Toño Escrig, dueño de una ferretería, 42 años: “No hemos notado bajón por los bazares ni por internet; el cliente que valora, vuelve”
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Cuatro décadas después de su apertura en Castellón, Toño Escrig está al frente del negocio familiar y ha encontrado en Instagram una nueva forma de llegar a los clientes
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Entrar en Ferretería Escrig es hacerlo en un negocio que lleva más de cuatro décadas formando parte del día a día de Castellón de la Plana. Abrió sus puertas en 1978 y, desde entonces, ha sobrevivido a crisis, cambios de hábitos y nuevas formas de consumo. Hoy es Toño Escrig, hijo del fundador, quien está al frente del mostrador.
En conversación con Guyana Guardian, Toño repasa la historia de la ferretería con la naturalidad de quien nunca se ha planteado hacer otra cosa. “Yo no recuerdo un solo momento de mi vida en el que no haya sido ferretero”, dice. Un oficio heredado que, sin embargo, ha tenido que adaptarse a una realidad muy distinta a la de hace cuarenta años.
Abrí Instagram para enseñar la ferretería y acabó siendo otra parte del negocio
La decisión de abrir una cuenta en redes sociales no nació de una estrategia estudiada. Según Escrig, “nació de la necesidad”. “Hoy, si un negocio no está en redes, directamente no existe”, resume. Instagram empezó como una forma de mostrar el día a día de la ferretería y acabó convirtiéndose en algo más.
Lo que Toño no esperaba es que ese escaparate digital se transformara en una nueva vía para atraer clientes. “Abrí Instagram para enseñar la ferretería y acabó siendo otra parte del negocio”, explica. Los vídeos, los consejos y las explicaciones prácticas conectaron con un público que nunca había pisado una ferretería.
Eso sí, advierte de que no todo es tan sencillo como parece desde fuera. “La gente cree que grabar vídeos es fácil, pero es un segundo trabajo”, reconoce. Preparar contenido, responder mensajes y mantener la constancia requiere tiempo, el mismo que sigue dedicando a su tienda física.

Si volviera a nacer, volvería a ser ferretero
Pese a la visibilidad digital, Toño tiene claro dónde está el corazón del negocio. “Instagram va y viene. La ferretería es lo único que sé que estará siempre”. Un oficio que, asegura, muchos jóvenes ven como algo del pasado. “La ferretería se asocia a gente mayor, y es un error enorme”.
Ser jefe tampoco es tan idílico como a veces se vende. “Ser jefe no es libertad, es responsabilidad las 24 horas”. Sus jornadas superan con facilidad las once horas y desconectar no siempre es posible. “Cerrar la tienda no significa dejar de trabajar”.
Aun así, no se arrepiente. “Si volviera a nacer, volvería a ser ferretero”. Lo dice sin épica, consciente de que el negocio le ha dado estabilidad, pero también le ha robado tiempo personal. “Trabajar tanto acaba pasando factura, aunque te guste lo que haces”.
Ni los robots ni la inteligencia artificial sustituirán a un ferretero
En cuanto a la competencia, Toño no dramatiza. Ni Amazon ni los bazares han supuesto una amenaza directa. “Nosotros no vendemos solo productos, vendemos soluciones”. El cliente que busca consejo y trato cercano, explica, acaba volviendo.
Además, aunque la tecnología y la automatización han llegado incluso al mundo de la ferretería, Escrig ve los robots como aliados, no sustitutos. “Pueden facilitar procesos, pero no pueden reemplazar la atención humana ni la confianza que generamos con nuestros clientes. Esa sigue siendo nuestra ventaja frente al comercio digital”.
Después de más de cuatro décadas, Ferretería Escrig sigue abierta apoyándose en una idea sencilla: adaptarse sin dejar de ser lo que es. Instagram le ha dado visibilidad, pero el negocio se sostiene en el conocimiento, el trato directo y la constancia diaria. “Las redes ayudan”, resume Toño, “pero la ferretería es lo que permanece”.

