Estadio Hassan II, la propuesta de Marruecos para el partido final de la Copa Mundial 2030: “Supera ampliamente a los grandes estadios de España”
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El estadio Hassan II representa la propuesta fundamental de Marruecos con el fin de albergar el partido decisivo del Mundial. Examinad el diseño acompañados por el arquitecto y crítico Albert Nogueras.

Analizamos el Estadio Hassan II con el arquitecto y urbanista Albert Nogueras.

El estadio Hassan II busca albergar la final del Mundial de la FIFA 2030, tras la selección de Marruecos como anfitrión junto a España y Portugal. Situado en la provincia de Benslimane, a 38 kilómetros al norte de Casablanca, este ambicioso proyecto se diseña como el recinto deportivo más extenso del planeta. Entonces, ¿cómo rechazar la final a un escenario de tal magnitud? ¿O acaso no será tan claro como parece? “Estoy convencido de que la elección de la sede de una final no depende en absoluto de un juicio arquitectónico”, afirma Albert Nogueras, arquitecto y urbanista del Área Metropolitana de Barcelona, en diálogo con Guyana Guardian.
La propuesta firmada por Populous y Oualalou + Cho contempla una capacidad de 115.000 espectadores, mucho mayor que la de los grandes estadios de la península ibérica. Inspirado en la cultura marroquí, el diseño se basa en el moussem, la reunión social tradicional marroquí, y plantea el estadio como una inmensa carpa que se eleva en medio del paisaje boscoso. Según explica Nogueras, la identidad cultural del proyecto se manifiesta sobre todo en su envolvente arquitectónica, que evoca claramente la forma de las jaimas, las tiendas empleadas históricamente por las comunidades nómadas del norte de África.

La edificación se estructura a partir de graderíos con gran pendiente en sus fondos, proyectados para recibir a cerca de 60.000 asistentes de admisión general. En los flancos de la cancha, el recinto dispone de múltiples alturas para unos 12.000 usuarios VIP y VVIP. La obra completa se resguarda bajo un amplio techado de aluminio, soportado por un anillo de carga que establece entradas imponentes y conecta con jardines y entornos naturales situados bajo una superficie traslúcida.
“Esta fachada, concebida casi como un velo protector, genera un espacio intermedio entre el exterior y las gradas. Se trata de una zona ajardinada que actúa como espacio de acogida para el público antes de acceder a los asientos”, señala el proyectista. Así, el homenaje a la tradición marroquí se hace evidente en su silueta externa y en la cubierta perimetral del recinto, cuyas ondulaciones recuerdan a las jaimas extendidas por el entorno. Bajo esta premisa, el Hassan II mantiene una evidente similitud con el estadio Al Bayt de Qatar, el cual emplea igualmente estructuras textiles a modo de emblema de identidad.

Al no existir construcciones de envergadura en las proximidades, todo sugiere que el recinto se localiza en una parcela solitaria, donde resalta como elemento central y exclusivo, con una entrada que estaría vinculada principalmente al uso de transporte motorizado. “En España hemos vivido situaciones similares con la nueva ubicación del Metropolitano o con el RCDE Stadium. En cambio, otros estadios de nueva planta —como San Mamés o el nuevo Mestalla, aún en construcción— sí se integran de manera directa en el tejido urbano y conviven con la ciudad consolidada”, manifiesta Nogueras.

Aparte de su integración en el territorio, el estadio Hassan II se encuadra asimismo dentro de una de las dos corrientes arquitectónicas principales que actualmente marcan la pauta en la creación de recintos deportivos. De manera simplificada, señala Nogueras, es posible diferenciar entre los que muestran su armazón de forma directa y prácticamente descubierta, y los que forjan su carácter mediante una cubierta integral que rodea la construcción completa.
“Este segundo enfoque es el que se reconoce en el proyecto marroquí y en ejemplos recientes como la remodelación del Santiago Bernabéu, con sus lamas metálicas; el Allianz Arena, con su fachada iluminada de ETFE; o la propuesta rechazada de Norman Foster para el Camp Nou, que reinterpretaba el trencadís gaudiniano”, ejemplifica el arquitecto.

Es evidente que el estadio Hassan II se posiciona como un fuerte competidor frente a recintos de la talla del Camp Nou o el Santiago Bernabéu, si bien la resolución definitiva no dependerá únicamente de factores arquitectónicos. “Además, este tipo de competiciones suelen estar acompañadas de incentivos —no siempre del todo transparentes— para impulsar la construcción de nuevas infraestructuras en países en desarrollo”, señala Nogueras.
Un ejemplo evidente fue el Mundial de Sudáfrica de 2010, donde la edificación de enormes recintos de presupuesto excesivo terminó resultando en los famosos elefantes blancos: obras de gran escala y mantenimiento costoso que, tras concluir el torneo, apenas han tenido uso. Una situación parecida se vivió en Qatar hace solamente cuatro años, sitio donde se construyeron siete estadios partiendo de la nada en una superficie con una extensión semejante al área metropolitana de Barcelona.
“En este contexto, probablemente la opción menos lógica desde el punto de vista urbano, territorial y ambiental —y la que implique un mayor despilfarro de recursos— sea, paradójicamente, la que acabe acogiendo la final del Mundial”, concluye el arquitecto.
