Relatos

Paro se encarga de sus progenitores con cáncer y dem.

Cuidados

El agradecimiento inspira entrega total

Amparo del Pino junto a sus padres en su lugar de residencia

Amparo del Pino junto a sus padres en su lugar de residencia

Cedida

Atender a los progenitores representa, tal vez, la mayor demostración de afecto que una persona puede llevar a cabo. No constituye únicamente un deber o una carga; es un gesto de gratitud tras años de atenciones, lecciones y esfuerzos. Consiste en estar a su lado en su fragilidad, participar de sus temores y satisfacciones, y brindarles apoyo cuando ya les falta la fuerza propia. En esa asistencia cotidiana, a través de gestos mínimos que suelen pasar desapercibidos, se manifiesta la naturaleza de nuestra condición humana. Se refiere a la cualidad de entregarse desinteresadamente, de estar presente y de respetar los lazos que forjaron nuestra identidad.

Amparo del Pino es un enfermera especialista en salud mental de 63 años. En una conversación con Guyana Guardian, ha reflexionado sobre cómo intenta compaginar su vida con la función de cuidadora principal de una madre de 90 años con demencia y un padre de 94 que padece un cáncer de pulmón.

Sufro osteoporosis y una grave lesión

Amparo del Pino, enfermera

Los de padres de Amparo del Pino en su lugar de residencia
Los de padres de Amparo del Pino en su lugar de residenciaAmparo del Pino

En lugar de considerarlo un peso, Amparo se siente en gratitud por las atenciones que recibió durante su niñez: “Nací con una enfermedad infecciosa y no tenía demasiadas posibilidades de sobrevivir. Gracias a los esfuerzos económicos de mis padres pude lograrlo. Mi padre trabajaba en una fábrica y empezó a trabajar también por las tardes. Para mi, cuidarlos es una forma de agradecimiento”, comienza relatando. Existen expresiones que resumen una existencia entera. En estos términos no solo habita el recuerdo, sino también el reconocimiento del esfuerzo.

Los progenitores de Amparo residían en el municipio de Porcuna (Jaén) y su estado comenzó a deteriorarse durante 2020 después de la aparición del coronavirus: “Los vecinos dejaron de ir de casa en casa cuidando a los mayores y los encargados de las farmacias les dejaban los medicamentos en la puerta. Ellos no entendían que la gente no entrara y hablara con ellos como siempre”, comenta. Hacia 2021, aprovechando la bajada de los precios del alquiler, la sanitaria consiguió hallar una vivienda próxima a su domicilio con el fin de atenderlos. 

Las asistentes sociales de Centre de Atencions Socials Les Corts han conformado un soporte fundamental en el que se ha respaldado Amparo ante su realidad: “Tengo mucho que agradecer a Ana y a Lourdes. Me hicieron ver que los trámites tardan una eternidad y en ese momento estaba sola. Pronto empezó a ayudarnos una chica que nos enviaba el Ayuntamiento de Barcelona”, señala. 

Núria Clos y su madre, que está en una residencia de ancianos ingresada con alzheimer
Núria Clos y su madre, que está en una residencia de ancianos ingresada con alzheimerMiquel González / Shooting / Colaboradores

Tras un año de espera anulé mi

Amparo del Pino, enfermera

La principal reclamación de las personas en la situación de Amparo es la falta de una guía en la página web del Ayuntamiento: “No sabemos qué opciones tenemos los cuidadores y las personas que cuidamos a personas mayores. Las personas que vienen en el sistema de ayuda a domicilio son encantadoras pero la atención es nefasta. Mis padres están en una lista de espera para una residencia desde hace cuatro años. Mi madre tiene nivel 2 de dependencia pero todavía no nos han llamado”, lamenta. Otro de los factores que critica es la falta de financiación a elementos básicos como las muletas específicas de personas mayores que no entran en la seguridad social: “Si tienes compresas no puedes tener pañales ni protectores de cama. Te lo tienes que pagar todo y lo estoy pasando fatal porque no llegamos a todo”, reconoce. 

Del Pino suma cinco años velando por sus padres de manera constante, empleando casi la totalidad de su jornada en dicha labor: “He tenido que vivir 24 horas con mis padres, menos las pocas horas en las que viene una trabajadora a domicilio. También estoy recibiendo la ayuda de mi hermana”, expone. 

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Esta forma de vivir ha acabado perjudicando su bienestar físico y psicológico: “Por la noche no tenía a nadie, tengo osteoporosis y una minusvalía importante en la espalda que me impide cargar peso y la ayuda a domicilio está imposible”, señala con resignación. Amparo ha tenido que anular casi todos los encuentros médicos y de estética que había programado: “No puedo dejar a mis padres solos. Llevaba un año esperando una resonancia y tuve que anularla. Me pasa lo mismo con el ginecólogo y el dentista” relata. Al narrarlo le resulta imposible no conmoverse, al percibir la dureza de su realidad: “Lo estoy pensando y me entran ganas de llorar porque me doy cuenta de que no estoy bien. Intento cuidarme lo máximo porque este tema me está superando. Lloro pero no me rindo y doy gracias por tener una red de amigas que me apoyan”, asegura. La labor de cuidado agota, aun cuando nace del afecto más sincero. Y admitir que una situación nos sobrepasa no implica rendirse, sino reconocer las propias fronteras.

Amparo reclama que en las instituciones se realice un mapeo de la situación actual de nuestros mayores. Gracias a tener claro el número de personas que están en residencias privadas, concertadas o en casa y el precio que supone todo ello, podremos conocer qué necesidades son necesarias y optimizar los recursos de los que se disponen.

Dentro de Cataluña se registra una fortísima necesidad de vacantes en centros para la tercera edad, con casi 82.000 individuos aguardando para beneficiarse de un geriátrico con fondos públicos o de servicios de asistencia en el hogar, según indica un estudio sectorial de actualidad. Esta magnitud de demora la posiciona como la región con uno de los listados más extensos de todo el Estado en lo que respecta a la atención a la dependencia.

Los niños son, para muchas personas mayores, una fuente directa y luminosa de alegría.
Los niños son, para muchas personas mayores, una fuente directa y luminosa de alegría.Amparo del Pino

Y, aun así, entre el cansancio y la incertidumbre, Amparo sigue eligiendo cada día el amor. Historias como la suya nos recuerdan que detrás de cada persona mayor hay una red invisible de manos que sostienen, de corazones que resisten. Porque al cuidar a quienes nos dieron la vida devolvemos, con ternura y dignidad, todo aquello que un día recibimos sin siquiera saberlo.

Toma nota

Lo que nadie cuenta de tener el mando 

1

“Acuérdate mucho de los días que estabas enfermo y ellos igual se quedaban sin ir a trabajar o te cuidaban. Estaban contigo”. 

2

“Intenta descansar, hacer ejercicio y no dejar de hacer las cosas que te gustan. El cansamiento físico existe, pero el psicológico hay que cuidarlo”

3

En España el 69,8 % de las personas dependientes son cuidadas por sus familias, sin apoyo externo profesional.

Christian Jiménez

Christian Jiménez

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Escritor experto en plataformas sociales, tecnología, corrientes virales y el ámbito del espectáculo