Juanjo Ruiz, jurista español en Noruega: “Aquí no trabajamos menos que en España; irse a la hora no está mal visto, hay salarios dignos y la conciliación es un derecho, no un privilegio”
españoles por el mundo
Natural de Barcelona, se marchó a Tromsø en 2017 y ha conseguido trabajar en el sector público, donde ayuda a personas con trámites y recursos estatales.

Juan José, jurista catalán viviendo en Tromsø

Con 76 días de noche polar en invierno y 76 días de sol de medianoche en verano, Tromsø no es solo una ciudad en el norte de Noruega: vivir por encima del círculo polar ártico es una forma radicalmente distinta de entender el trabajo, el Estado y la calidad de vida. En este escenario ártico vive Juanjo, catalán de El Papiol, establecido desde hace años en el país nórdico, donde trabaja en el sector público ayudando a los ciudadanos con orientación, trámites y acceso a ayudas y recursos estatales. Además, en sus redes sociales comparte recomendaciones y consejos para el día a día en Noruega.
Desde el círculo polar, compara el modelo noruego con el catalán sin épica ni idealización, pero con una idea clara: “No es que aquí se trabaje menos, es que se trabaja diferente”. Habla de confianza institucional, de horarios racionales, de un sistema penitenciario orientado a la reinserción y de una presión fiscal elevada que, según afirma, tiene un retorno visible en servicios públicos eficientes. No presenta Noruega como un paraíso —la oscuridad pesa y la integración cultural no es inmediata—, pero sí como un entorno donde el equilibrio entre trabajo y vida personal es real. Y eso, asegura, acaba marcando toda la diferencia.
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Por qué decidiste marcharte a Tromsø en 2017 y qué te hizo quedarte definitivamente?
Me fui porque, aunque tenía trabajo en Barcelona, no veía un futuro que me motivara ni en aquello que había estudiado. Sentía que para salir adelante tendría que renunciar a demasiadas cosas: independencia con tranquilidad, tiempo libre, viajes o estabilidad económica. Buscaba una vida más equilibrada para mí y para mi pareja, y en ese momento no la veía posible en Cataluña.
Decidí quedarme cuando vi que podía construir algo estable. Aunque empezara de camarero, conseguí un trabajo fijo y comprobé que podía vivir bien. Mi pareja también encontró empleo en su ámbito y se sintió cómoda. Y hubo un momento clave: volver a Barcelona de vacaciones y sentir que me gustaba ir solo de visita. Ahí entendí que mi vida estaba ya en el norte.
Aunque fuera de camarero, vi que podía tener un trabajo estable y vivir bien
Cómo es el día a día en una ciudad por encima del círculo polar ártico? Qué es lo más difícil a nivel físico y mental?
El día a día es normal: trabajo, deporte, vida social. Pero todo está condicionado por la luz. El sol de medianoche exige disciplina: con 24 horas de claridad cuesta irse a dormir y algunas personas tienen problemas para descansar, aunque se soluciona con rutinas claras y cortinas opacas
La noche polar no es oscuridad absoluta. Durante unas cinco horas hay una luz parecida al amanecer. El verdadero reto es mental: mantener hábitos, actividad y motivación. Hay que hacer deporte, quedar con gente y tener proyectos. También es importante cuidar la salud física. La vitamina D es clave entre septiembre y abril, pero incluso tomando suplementos conviene hacerse analíticas, porque el cansancio puede ser físico y no solo psicológico.
La oscuridad del invierno y el sol de medianoche cambian la forma de vivir? A grandes rasgos, encuentras a los noruegos muy distintos de los catalanes o españoles?
Sí, te reordenan por dentro. En invierno bajas el ritmo y valoras más las pequeñas cosas; con el sol de medianoche hay más energía, más planes improvisados y hasta puedes salir a hacer una ruta a las doce de la noche. El Ártico te obliga a adaptarte y eso hace que te conozcas mejor.
En cuanto al carácter, los noruegos son más planificados y muy respetuosos con el espacio personal; catalanes y españoles somos más espontáneos y sociales. No es una cuestión de frialdad o calidez, sino de códigos culturales distintos. Cuando entiendes esos códigos, las relaciones pueden ser profundas y muy leales.
Cuando entiendes los códigos culturales con los noruegos, las relaciones pueden ser profundas y muy leales
Trabajas en la administración pública: ¿qué te sorprendió más del funcionamiento laboral respecto a Cataluña? Cómo fue acceder al puesto y en qué consiste?
Lo que más me sorprendió fue la confianza. Hay autonomía real y se trabaja por objetivos, no por control. Puedo organizarme con flexibilidad, salir a dar un paseo si lo necesito o teletrabajar algunos días sin tener que justificarme constantemente. La jerarquía es plana y puedes discrepar con un superior siempre que lo hagas con respeto

Acceder requirió tiempo, idioma y constancia. Los procesos son largos pero transparentes. No hay oposiciones como en España: se parece más a una entrevista reglada con criterios claros. Los salarios están regulados y las horas extra, en general, se compensan con tiempo libre. Actualmente tramito prestaciones de maternidad y paternidad; antes trabajé con ayudas sociales, desempleo y bajas por enfermedad.
Es verdad que en Noruega se trabaja menos pero mejor? ¿Dónde notas más diferencia con el modelo catalán o español?
No se trabaja menos que en España, sino con más foco y menos ruido. Las jornadas suelen ser más cortas y eficientes. La gran diferencia es la cultura del tiempo: más allá de la dignidad salarial, irse a la hora no está mal visto y la conciliación es un derecho, no un privilegio.
La legislación obliga a adaptar el trabajo a las necesidades del trabajador siempre que sea posible. Eso hace que el modelo sea más sostenible a largo plazo, tanto profesional como personalmente.
Aquí no trabajamos menos que en España; irse a la hora no está mal visto, hay salarios dignos y la conciliación es un derecho, no un privilegio
Qué ley o norma noruega te resultó más chocante al llegar?
El sistema penitenciario. Me sorprendió que Anders Breivik fuera condenado a 21 años de prisión tras los atentados de 2011 en los que mató a 77 personas. Con el tiempo entendí que es la pena máxima ordinaria, prorrogable indefinidamente si la persona sigue siendo un peligro para la sociedad.

Las cárceles, sobre todo las de régimen abierto, pueden parecer casi hoteles. El modelo está orientado a la rehabilitación y la reinserción, no a la venganza. No es perfecto, pero busca reducir la violencia a largo plazo.
Las cárceles aquí pueden parecer hoteles y el modelo penitenciario impacta: a Anders Breivik solo le cayeron 21 años por matar a 77 personas en 2011
Hay alguna regulación que mejoraría mucho la vida en Cataluña o España si se aplicara como en Noruega? Funcionan mejor los servicios públicos?
Más que copiar leyes concretas, habría que copiar el cómo. Aquí hay más coordinación entre sanidad, servicios sociales y educación, y el sistema es más previsible: sabes qué puedes esperar y cuáles son tus derechos. Esa seguridad reduce mucha ansiedad social.
En sanidad, la atención primaria tiene un papel central. En las incapacidades laborales se da mucho peso al médico de cabecera y a los especialistas que conocen el caso, evitando contradicciones con tribunales médicos. En servicios sociales, las ayudas están más sistematizadas y los criterios son claros. Y en educación hay un enfoque fuerte en la igualdad de oportunidades. No es perfecto ni mejor en todo, pero sí más coherente y, sobre todo, más tranquilizador para el ciudadano.
Noruega es realmente tan cara como se dice?
Es cara en precios, pero hay que mirarlo junto con los salarios y el poder adquisitivo. Un café o una pizza pueden parecer exagerados —todavía me impacta pagar 25 euros por una pizza—, pero también reflejan que camareros y cocineros tienen un sueldo digno.
Cuando vives aquí tienes más margen y previsibilidad económica. No es fácil hacerse rico, pero tampoco vives con la sensación constante de ir justo. Es cara, sí, pero más equilibrada de lo que parece desde fuera.
Hay cosas que son mucho más caras, todavía me impacta pagar 25 euros por una pizza, pero aquí camareros y cocineros tienen un sueldo digno
Cómo son las relaciones sociales en Noruega comparadas con España? ¿Tienes grupo de amigos noruegos? ¿Hay más catalanes o españoles?
Las relaciones son más lentas y menos improvisadas, pero también más estables y leales. Primero hay una fase de respeto por el espacio personal; no es distancia, es otro código cultural. No tengo un grupo cerrado. Me relaciono sobre todo con gente local y de distintas procedencias, muchas veces a través del trabajo o actividades. Un momento clave es cuando te invitan a su casa: no es habitual al principio, pero cuando ocurre significa que formas parte de su círculo de confianza. Hay menos intensidad inicial, pero más continuidad en el tiempo.
En cuanto a catalanes, somos pocos, pero suficientes como para haber creado el Casal Catalán más al norte del mundo. Cada año podemos ser entre 50 y 60, aunque muchos van y vienen. Impulsarlo no fue fácil por las distancias, el clima y la falta de apoyo externo. Durante un tiempo conectó a recién llegados con residentes antiguos, aunque ahora está en pausa.

Después de casi una década en Tromsø, ¿qué has ganado… y qué has perdido? ¿Volverás?
He ganado calma, calidad de vida, una separación clara entre trabajo y vida privada, seguridad y previsibilidad. El sistema te acompaña y no te hace vivir en modo supervivencia constante. Sientes que el futuro depende más de tu esfuerzo que de la suerte.
He perdido proximidad con familia y amigos, espontaneidad y cultura de calle —y la comida. En casa no falta el pan con tomate, aunque sea con tomates cherry.
Volver no es un no definitivo, pero hoy lo veo lejano. Ahora mismo estoy bien aquí. Vivir fuera me ha enseñado que casa puede ser más de un lugar, aunque ninguno sea perfecto.
