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Una hora y media en el AVE cada día para ir a trabajar: “No puedo destinar el 95% del sueldo a pagar un alquiler”

Situaciones cotidianas

Acceder a una vivienda digna cerca del trabajo se ha convertido en un lujo al alcance de muy pocos

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Una hora y media en el AVE cada día para ir a trabajar: “No puedo destinar el 95% del sueldo a pagar un alquiler”

Una hora y media en el AVE cada día para ir a trabajar: “No puedo destinar el 95% del sueldo a pagar un alquiler”

Vivir en una ciudad y trabajar en otra se ha convertido, desgraciadamente, en una rutina obligatoria para miles de personas en España. El encarecimiento sostenido del alquiler en los grandes núcleos urbanos ha dado lugar a un fenómeno cada vez más visible: el de los llamados viajeros pendulares, trabajadores que invierten horas diarias de transporte para poder permitirse una vivienda. Una decisión que no responde a una elección de estilo de vida, sino a una necesidad económica.

El mercado inmobiliario provoca tener que viajar cada día a otra ciudad para trabajar

Daniel Blai es uno de ellos. Vive en Girona y trabaja en Barcelona. “Ahora teletrabajo algunos días, pero el resto vengo en tren”, explica. Durante años intentaron encontrar una vivienda en la capital catalana, pero pronto descartaron la idea. “La logística y el precio del alquiler en Barcelona era impensable”, asegura. La alternativa fue mudarse a Girona, una ciudad que, pese al coste del transporte, les permite llegar a fin de mes. “Viendo el mercado inmobiliario, compensa”, resume.

Cada vez más personas se ven obligadas a viajar a diario por motivos laborales
Cada vez más personas se ven obligadas a viajar a diario por motivos laborales

Un trayecto similar realiza Albert Montalbán, que también se desplaza a diario entre Girona y Barcelona. Reconoce que el balance es ajustado: “Compensa, pero al final de mes es un esfuerzo, además de momento tenemos un descuento en el abono”. La clave, insiste, sigue siendo el alquiler: “Los precios son inasequibles, no puedo destinar el 95% de mi sueldo a pagar un alquiler”.

Sus testimonios reflejan una realidad compartida por muchos otros viajeros. “Si la gente no tiene trabajo cerca de casa y es lo que tiene que hacer, no queda otra. Para arriba y para abajo”, explica otro usuario habitual del tren. “Compensa vivir en Girona trabajando en Barcelona porque los precios son un poco más asequibles”, añade otro.

El auge de las “ciudades refugio inmobiliario”

Los datos respaldan esta percepción. Según la estadística de Movilidad del Mercado de Trabajo elaborada por la Agencia Tributaria, cerca de 237.000 trabajadores cambiaron de territorio en 2024. Solo el año pasado, 30.295 asalariados abandonaron la provincia de Barcelona y 54.500 hicieron lo mismo desde Madrid. Girona y Tarragona se han consolidado como auténticas “ciudades refugio inmobiliario”: entre 2019 y 2024, el número de trabajadores que viven en Girona y trabajan en Barcelona pasó de 2.687 a 4.099, y en Tarragona de 2.748 a 4.369.

El auge del teletrabajo parcial y la mejora de las conexiones ferroviarias han facilitado este tipo de movilidad, pero sigue suponiendo un gran desgaste y una pérdida de tiempo personal.

Mientras tanto, el fenómeno se extiende también desde Madrid hacia provincias cada vez más lejanas como Valencia, Galicia o Asturias. El péndulo diario ya no es una excepción, sino el síntoma de un problema estructural, y es que acceder a una vivienda digna cerca del trabajo se ha convertido en un lujo al alcance de muy pocos.

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