María Victoria, 94 años, maestra que sacó en su época la mejor nota en las oposiciones: “Fue una parte esencial de mi vida, porque me ayudó a ser más consciente de la realidad”
Relatos
“He vivido épocas duras y eso te hace valorar más la tranquilidad, la convivencia y las cosas sencillas”, cuenta María Victoria en una entrevista para Guyana Guardian

Gran parte de la manera de pensar de María Victoria proviene de las enseñanzas que le ha dejado su profesión como docente.

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María Victoria es una mujer de 94, cuya vida ha estado marcada por la vocación, el compromiso social y la humanidad. Nacida en 1932, creció en un entorno definido por la posguerra; gracias a su madre, se trasladaron a Granada para que pudiera estudiar y abrirse camino, destacando finalmente como la alumna con la mejor calificación en las oposiciones de la ciudad durante los años cincuenta.
Rápidamente, comprendió que, como docente, quería marcar la diferencia, por lo que solicitó trabajar en escuelas con alumnos vulnerables o con dificultades. Su enfoque de la enseñanza iba más allá de los contenidos académicos, por lo que se encargó a transmitir valores y a enseñar a convivir, respetando la diversidad de sus estudiantes. Hoy, ya jubilada, continúa compartiendo sus reflexiones y enseñanzas de vida.

¿Cómo empezó su camino en la enseñanza?
Entré en la enseñanza de una manera muy casual. No tenía claro qué quería hacer cuando terminé mis estudios, y mi madre me dijo que descansara y pensara con calma. En mi pueblo había una maestra que se estaba quedando ciega y me propuso que la sustituyera durante un tiempo. Acepté y, justo entonces, vino el inspector jefe; le gustó mucho lo que hacía y allí me di cuenta de que eso era lo que quería dedicarme el resto de mi vida.
¿Qué hizo después?
Gracias al esfuerzo de mi madre, nos mudamos a Granada en busca de más oportunidades. Allí oposité y saqué la mejor nota. Fue un camino muy difícil, pero lo conseguí. En los años cincuenta empecé a trabajar y recuerdo que me tocaron clases en contextos muy vulnerables. Hablamos de un momento en el que hubo muchos terremotos en los pueblos de Granada, con numerosos muertos y familias que lo habían perdido todo. Se crearon escuelas para los damnificados, y yo empecé a pedir ese tipo de destinos porque me gustaba ayudar y aquello me llenaba mucho.
¿Con qué tipo de alumnos trabajó principalmente?
Sobre todo con niños de familias muy desprotegidas y muy pobres. También fui profesora de alumnos ciegos y ellos me enseñaron a ver con el alma. Además, trabajé con niños que se encontraban en el tribunal de menores. Mi propósito no era solo enseñar conocimientos; quería enseñar a vivir.
No fue solo un trabajo; fue una parte esencial de mi vida porque me ayudó a ser más consciente de la realidad
¿Qué era lo principal que les inculcaba a sus alumnos?
Cuando empecé pensaba que el conocimiento llegaba hasta donde puede llegar, pero lo verdaderamente importante era educar en valores; enseñarles a vivir, a convivir, a tolerar, a respetarnos, a ser generosos y a no vernos diferentes, porque no lo somos. Eso era lo que más me preocupaba inculcar en la escuela.
¿Cómo trabajaba la igualdad en un contexto vulnerable?
Siempre les decía que todos somos iguales y que todos tenemos alguna limitación. En el caso de mis alumnos ciegos, les ponía el ejemplo de que yo también tenía una limitación, porque si me quitaba las gafas veía menos. Eso les ayudaba a no sentirse excluidos y a entender que no somos tan diferentes los unos con los otros.
¿Cómo entendía su labor como profesora?
Ser profesora fue una parte esencial y bonita de mi vida. No fue solo un trabajo, sino que me enseñaron muchísimo. Yo no me fijaba en sus dificultades, sino que intentaba potenciar sus habilidades. Me gustaba mucho conocer a las familias, entender su entrono y su realidad. Yo estaba muy asombrada, porque eran personas que no tenían nada y, sin embargo, eran fuertes, respetuosos, tolerantes con la vida que les había tocado. Yo soy lo que soy gracias a ellos, porque mi manera de ser y de pensar me la enseñaron ellos.
Es increíble ver cómo familias que no tienen nada son fuertes, alegres, respetuosas y muy educadas
¿Qué aprendió como docente?
Todo lo que soy es gracias a ellos. En mis escuelas no había ideologías ni diferencias; éramos personas que nos respetábamos mutuamente. Para mí, eso es lo más bonito y enriquecedor, tanto como persona como docente. Desgraciadamente, ese respeto y ese trato igualitario se han perdido un poco, y es algo que echo de menos en nuestra sociedad.
La enseñanza es bidireccional: aprendemos mutuamente. Un profesor no lo sabe todo, y eso se da cuenta cuando empieza a tratar con sus alumnos. Es admirable ver la fortaleza y la alegría que tienen quienes no tienen nada.
¿Cómo recuerda a sus alumnos?
Los recuerdo muy cercanos, trabajadores y con muchas ganas de salir adelante. A día de hoy, con 94 años, tengo relación con muchos de mis alumnos. Algunos ya tienen nietos e incluso bisnietos. Eso es muy emocionante. De vez en cuando nos juntamos y nos tomamos una cerveza, y eso me llena de alegría.
Toma nota
“Las cosas no son tan malas como a veces las pintan. Por eso es muy importante estar rodeada de un buen entorno”.
“Una vida bien vivida es aquella vivida según tus circunstancias, adaptarte a ellas y ser fiel a ti misma”.
“Nunca dejes los 'te quiero' para después: demuéstralo porque el amor se muestra cada día, en los pequeños detalles de lo cotidiano”.
¿A sus 94, piensa mucho en la edad?
No, nunca pienso en los años que tengo ni me da vergüenza hablar de ello abiertamente. Tengo un carácter optimista y alegre; no veo mi edad como un enemigo, sino como el resultado de una vida marcada por el amor y muchas enseñanzas. Por eso, me encanta disfrutar de mi vida. Hago una vida muy normal; me junto con mis amigas, algunas de ellas tienen cincuenta años, y eso no importa, porque la edad está en la mente.
Salgo mucho con mi familia y siempre que hay una oportunidad para hacer cualquier plan, me uno. Dentro de mis limitaciones, soy una persona activa y muy agradecida de poder seguir viviendo y contando mi historia y, sobre todo, de poder ver cuatro generaciones juntas y unidas, como bisabuela de 13 nietos y 19 bisnietos.
