiaron la esposa del Cid y sus hijos durante el segundo destierro del mismo. Los restos de estos últimos reposan aquí. También los del Cid y Doña Jimena fueron trasladados a esta abadía y permanecieron varios años, hasta que, finalmente, se llevaron a la catedral de Burgos, como he nombrado anteriormente.
Monasterio de San Pedro de Cardeña, cerca de Burgos.
El itinerario que me sedujo, aun habiéndolo hecho en viajes anteriores, fue otro que sigue las huellas de Rodrigo Díaz de Vivar, basándose en el Cantar del mío Cid, uno de los grandes poemas épicos de la literatura universal. Tres destinos con gran encanto e interés: Santo Domingo de Silos, Covarrubias y Lerma.
Claustro románico del monasterio de Santo Domingo de Silos.
Por hablar de lo más sobresaliente de cada uno de ellos, diré que el claustro románico de Santo Domingo es de singular belleza, y representa una de las obras más grandiosas del arte medieval europeo. De Covarrubias, conocido como uno de los pueblos más bonitos de España, no podría dejar de nombrar la Colegiata de San Cosme y San Damián, donde está enterrado el conde de Castilla Fernán González y una princesa noruega llamada Cristina, quien se casó con un hermano del que reinaba en ese momento en Castilla, Alfonso X El Sabio, consciente el rey de la importancia de expandir fronteras. Aquí también se encuentra un maravilloso tríptico de la Adoración de los Reyes del s. XV, cuya autoría algunos atribuyen a Gil de Siloé.
Acabamos el día con una visita a una ciudad con rica historia y arquitectura impresionante, Lerma. En el Palacio Ducal, ahora reconvertido en Parador, mientras hacíamos tiempo para empezar la visita guiada por sus calles y la colegiata de San Pedro, pudimos apreciar parte de ese legado cultural que nos transportó a épocas pasadas. Me sorprendió encontrar una escultura de José Zorrilla, escritor romántico y autor de Don Juan Tenorio, quien se trasladó a Lerma cuando su padre, gobernador de Burgos, fue desterrado y lo envió a casa de unos tíos maternos.
Palacio Ducal de Lerma, ahora Parador Nacional.
Es difícil no entrar en detalles de todo cuanto hicimos en cuatro días intensos de visitas por tierras burgalesas. Finalmente, quiero reflejar que esta aventura con experiencias agradables me ha servido para descubrir, por una parte, el enriquecimiento personal y, por otra, la sensación de sentirme bien.
Volviendo al querido maestro, Antonio Machado, acabo con esta cita que me parece adecuada para éste u otros viajes: “Dichoso el que olvida el porqué del viaje y, en la estrella, en la flor, en el celaje deja su alma prendida”.
¡Participa!
¿Quieres compartir tu mirada?
Los interesados en participar en La Mirada del Lector pueden enviar sus escritos (con o sin material gráfico) al correo de la sección de Participación ([email protected]) adjuntando sus datos.


