¿Auge del vinilo en Barcelona? La mayoría de los que cortan el bacalao en este sector no están muy seguros de que auge sea la palabra exacta, pero en todo caso coinciden en que, contra los tiempos de la hegemonía de lo digital, el vinilo está de moda. Y es que la salud de este formato analógico de-toda-la-vida se mide por sus asociaciones, ferias y mercadillos itinerantes —más que consolidados—; sus tiendas —que rondan la treintena pese a algún cierre mediático, y a las que hay que añadir librerías u otros espacios (¡quioscos!) Que también venden discos— y sus bares o locales que permiten una escucha relajada o fiestera, según el caso —que van sumando adeptos.
Y también por los miles de tocadiscos que vuelven a adornar los hogares más melómanos o amenizan los nuevos guateques en pisos o casas. Porque son muchos los eventos en Barcelona que aspiran a ese punto chic, que optan por contratar a un dj con su maleta de discos, ya sea la inauguración de una nueva franquicia de una cadena multinacional de moda o cualquier vermut o tardeo con sus foodtracks y todo lo demás. No es que sea algo general, por supuesto. Seguimos en un terreno de minorías, pero, a rebufo de esta gran tendencia que es lo vintage, el vinilo es uno de sus grandes iconos y una parte de la juventud, nada desdeñable, se ha subido al carro junto a veteranos y nostálgicos. Veamos, pues, si es para tanto.
Imagen de archivo de una feria internacional del disco de Barcelona, que se celebra cada año en la Estació del Nord por primavera
Esta ruta del vinilo debe comenzar necesariamente con las ferias. Este 2026 la capital catalana acogerá la 40 edición de la Fira Internacional del Disc que, como bien indica su nombre, acoge una setenta de tenderos de todas partes, repartidos en más de 160 stands. Pere Terrassa, su director, explica brevemente su evolución, que también es la evolución de un formato con altos y bajos: “Durante unos años las ferias fuimos un reducto. El vinilo entró en crisis con la entrada del CD, pero quedamos nosotros, los coleccionistas. Parecía que éramos el pasado, pero ahora se ha dado la vuelta a la tortilla: con el mp3 y el streaming, el CD está casi muerto y el vinilo vuelve a superarle como una pieza cool y prestigiosa, gracias a un público joven que se ha incorporado”.
Terrassa añade que la media de los asistentes debe haber bajado de los 50 a los 35 años y subraya que la capital catalana es una plaza fundamental en Europa. “Barcelona es referente: no solo somos pioneros y tenemos una gran calidad para coleccionistas, sino que en cifras solo nos supera la Recordplanet de Holanda”, afirma.
El nuevo público lo forman jóvenes que aprendieron de padres y abuelos, y que saben valorar aspectos como lo físico, el ritual de escuchar y la calidad del sonido
En la línea, también hay que destacar el grupo FiraDisc que cada otoño celebra su tradicional feria en las Cotxeres de Sants, además de organizar un sinfín de mercados y mercadillos a lo largo de toda la geografía catalana. Girona, Granollers, Sant Feliu de Llobregat, Deltebre... En cualquier cita que se precie, de una fiesta mayor a un mercado de antiguedades, allí están. “La clave fue internet: se comió el CD, y el vinilo se convirtió en objeto de culto”, indica Àngel Prat, de FiraDisc, que subraya que fueron “jóvenes extranjeros, que ya conocían los mercados internacionales donde la llama se mantuvo, los que crearon la demanda aquí”.
Prat explica que el 80% del mercado sigue siendo de segunda mano y añade que el nuevo público son “jóvenes que aprendieron de padres y abuelos, y saben valorar aspectos como lo físico, las portadas, que por si solas son arte, el ritual y la liturgia de escuchar lentamente, la calidad del sonido...”, mantiene Prat. “La clave es la imagen: el vinilo da buena imagen”, remacha.
Barcelona es el gran referente en España y mantiene una buena situación en Europa gracias a la Fira Internacional del Disc
Y si las ferias concentran la actividad del vinilo en fechas señaladas, muchos tratan de mantener la llama encendida siempre. Y en eso está la Asociación Salvadiscos. Desde su espacio de la plaza de Santa Madrona, en el Poble-sec, se trata de un colectivo cuyo objetivo es revalorizar el formato. Nació precisamente para rescatar los vinilos que se iban a perder entre los escombros, y ya se ha convertido en un punto de encuentro imprescindible, ofreciendo actividades para coleccionistas, dj y aficionados con tal de dinamizar el mundillo. “Somos y ofrecemos un poco de todo: además de salvar discos, hacemos talleres, conciertos, coloquios, presentaciones... —explica David Ayllón, una de las almas de la asociación— también compramos y vendemos, y cobijamos a los nuevos disc-jockeys. ¡Gracias a actividades como el Cabina Oberta, en que dejamos que suba a los platos cualquier socio, hemos ayudado a que crezca una nueva cantera que ahora pincha por toda la ciudad!”.
La entidad cuenta con unos 4.500 socios activos y nace al calor de una tendencia global que quizás va a mayores: el rechazo a que los algoritmos “decidan por ti y moldeen tu gusto”. “Nada como encontrar una rareza entre los estantes que no encontrarás en Spotify”, indica Ayllón. Aunque no esconde que hay muchos asociados extranjeros, subraya que su vocación de tejer comunidad en el barrio y por eso colaboran con un sinfín de entidades. “La música envuelve a la gente, sea de donde sea. La música nos une a todos”, proclama.
Conferencia en la asociación Salvadiscos, ubicada en la plaza Madrona del Poble-sec
Tiendas especializadas
Pero es en el terreno de las tiendas en la que se ve este momento pujante. Las hay generalistas, pero la mayoría optan por especializarse y buscar un nicho seguro. Aunque la mayoría trabajan el mercado de segunda mano, también se aprovechan de que las discográficas, grandes o pequeñas, de unos años a esta parte lo editan casi todo en vinilo, en ediciones cuidadas con mimo y esmero. Algunas, además, también funcionan como sello discográfico.
La lista es interminable, pero habrá que hacerla pese a los riesgos que conlleva dejarse a alguien: Surco, Paradiso, Discos 100, Revolver Records, Wah-wah discos, Discos Redondos, Ultra-Local Records, Daily Records, Jazz Messengers, El Geni Equivocat, Barcelona City Records, Impacto, Bite It! Records, El Setanta-nou, Tvinyl, Pentagram Music Store, Vinyl Club, Naima, Rythm Control, Perros Disquería, Vinilarium Record Store, Blue Sounds, La Conxita de Sants, ID On Wax, Bifragma Discos, Decibel, Dilla o Discos Volta. Es verdad que el pasado julio cerró Discos Revolver —no confundir con la ya mencionada: mismo nombre, no mismo dueño— y que los melómanos de Barcelona ya habían llorado el adiós de las míticas Castelló, pero han abierto muchas más sin tanto impacto mediático, lo que demuestra esto de la buena salud.
Las tiendas han comprobado un cierto boom en los últimos años, especialmente entre los jóvenes. En la imagen, Daily Records, en Ciutat Vella
Para corroborarlo, hablan dos tiendas, una con más de treinta años de experiencia y otra, que ha abierto en estos tiempos de auge vinílico. “Se ha notado, sí, especialmente los dos últimos años hay un boom. Hubo un tiempo en el que se sufrió: ahora creo que me podré jubilar aquí”, corrobora sonriente Roger, dueño de Daily Records, nacida en 1994 y ubicada en el entorno del que aún es uno de los epicentros de la venta discos en Barcelona, la calle Tallers, en Ciutat Vella.
La tienda abrió cuando el CD ya era hegemónico, pero hará unos diez años el vinilo le volvió a superar en sus estantes. Roger quiere subrayar que fue el mundo undergound el que mantuvo a flote el vinilo durante la época de más decadencia. En tanto que tienda pequeña y de música alternativa, Daily siguió vendiendo el formato de segunda mano “como objeto de culto”. El tiempo le ha dado la razón. No obstante, admite que la entrada de las discográficas majors en el mercado ha sido clave para darle el empujón actual al vinilo. “Ahora la mayoría de los que entran en la tienda tendrán entre 20 y 40 años y buscan a sus artistas actuales, pero también a clásicos del pop y el rock de todos los tiempos”, indica.
Hubo un tiempo en el que se sufrió: ahora creo que me podré jubilar aquí”
El caso de Bite It! Records es muy distinto. Abrió tienda física hará unos cinco años, aunque hace ocho que vende de forma habitual por internet. Su propietario es coleccionista desde los 14 años y convirtió su afición en negocio, aprovechando el vacío en el mercado del producto que vende: primeras ediciones estadounidenses o británicas de discos de música negra -aunque se ha ido abriendo a otros géneros- de hace 50, 60 o 70 años. Todo, de segunda mano.
Pau reconoce que el vinilo está de moda y algo ha notado en su cuidada tienda en un callejón de Gràcia, pero subraya que su producto es muy especializado y tiene un público “fiel, que sabe lo que quiere, más bien veterano y fuera de toda moda”. En este sentido, y tras advertir de cierta burbuja -también en los precios-, añade: “Veremos qué pasa, si esto es una moda pasajera o no”. En todo caso, ve a Barcelona en una buena posición a nivel español, pero lejos aún del mundo anglosajón: “Estamos a años luz. En ciertas partes la cultura tiene más tradición y poso y hay muchas más tiendas, locales y movimiento. Cuarenta años de franquismo se siguen notando”.
Sesión con dj en el bar Curtis, unos de los locales que han apostado por un sonido cuidado y por el vinilo como formato estrella
'Listening bars': buen sonido y... Vinilo
Como fin de la cadena, cabe mencionar otra moda que contribuye a la causa: los llamados listenings bars. Más allá de que su principal apuesta es un buen sonido, también el vinilo, como mejor formato para ello, se impone. Para Guille de Juan, dueño del Curtis y ex discjockey, pionero en este tipo de locales en la ciudad, es fundamental. Inspirados en los ‘jazz kissa’ japoneses, pero adaptado al estilo de vida mediterráneo, De Juan explica que su espacio se nutre de un movimiento internacional que se recorre estos cafés por todo el planeta. Además de invitar a pinchadiscos de la ciudad en múltiples sesiones con especial hincapié en la música negra revival, también vende una pequeña selección de discos, con lo que el local, ublicado en pleno corazón del Eixample, completa todo el ciclo. “Es un desafío anti-streaming, y parece que hay un público que responde”, señala.
Con el mismo espíritu nació el Oblicuo Hi-Fi Bar, en el barrio de Gràcia. Su dueño, Ivanmaria Vele, cree que hay una corriente de gente joven que empieza a estar harta de Spotify y, por eso, ha centrado sus esfuerzos no solo en levantar un local de sonido analógico de alta gamma que haga salivar a los mejores paladares, sino también en tejer una red en la ciudad de complicidades en torno al vinilo. “Barcelona es un lugar ideal: hay mucho movimiento, pero tenemos que ponerla definitivamente en el circuito mundial”, señala con ambición. Como el Curtis, el Oblicuo colabora con algunas de las tiendas citadas e invita los disc-jockeys de la ciudad —su especialidad es la electrónica— en sesiones exclusivas y sibaritas.
Los disc-jockeys pinchan vinilos el Oblicuo Hi-Fi Bar, un listening bar que apostado por el sonido hi-fi de alta gamma, situado en el barrio de Gràcia
Y es que la cultura dj local también ha sido fundamental. Clubes como el Marula Café, en la calle Escudellers, han mantenido el vinilo para muchas de sus sesiones. “Parece imposible pero se está volviendo al vinilo a pesar de que para un dj, moverse con la caja de discos es mucho más incómodo —señala Antonio Requena, dueño del Marula—: por contra, las sesiones son más pensadas y especiales, se gana en calidad, y hay un público que lo aprecia”.
También bares más pequeños como el Barete, abierto el verano pasado en el barrio de Sant Antoni, han apostado por poner unos platos y dejar a los disc-jockeys que pinchen mientras su clientela degusta tapas y vinos tranquilamente. Sus responsables, Gustavo Spada y Oscar Guindilla, provienen de esa escena dj y tuvieron claro desde el principio que en el vinilo hay un filón para diferenciar su oferta.
Y es creciente: todos los locales consultados coinciden en que son muchos los jóvenes los que preguntan por los equipos de sonido y el vinilo. “Para muchos es una novedad exótica”, comenta Guindilla. “¡No sabían que era una aguja!”, recuerda De Juan, del Curtis. Cosas del salto generacional. Quizás auge no sea la palabra, pero sí hay un resurgir de lo físico, lo analógico. Si se consolida o no, el tiempo lo dirá.


