Presidente Gerald Ford: ¿Cómo son sus relaciones con los países de Europa Occidental, señor Presidente?
Presidente Mao Zedong: Son mejores, mejores que nuestras relaciones con Japón.
Ford: Es importante que nuestras relaciones con Europa Occidental, así como las suyas, sean buenas para afrontar el desafío de cualquier expansión soviética en Europa Occidental.
Mao: Sí. Sí, y en esto tenemos un punto en común con ustedes. No tenemos conflicto de intereses en Europa.
Ford: De hecho, señor Presidente, algunos de nosotros creemos que China hace más por la unidad de Europa Occidental y por el fortalecimiento de la OTAN que algunos de esos países por sí mismos.
Mao: Están demasiado dispersos.
Ford: Algunos de ellos no son tan fuertes y directos como deberían ser.
Mao: Según veo, Suecia no está mal. Alemania Occidental no está mal. Yugoslavia también es buena, y Bélgica está quedándose un poco atrás.
Ford: Eso es correcto. Y la Unión Soviética está tratando de explotar algunas debilidades en Portugal e Italia. Debemos impedirlo, y estamos intentando hacerlo.
Mao: Sí, y ahora Portugal parece estar más estable. Parece estar mejor.
Ford: Sí, en las últimas cuarenta y ocho horas la situación se ha vuelto muy alentadora. Las fuerzas que apoyamos han avanzado con gran firmeza y han tomado las medidas necesarias para estabilizar la situación.
[El 25 de noviembre de 1975, el coronel António Ramalho Eanes sofocó un intento de rebelión del sector del Movimiento de las Fuerzas Armadas más alineado con la izquierda marxista. En los días siguientes, Ramalho fue nombrado Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y desde este puesto ordenó el definitivo regreso de los militares a los cuarteles y la posterior disolución del MFA, poniendo fin al proceso revolucionario iniciado por los jóvenes oficiales del ejército portugués en abril del 1974].
Coincidimos con usted en que Yugoslavia es importante y fuerte en su resistencia contra la Unión Soviética, pero nos preocupa lo que pueda suceder después de Tito.
Mao: Sí, quizá después de Tito sea Kardelj.
[Edvard Kardelj, economista esloveno, fue uno de los principales ideólogos de la República Federal Popular de Yugoslavia. Contrario a la subordinación de Yugoslavia a la Unión Soviética, teorizó el Movimiento de los No Alineados. Falleció en 1979, meses antes que Tito].
Secretario Kissinger: Pero nos preocupan las presiones externas y las internas dentro de Yugoslavia. Y estamos trabajando en esto ahora. Diversas facciones están colaborando con grupos externos.
Mao: Sí, tiene tantas provincias y está formada por tantos antiguos Estados.
Ford: Tuve un viaje muy interesante, señor Presidente, a Rumania este verano, y me impresionó la fortaleza y la independencia del presidente Ceaușescu.
Mao: Bien.
Ford: También estamos muy preocupados por la situación en España, señor Presidente. Apoyamos al rey. Esperamos que sea capaz de manejar a los elementos que intentarían socavar su régimen. Y trabajaremos con él para tratar de mantener el control necesario de la situación durante este periodo de transición.
Mao: Sí. De todos modos pensamos que sería bueno que el Mercado Común Europeo los aceptara. ¿Por qué la Comunidad Económica Europea no quiere a España y Portugal?
Ford: Señor Presidente, instamos a la alianza de la OTAN a ser más amistosa con España incluso bajo Franco. Y esperamos que con el nuevo rey, España sea más aceptable para la OTAN. Además, consideramos que la CEE debería ser receptiva a los avances del Gobierno español hacia la unidad con Europa Occidental en su conjunto. Trabajaremos en ambas direcciones tanto como podamos.
Kissinger: Los cambios en España no son lo suficientemente radicales para los europeos.
Mao: ¿Es así? En el pasado los españoles habían luchado entre ellos. Y en el pasado ustedes no condenaban a Franco.
Ford: No. Apoyamos al nuevo rey porque toda la franja sur de Europa Occidental debe mantenerse fuerte —Portugal, España, Italia, Grecia, Turquía, Yugoslavia-. Todo eso debe fortalecerse si queremos hacer frente a cualquier intento expansionista de la Unión Soviética.
Mao: Bien. Pensamos que Grecia debería mejorar.
Ford: Pasaron por un periodo difícil, pero consideramos que el nuevo gobierno avanza en la dirección correcta y los ayudaremos. Y esperamos que regresen como socios plenos en la OTAN.
Mao: Bien
Ford: Existe, por supuesto, un elemento radical en Grecia que no sería favorable desde nuestro punto de vista y que tendería a debilitar la OTAN y a dar ánimos a la Unión Soviética. [Se refiere al Partido Comunista de Grecia (KKE), alineado con la URSS.]
Mao: ¿Ah?
Ford: A medida que nos desplazamos más hacia el este en el Mediterráneo, señor Presidente, creemos que el Acuerdo del Sinaí ha ayudado a reducir la influencia soviética en Egipto, pero reconocemos que no puede haber estancamiento en el avance hacia una paz más amplia. Tan pronto como se celebren las próximas elecciones en Estados Unidos, esperamos actuar con energía para intentar lograr una paz amplia, justa y permanente en esa región.
Mao: Una paz permanente será difícil de lograr...
[Acuerdo del Sínaí: primer pacto entre Egipto e Israel después de la guerra del Yom Kipur (1973), gracias al cual los egipcios recuperaron la península del Sinaí, desmilitarizada, a cambio de un alejamiento de la Unión Soviética y una mayor relación con Estados Unidos. La guerra del Yom Kipur fue desencadenante de una fuerte alza de los precios del petróleo que desestabilizó las economías occidentales, con fuerte incidencia en España. Al morir Franco, la economía española estaba seriamente dañada y dos años después rozaba la suspensión de pagos].
Hasta aquí un fragmento de la conversación que mantuvieron hace cincuenta años el presidente de los Estados Unidos, Gerald Ford, y el presidente de la República Popular China, Mao Zedong, durante la segunda expedición diplomática estadounidense a Pekín. El diálogo tuvo lugar el 2 de diciembre de 1975, doce días después de la muerte del general Francisco Franco. Es muy significativa la mención a la incipiente transición española. Los dirigentes comunistas chinos querían a España en el Mercado Común y no les importaba que ingresase en la OTAN.
Gerald Ford pasando revista a las tropas chinas junto a Deng Xiaoping en diciembre de 1975
Richard Nixon, principal protagonista en 1972 de la apertura diplomática a China, no pudo acudir a esa segunda cita puesto que había dimitido un año antes a consecuencia del caso Watergate. La clamorosa dimisión de un presidente estadounidense acusado de espiar a sus rivales y de mentir. Un acontecimiento de época. Otro mundo. Su sucesor era el vicepresidente Gerald Ford, congresista por Michigan, suplente del vicepresidente Spiro Agnew, que también había dimitido, acusado de extorsión, soborno y evasión de impuestos. Ford fue el primer presidente de los Estados Unidos que alcanzó el cargo sin concurrir a las elecciones presidenciales.
Acompañado por el secretario de Estado Henry Kissinger, uno de los personajes más potentes de la política norteamericana en el siglo XX, Ford se entrevistó con el presidente Mao y con el viceprimer ministro Deng Xiaoping, que sustituía al primer ministro Zhou Enlai, gravemente enfermo. Protegido por el incombustible Zhou, el pequeño Deng había sido rehabilitado después de ser objeto de persecución durante la denominada Revolución Cultural. Se aproximaba un tiempo de cambios en China y Deng Xiaoping lo sabía. Mao tenía 81 años, conservaba sus facultades mentales, pero también se hallaba seriamente enfermo. Moriría al año siguiente. En aquella entrevista, Ford y Mao hablaron de España, en términos que hoy nos pueden parecer muy sorprendentes. Es interesante repasar el acta de la reunión, desclasificada en el 2000 y accesible al público consultando la Biblioteca Presidencial Gerald R. Ford.
El presidente de Estados Unidos Gerald Ford con Den Xiaoping
La reunión fue una vuelta al mundo en dos horas. También hablaron del Índico y de África. Ambos dirigentes, tan distintos, tan distantes, tan lejanos, tan aparentemente antagónicos, repasaron la situación internacional con una preocupación común: la URSS. Cómo evitar el expansionismo soviético. Estados Unidos quería derrotar a la potencia rival, y los comunistas chinos detestaban a los sucesores de Stalin. Habían roto en los años sesenta y sus relaciones eran cada vez peores. Kissinger lo vio e introdujo una nueva prioridad en la política exterior norteamericana: ensanchar la fractura entre China y la URSS. Evitar que una sólida alianza sino-soviética controlase más de la mitad de la plataforma continental euroasiática.
¿Qué ofrecieron los norteamericanos a los dirigentes chinos? Reconocimiento internacional, la exportación de algunos productos básicos, equipos tecnológicos para mejorar su rudimentaria industria y la posibilidad de enviar pequeños grupos de estudiantes chinos a las universidades de Estados Unidos. Era el inicio de algo nuevo, impresionante, descomunal. Con el paso de los años, miles y miles de estudiantes chinos se formarían en Estados Unidos. Con las reformas impulsadas años después por Deng Xiaoping, mediante una inesperada combinación de capitalismo, socialismo y autoritarismo, China se convertiría en la gran fábrica del mundo, y hoy, como sabemos bien, es el gran competidor sistémico de Estados Unidos.
Cincuenta años después, el mundo es otro, Rusia y China han hecho las paces, ahora con predominancia china, y Washington está intentando una nueva maniobra de separación. Esta es una de las claves del plan de paz norteamericano para Ucrania. La Casa Blanca ofrece a Rusia una paz victoriosa, el trato de gran potencia (regreso al G-7), compra de materias primas y la transferencia de tecnología para la obtención de tierras raras en el Círculo Polar Ártico. Victoria, potencia y reparto de los recursos del Ártico para intentar aflojar la dependencia rusa de Pekín.
La historia no se repite, pero avanza en espiral.
