Joan, fontanero, sobre la mala fama de su oficio: “Nos lo hemos ganado nosotros”
Popularidad de oficios
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El oficio de fontanería tiene muy mala fama
Joan, fontanero de oficio y con años de experiencia a sus espaldas, afirma: “Nos lo hemos ganado nosotros por la cantidad de chapuceros que hay que dicen ser fontaneros y van haciendo lo que van haciendo por ahí”. Lo dice en el canal de YouTube Sector Oficios Podcast, donde, sin rodeos, analiza la mala fama que acompaña a su gremio.
Un oficio con una reputación cuestionable
La figura del “pirata” (ese falso profesional que se presenta como fontanero, improvisa una reparación y desaparece) ha dejado una estela de desconfianza. Y Joan lo explica sin paños calientes: “Los llaman de segundas muchas veces, que ya estamos feos de ello. Que ha venido tal y mira lo que me ha hecho, a ver si tú puedes…”.
Esos errores ajenos, sumados al elevado coste de algunos servicios, alimentan el escepticismo generalizado. Pero ¿es la fontanería realmente cara? Según el portal especializado Mr Expert Plumbing, no se trata de abuso, sino de una combinación de factores que van desde la urgencia hasta los materiales: “Los fontaneros justos ofrecen precios competitivos basados en tres variables: disponibilidad, materiales y experiencia”.
Lo cierto es que nadie llama a un fontanero por gusto. Generalmente es por necesidad urgente: una fuga, un atasco, una caldera rota en pleno invierno. Este contexto de urgencia hace que los usuarios acepten precios sin discutir. Pero ese mismo desconocimiento genera dudas. Porque pocas personas saben cuánto debería costar cambiar una llave de paso o instalar un termo. Y el mal trabajo de algunos sólo empeora la percepción: pagar caro por una chapuza deja una huella difícil de desaguar.
Además, como recuerda Joan, “hay poca gente que quiera aprender el oficio”, lo que contribuye a una situación paradójica: alta demanda, poca oferta y precios que suben. Aun así, insiste en que “la fontanería es un oficio fácil. Lo único que necesitas es tener un buen oficial a tu lado que te vaya contigo”. Pero ese aprendizaje tradicional, basado en la figura del aprendiz, se ha perdido. “Ahora mismo no tenemos profesionales”, lamenta.
Los profesionales señalan que la culpa es compartida: “Es culpa de todos. Es culpa de las empresas, del sistema educativo… No estamos formando a la gente para que trabaje”. Hoy no existen grados oficiales en fontanería como sí los hay en electricidad o mecánica. Eso deja a muchos jóvenes sin una vía clara para acceder al oficio, a menos que conozcan a alguien que los meta en faena.
El acceso informal, que antes funcionaba, ahora es cada vez más difícil. La burocracia, los costes y la falta de incentivos disuaden a los empresarios de contratar a alguien sin experiencia. Y mientras tanto, la rueda sigue girando: pocos profesionales, precios altos, desconfianza y un oficio esencial, pero en peligro de estancamiento.

