Daniel Izquierdo, actor en Port Aventura: “Un chico me dio una carta en la que le agradecía a mi personaje haberle ayudado a superar un problema familiar”
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El actor confiesa que el personaje que más ha disfrutado interpretando en el parque ha sido el de Jack Seller: “Es el que me ha permitido estar más en contacto directo con la gente”

Daniel Izquierdo, actor en PortAventura World (cedida)

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Detrás del maquillaje, el vestuario y los personajes que cada día cobran vida ante miles de visitantes, hay un actor que se adapta a cada escenario. En PortAventura, cada pase es tan real como exigente. “Es un campo totalmente diferente porque estás en contacto directo con el público durante mucho tiempo y hay mucho margen para la improvisación”, explica para Guyana Guardian Daniel Izquierdo, actor y showman en el parque de atracciones catalán.
Tras una década dedicada al teatro musical, Daniel decidió presentarse a un cásting y, tras varias pruebas, en septiembre de 2024 empezó a trabajar en el parque. Durante este tiempo, ha participado en diferentes espectáculos y zonas del parque, desde el salón del Far West hasta pasear por las zonas del parque. “Es increíble porque no siempre haces el mismo papel y no es nada aburrido”, cuenta.
Mi personaje favorito es Jack Seller, con el que he podido estar en contacto con la gente
Pese a que es difícil decidirse, asegura que el personaje que más ha disfrutado ha sido el de Jack Seller, que es un estafador vendedor de elixires, mítico del Far West. “Es con el que he estado más tiempo y me ha permitido estar en contacto directo con la gente”, cuenta. Precisamente fue este personaje el que le permitió tener una experiencia que le ha marcado. Esta Navidad, mientras estaba interpretando otro personaje, se le acercó un chico y le preguntó si era Jack Seller. “Le dije que no era ese, que era mi hermano, que éramos muchos en la familia, y se quedó ahí”.
Dos semanas más tarde, el chico volvió y le dijo si le podía dar una carta al personaje que le encantaría que la leyera. “Cuando llegué al camerino y vi la carta, ponía que le agradecía mucho a Jack Seller haber estado por el parque y el trato que tuve con él, porque le ayudó mucho a superar un problema que tenía en su familia”, detalla. Este bonito detalle le reconfortó y le hizo darse cuenta de la manera tan especial con la que “se conecta con la gente y lo que le podemos marcar a alguien”.

Los espectáculos en un parque de atracciones son muchos, pero los que más disfruta Daniel son los que se hacen en el Saloon de Far West: “Me encanta, es un sitio totalmente ambientado y superbonito”. Respecto a los pases que se repiten más de una vez al día, defiende que cada actuación tiene que ser como si fuera la primera. “Aunque hagas cinco pases al día de un espectáculo, te preparas los cinco igual porque no es el mismo público y hay un flujo de gente tan grande que tienes que darlo todo siempre”, destaca.
Las actuaciones en calle, es decir, cuando los personajes pasean por el parque, son las que están más abiertas a la improvisación. “Somos humanos, se te puede ir el texto, que tu compañera se tropiece y se desconcentre y tienes que improvisar”, cuenta. “Hay mucha parte de improvisación porque, aunque tienes un personaje con una caracterización muy marcada, el actor tiene que dar de sí para que el personaje innove y la gente no se aburra”.
Hay mucha parte de improvisación y el actor tiene que dar de sí para que la gente no se aburra
Unos días antes de empezar a interpretar un personaje en concreto, los actores se lo preparan y conocen las características concretas del personaje, pero tienen libertad para crear el personaje a su manera. “Para el de Jack Seller me dijeron cómo era el personaje, pero dentro de las líneas puedo crear. Vas viendo lo que funciona y lo que no. Tampoco es lo mismo hablarle a un niño de 5 años que a un hombre de 40. Son bromas muy diferentes las que hacen a una familia o a un grupo de amigos, y vas creando, y esto me encanta”, afirma.
Ser actor implica aprender a separar la vida personal del trabajo. El personaje exige presencia, energía y una emoción que no entiende de problemas personales. Daniel destaca que esto es lo más complicado de su trabajo. “Si tienes un problema en casa o un día malo, lo más complicado es desconectar de tu mente y centrarte en el trabajo. Tienes que aprender a lidiar y a concentrarte; como actor tienes que coger la personalidad de otro y no lo puede notar nadie”.
Si tienes un día malo, lo más complicado es desconectar de tu mente y centrarte en el trabajo
Actuar ante un volumen de público tan grande y variado supone un reto diario. “No sabes dónde te va a salir un niño o una familia. En Navidad, hay que fomentar la ilusión e intentamos que todo el mundo esté pendiente del niño y cómo entrega la carta a Papá Noel. Tienes que dibujarlo todo para que se lo crean”, cuenta. Lo más sorprendente para los actores de calle es la reacción de la gente cuando los ven aparecer por una zona. “Hay quien te pregunta qué tal, y otros con ilusión, te preguntan directamente qué haces. El trato de la gente es lo mejor”.
A nivel profesional, trabajar en PortAventura ha permitido a Daniel evolucionar como actor: “Me está permitiendo saber qué limitaciones puedo tener al hacer mi trabajo y hasta ahora he roto todas las barreras”. Interpretar a diferentes personajes permite “crecer como actor; es muy válido porque estás mucho rato improvisando y sin salirte del personaje. Es una sucesión de hilos de personajes muy importante y es un campo diferente al teatro, es totalmente otro mundo”.
Trabajar en parques me está permitiendo conocerme más como actor
A quienes dudan, les recomienda perder el miedo y que lo intenten: “Que no tengan miedo. Pensaba que la improvisación y el contacto directo con la gente no lo iba a controlar y, sin embargo, hay que meterse para comprobarlo, pero que no tengan miedo y que lo intenten”, añade. Daniel destaca que este trabajo permite dejar volar tu imaginación y tu talento como actor. “Ha habido en los que he estado con 50 personas a mi alrededor de pie escuchando lo que estaba diciendo y se forma un mínimo teatrillo. Cuando acaba el diálogo, todo el mundo empieza a aplaudir y a reírse. Entras allí y se te olvida todo”, asegura.