“Compramos el piso por 20.000 euros y en dos meses ya estábamos viviendo allí”: Catalina y Segundo habitaban en Mallorca y se mudaron a un municipio asturiano de 4.000 residentes
Historias de vida
“Al principio todo el mundo se quedaba sorprendido y lo primero que pensaban era que el piso estaría en un sitio aislado, sin bares ni vida”, señala la pareja en una conversación para Guyana Guardian

Catalina y Segundo decidieron renunciar a sus respectivos trabajos en Palma con el propósito de mudarse a Blimea.

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En ocasiones, es preciso tomar determinaciones que alteran significativamente nuestra existencia, generando una transformación total. Un claro ejemplo lo representan Segundo y Catalina, una pareja de Palma que, tras meses de meditación, optaron por alejarse de su realidad cotidiana: sus parientes, sus amistades, sus puestos laborales y su residencia. Dicha elección fue fruto de un análisis serio al constatar que las remuneraciones no alcanzaban para afrontar el encarecimiento de Mallorca, decidiendo así privilegiar su tranquilidad y comenzar un nuevo camino.
Después de llevar a cabo un análisis minucioso de diversas ubicaciones, Segundo, quien se desempeña como consultor de bienes raíces, comenzó a rastrear en sitios web especializados casas en el municipio que había identificado como el más económico de España: Blimea. En ese lugar, hallaron su residencia ideal, juntaron su capital y optaron por adquirirla por 20.000 euros, una vivienda de 80 metros cuadrados.

¿Cómo empezó vuestra búsqueda de vivienda?
En mi labor como consultor de bienes raíces, comencé a percibir de forma evidente un incremento drástico en los costes en Mallorca en un periodo breve. Consideramos que la vida allí se había vuelto inasequible, por lo que optamos por realizar el cambio. Durante el proceso de localizar una vivienda distinta, encontré un artículo que señalaba a San Martín del Rey Aurelio como el municipio con el coste por metro cuadrado más económico de toda España. Aquella información captó mi interés y comencé a buscar apartamentos en Idealista dentro de ese entorno.
¿Os costó decidiros?
Pasamos cerca de cuatro meses en la búsqueda. El uso de filtros facilitó nuestra elección, ya que las viviendas mostradas encajaban con nuestros requerimientos. De este modo, contrastamos diversos costes hasta hallar este inmueble que nos encantó. Estábamos convencidos de que era la opción ideal. Analizamos la finca, revisamos los datos del catastro y notamos que requería ciertos arreglos, aunque poseía grandes posibilidades. Contactamos con ellos, nos enviaron una grabación y optamos por acudir a verlo físicamente antes de tomar la resolución final.
Por lo que suele valer la remodelación de un solo aseo, nosotros casi renovamos la vivienda entera.
¿Qué fue lo que más os convenció cuando visteis el piso por primera vez?
Si bien inicialmente a la vivienda le faltaban diversos elementos, no nos fijamos únicamente en lo visual, sino en su potencial. Tuvimos en cuenta su gran amplitud, la abundancia de iluminación exterior y que, tras unas mejoras, resultaría encantador. Por ello, sin vacilar, optamos por realizar la reserva.
¿Cómo recordáis el inicio de la reforma?
Los dos solicitamos días libres en el empleo y viajamos hasta Blimea para ejecutar las obras iniciales. Pasamos aproximadamente quince días pernoctando sobre una colchoneta ya que carecíamos de camas. El plan era terminar lo fundamental para que la propiedad estuviera lista para vivir al retornar.

¿Qué tipo de reformas hicisteis?
Se trató de una remodelación mayormente de interiores; derribamos tabiques que no sostenían la estructura, retiramos una alfombra bastante vieja, desechamos mobiliario desgastado, cubrimos cada muro con pintura blanca, instalamos láminas vinílicas sobre el pavimento original en vez de sustituirlo y actualizamos el cuarto de aseo de manera simple. El coste global rondó los seis o siete mil euros, un importe bastante inferior a nuestras previsiones iniciales.
¿Por qué decidisteis hacer las reformas por vuestra cuenta?
Actualmente, solicitar los servicios de una constructora sale bastante caro. Por el mismo importe que cobran por arreglar únicamente un aseo, nosotros logramos rehabilitar casi todo el apartamento. Usamos la base que ya teníamos y fuimos ganando destreza progresivamente. Sumado a esto, mi padre es experto en remodelaciones, de modo que nos comunicábamos con él por videollamada para que nos guiara en diversos aspectos.
En momentos anteriores nos basábamos en guías y, en lo relativo al diseño, empleábamos Pinterest para obtener ideas. Lo cierto es que ambos nos involucramos de forma equitativa. Pasamos cerca de dos meses laborando entre ocho y diez horas al día.
¿Cómo es actualmente el piso?
La vivienda dispone de aproximadamente 80 metros cuadrados. Posee tres dormitorios; un par de cerca de 12 metros cuadrados y uno adicional de menor tamaño para visitas. Asimismo, dispone de un salón-comedor considerablemente espacioso, una cocina de buen tamaño y un cuarto de baño. Carece de terraza exterior y realmente lo extrañamos, no obstante, nos sentimos muy cómodos y satisfechos con la elección realizada, especialmente por cómo quedó todo al terminar.

En este lugar acudes al ayuntamiento y recibes asistencia sin turno previo, mediante un servicio individualizado y próximo.
¿Os esperabais que el resultado fuera mejor de lo que imaginabais?
En absoluto. Incluso los parientes y conocidos que conocían el inmueble antes de las obras se han mostrado impactados. Nos manifestaban que la vivienda parecía otra y que no daban crédito a la inmensa evolución experimentada en un plazo tan corto realizando tan pocas modificaciones.
En definitiva, nos sentimos sumamente satisfechos y en paz ya que no fue necesario agotar todos nuestros recursos, lo cual nos brinda estabilidad mientras intentamos conseguir una nueva ocupación laboral.
¿De qué manera respondió vuestro círculo social al comunicarles que habíais adquirido una vivienda por apenas 20.000 euros?
Al comienzo, todo el mundo se asombraba y su primera impresión era que el apartamento se ubicaba en un paraje remoto, falto de ocio o movimiento. Sin embargo, cuando les mostramos imágenes y les explicamos el carácter de los residentes, su cordialidad, la atención y la cercanía al centro urbano, se quedan muy impactados. Algunos llegan a decirnos que se trasladarían aquí si sus circunstancias individuales se lo consintieran.

¿Habéis tenido alguna traba en cuanto a los trámites?
Para nada, sucede lo opuesto. En este municipio acudes a las dependencias oficiales y te asisten sin reserva previa, ofreciendo un contacto humano y afectuoso. En contraste, en Mallorca percibíamos una presión bastante más alta: debías aguardar turno para cualquier cosa y, usualmente, la tolerancia escaseaba, algo que asociamos más a la velocidad de la existencia que a los propios ciudadanos.
Al tener que recibir a tantas personas cada jornada, uno termina exhausto y eso repercute en el trato hacia el prójimo. En Blimea, los ciudadanos están más relajados, muestran mayor serenidad y eso se aprecia en el entorno y en la rutina diaria.
