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María Ángeles López (60 años), auxiliar de enfermería en Alemania: “Me vine sin saber alemán y cobro más del doble que en España; incluso algo más que algún ingeniero”

Cambio de vida a los 50

Tras más de dos décadas como periodista en España y quedarse en paro al borde de los 50, hizo las maletas rumbo a Alemania para empezar de cero en el sector sociosanitario. Hoy, a punto de cumplir 60, sostiene que reinventarse no tiene edad

María Ángeles ha encontrado en Alemania todo aquello que España no pudo darle

María Ángeles ha encontrado en Alemania todo aquello que España no pudo darle

Cedida

Hay una imagen que María Ángeles no olvida: la de ella misma, con casi 50 años y más de dos décadas como periodista a sus espaldas, enviando currículums a residencias de Aragón y Navarra, esperando una llamada que no llegaba, intentando convencerse de que la edad no era un problema. La sensación de haberse quedado fuera y de no encajar ya en ningún sitio era lo que más le dolía.

Mientras cuidaba de sus padres mayores se formó en atención sociosanitaria, pensando que aquel aprendizaje sería útil en casa y nada más, pero las prácticas en una residencia despertaron algo que llevaba tiempo latente: una segunda vocación. Cuando le preguntaron si estaría dispuesta a trabajar en Alemania, respondió que sí en cuestión de segundos, sin saber alemán y sin tener un plan claro, pero con la certeza de que quedarse, esta vez, era más arriesgado que marcharse. Hoy vive en Colonia, trabaja como auxiliar de enfermería y, a punto de cumplir 60 años, defiende que reinventarse no es una cuestión de edad, sino de decisión. Lo cuenta en Guyana Guardian.

Cambio de vida a los 50

22 años como periodista y sus inicios en atención sociosanitaria

Se fue a Alemania en 2015 después de más de 22 años como periodista en España. ¿Recuerda el momento exacto en el que entendió que tenía que marcharse?

Lo recuerdo perfectamente. Fue a finales de 2014, unos meses después de quedarme en paro tras más de 22 años trabajando en distintos medios. Ese primer año lo dediqué a formarme en atención sociosanitaria mientras cuidaba de mis padres. No lo hice pensando en una salida profesional, pero durante las prácticas descubrí que podía serlo. Envié currículums a residencias de Aragón y Navarra, pero apenas recibí respuesta. Intuí que, con casi 50 años y sin experiencia, estaba descartada. Por eso cuando surgió la oferta de una empresa alemana, dije que sí casi sin pensarlo.

En el trabajo junto a sus compañeras, celebrando el carnaval en Colonia
En el trabajo junto a sus compañeras, celebrando el carnaval en ColoniaCedida

¿Qué fue lo más duro de dejar atrás su identidad como periodista y empezar de cero en otro país?

Aunque pueda parecer extraño, dejar el periodismo fue una liberación. Las condiciones laborales se habían deteriorado mucho y cobraba menos que otros trabajadores de mi entorno. El sueldo que me ofrecieron en Alemania era impensable para mí como periodista. Hoy, como auxiliar de enfermería, cobro más del doble que alguien de mi categoría en España e incluso algo más que un sobrino mío ingeniero de 27 años. El dinero no lo es todo, pero cuando has pasado por el desempleo, la estabilidad tiene un valor enorme.

¿Cuándo descubre que quiere dedicarse al cuidado de los demás?

A los 50 años descubrí lo que llamo mi segunda vocación profesional. Creo que siempre estuvo ahí, pero eclosionó en las prácticas en una residencia geriátrica. Hay dos experiencias que han marcado mi vida: mi abuela paterna, que fue como una segunda madre para nosotros, y un grave accidente de tráfico del que tardé 14 meses en recuperarme. En la UCI y en la planta de Neurología observé cómo el trato amable de algunas enfermeras influía en el bienestar del paciente, y también cómo la frialdad de otras podía afectar emocionalmente. Eso me hizo comprender la importancia de la empatía en el proceso de recuperación. Además, desde joven he estado implicada en proyectos sociales y fundé una ONG de voluntariado con personas mayores, infancia marginada y personas con discapacidad intelectual.

Hubo momentos en los que se me hacía muy cuesta arriba y llegué a deprimirme

María Ángeles López

Formarse en otro idioma y en otro sistema sanitario no es habitual a esa edad. ¿Qué miedos tuvo?

El gran reto fue el idioma. Aunque gran parte del temario era similar al que había estudiado en España, todo era en alemán. Hubo momentos en los que se me hacía muy cuesta arriba y llegué a deprimirme. Me repetía que estaba haciendo trabajar mis neuronas y que eso sería positivo incluso para prevenir el alzhéimer. El miedo principal era no estar a la altura, pero comprobé que el esfuerzo constante y la disciplina dan resultados.

Tras 22 años como periodista en España, el mundo laboral cerró sus puertas para ella debido a su edad
Tras 22 años como periodista en España, el mundo laboral cerró sus puertas para ella debido a su edadGetty Images/iStockphoto

Cumple 60 años y abre una nueva etapa. ¿Qué le diría a quienes creen que ya es tarde para reinventarse?

Que es la excusa perfecta para quedarse en la zona de confort. Salir de ella exige determinación, energía y esfuerzo, pero merece la pena. Pensar que es tarde es hablar desde la emoción, no desde la razón. Es poner límites a nuestro potencial y, en cierto modo, empezar a deteriorarnos por dentro.

En ese proceso de cambio, ¿qué papel jugó su fe?

La fe fue un apoyo importante. En 2014 viajé a Madrid a la beatificación de Álvaro del Portillo, y aquella experiencia me marcó profundamente. Siempre he confiado en la providencia divina y en que, aunque no entendamos todo en el momento, las decisiones tienen un sentido. Esa confianza me dio serenidad para dar el paso y marcharme.

Cambio de vida a los 50

Un reconocimiento que no tuvo en España

¿Sintió que Alemania le exigía más por ser extranjera y mayor?

Alemania me ha dado lo que no encontré en España: trabajo, estudios y reconocimiento. Ser mujer en esta profesión es una ventaja, porque somos mayoría. La edad pesa en el sentido físico, ya que no soy tan rápida como las más jóvenes y mi resistencia al estrés es menor. Además, después de más de diez años todavía tengo dificultades con el idioma, pero oportunidades no me han faltado.

¿Qué le ha enseñado este trabajo sobre la vida y la dignidad?

Me ha enseñado la importancia de los hábitos saludables y del cuidado integral de cuerpo, mente y espíritu. He visto pacientes muy jóvenes en cardiología que han abusado del alcohol o las drogas y han llegado demasiado tarde. También he aprendido que el respeto, la escucha, la amabilidad y la sonrisa son la base para construir confianza. Un paciente es una persona con dignidad, derechos y emociones. El dolor vivido en primera persona ayuda a empatizar con el ajeno.

Su trabajo como enfermera le ha dado otro prisma distinto, que ha descubierto que le encanta
Su trabajo como enfermera le ha dado otro prisma distinto, que ha descubierto que le encantaGetty Images

¿Hubo algún momento que le confirmara que todo el esfuerzo había valido la pena?

Sí. Cuando presencié como alumna en prácticas la extirpación de un tumor cerebral maligno en la Clínica Universitaria de Colonia. Fueron más de ocho horas de intervención. Me impresionó la resistencia del cirujano y la coordinación del equipo. Al día siguiente tomé las constantes al paciente y su expresión de felicidad por el éxito de la operación no la olvidaré nunca. Entendí que la tecnología y el trabajo humano pueden cambiar el destino de una persona.

Mirando atrás, ¿qué ha perdido y qué ha ganado?

No siento que haya perdido nada. Echo de menos el sol y a mi familia, pero la tecnología acorta distancias. He ganado la experiencia de trabajar en equipos multiculturales, aprender de personas de más de 150 nacionalidades y cumplir sueños como cantar en un coro o estudiar teatro. Nunca habría imaginado esta vida.

Si pudiera hablar con la María Ángeles de 2015, recién llegada a Alemania, ¿qué le diría?

Que no haga planes a largo plazo, que se marque metas realistas, que confíe en quienes la ayudan y que no se autocensure. Que arriesgue, que nada es imposible y que el miedo no puede paralizarla. También que defienda sus derechos, como hizo cuando reclamó una indemnización que le correspondía, y que abrace cada día, incluso los más duros, porque forman parte del camino.

Joel Sáez Vargas

Joel Sáez Vargas

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Graduado en la Universitat Internacional de Catalunya y con un máster de periodismo deportivo cursado en UPF Barcelona School of Management he trabajado durante estos años en proyectos de redacción, cobertura de eventos y creación de contenido para redes sociales. Actualmente en el equipo de Audiencias de Guyana Guardian.