Francisco, 70 años, profesor de español jubilado en Japón: “Vine hace 43 años a trabajar y mi primera clase fue terrible”
Historias de vida
Francisco tenía 27 años cuando comenzó a trabajar de profesor de español en Japón, a sus 70 cuenta los motivos por los que decidió quedarse allí para siempre

Francisco lleva 43 años viviendo en Japón.
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Hace 43 años, Francisco llegó a Japón para trabajar como profesor de español en la Universidad de Kioto y en la Universidad Doshisha. Ahora, a sus 70 años, está jubilado y sigue disfrutando de su vida en Japón, a la vez que mantiene algunas clases privadas. Para él, la edad no es un problema para seguir dedicándose a lo que más le gusta y para mostrarse lleno de vitalidad. “En mi corazón sigo teniendo 7 años”, confiesa en una entrevista del creador de contenido Kaja Kyoto. ¿Su secreto? Contagiarse de la energía de los que fueron sus alumnos.
“Siempre he tratado con gente joven, me llenan de energía”. Francisco define a sus alumnos como personas con sueños por cumplir, con motivaciones y con ganas de hacer muchas cosas. Tres claves que él considera que le ayudan mucho a llevar su jubilación con otra perspectiva. “Japón es una ciudad maravillosa, tranquila y limpia”, declara. Para extranjeros como él, este país es como “el paraíso”. El carácter caótico de España no va con él. Aunque adora su país, se siente mucho más cómodo en la tranquilidad japonesa.

Cuando llegó, la educación de los japoneses le sorprendió tanto que define su primera clase como terrible. “En España, después de unos minutos, puedes ver por la cara o los gestos si les gusta la clase o no. Pero en Japón, no cambiaban su expresión facial, y después de terminar la clase, no sabía si había ido bien o mal”, explica en el canal de Kaja.
Para Francisco fue todo un reto encontrar la manera de que sus alumnos se soltaran en las clases de conversación. Rechazan hablar en grupo y tienen miedo a equivocarse. “Incluso les enseñé a saludarse dándose la mano, y no les gustó mucho”, confiesa. De hecho, un saludo que en España se utiliza en contextos más formales puede ser aceptado en Japón, pero resulta menos natural.
Desde niño tenía claro que Japón era un país fascinante. “En España tenemos una imagen muy buena de este país”, confiesa. Quinientos años atrás, los primeros misioneros que fueron de España a Japón escribieron cartas dejando constancia de que Japón era un país fantástico. “Como católico, quise quedarme en este país porque aquí soy feliz y me gustaría seguir ayudando a los japoneses a encontrar su felicidad”, cuenta.
Después de 43 años, de la misma forma que él ha enseñado su idioma a otra gente, decidió aprender japonés. Aunque confiesa que lo más difícil para él es leer o escribir. Para él, la mejor forma de aprender es cometiendo errores, y ese es uno de los consejos que propaga a la gente joven: “Sed vosotros mismos y no tengáis miedo a cometer errores por lo que la gente pensará de vosotros”, recomienda.
Mi cara es española, pero mi corazón es japonés
Ahora anima a todo el mundo a visitar Japón, porque se aprende mucho de su gente. “Mi cara es española, pero mi corazón es japonés”, concluye. Como Francisco, muchos españoles buscan un nuevo hogar lejos de su casa. Sin duda, un acto de valentía que, con los años, se ve recompensado.

