Pau Puigdomènech, padre de 5 hijos: “Muchos creen que no se puede tener una familia grande por falta de dinero”
Familia numerosa
Más allá del desorden y las rutinas, el verdadero reto es equilibrar amor y tiempo

La familia al completo, posando en el salón de su domicilio

En una familia numerosa, la rutina casi nunca transcurre tal como se había planeado. Zapatos que desaparecen a última hora, agendas que chocan entre sí, cenas que se resuelven sobre la marcha y desacuerdos que surgen sin previo aviso forman parte de lo cotidiano. Cada contratiempo se amplifica y lo que para alguien sería un simple descuido se convierte en toda un reto organizativo. Cuando por fin llega la noche, incluso con la casa revuelta, queda la certeza de que todo el esfuerzo tiene sentido y de que, pese a las complicaciones, la vida está repleta de instantes que realmente merecen ser disfrutados.
Pau Puigdomènech tenía 28 años cuando se casó con su esposa Isabel. De algún modo, la idea de una casa llena de vida ya formaba parte de su historia. Ambos crecieron rodeados de hermanos, ella entre nueve y él entre cinco, así que nunca imaginaron un hogar silencioso. En medio de ese ritmo intenso, este padre de familia numerosa ha aprendido a relativizar, priorizar y a encontrar sentido en los pequeños momentos que aparecen cuando la casa por fin se calma. En una conversación con Guyana Guardian, Puigdomènech ha reflexionado sobre los retos, los sacrificios y la parte más bonita de tener una familia numerosa.

Decisiones que marcan la crianza
Cuando piensa en su vida como padre, tiene claro que la logística es el factor más importante. Para él significa saber qué sucede en todo momento y, sobre todo, aprender a aprovechar cada instante, ya sea para resolver conflictos en casa o para encontrar un pequeño espacio propio.
Parte del plan familiar incluye algunas decisiones a largo plazo, como la norma de no permitir pantallas entre semana y mirar solo dos películas el sábado y el domingo. Como padres, se encargan de recordarle a su hija de 10 años que no podrá acceder a un teléfono móvil hasta que tenga 16 años: “Según las circunstancias, veremos si podemos cumplir nuestro reto y objetivo. Cuanto más tarde lo tenga, mejor”, afirma con seguridad. La edad media a la que los niños y niñas en España reciben su primer teléfono móvil ha ido bajando en los últimos años: según un estudio publicado en 2025, esa media está en alrededor de los 12 años, aunque solo un 22 % de los padres considera que es una edad adecuada para ello.
Pau defiende que gestionar una familia numerosa está al alcance de todo el mundo. En su discurso, habla del valor que realmente deberíamos dar a las cosas más importantes: “Nosotros no es que tengamos mucho dinero. Mi mujer es enfermera y yo soy profesor. Cuando la gente piensa en una familia numerosa, muchos creen que no pueden tener más hijos porque no tienen dinero y puede que no sea del todo cierto. El problema es que quizás estamos destinando demasiado dinero a otras cosas que no son tan importantes”, afirma. Criar hijos exige creatividad, organización y conciencia de las prioridades, más que disponer de grandes presupuestos.

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La gestión del tiempo, el verdadero reto
La paternidad de una familia numerosa ha transformado, sobre todo, su relación con el tiempo. En ese contexto, el espacio personal se vuelve escaso y adquiere un nuevo valor. Actividades tan simples como ir al supermercado o dar un paseo, sin estar pendiente de nadie, se convierten en pequeños oasis. En esas escenas cotidianas, Pau ha descubierto que la felicidad está en lo más simple.
Si tuviera que señalar una clave para la convivencia, el padre remarca la importancia de ser consciente de lo que necesita cada hijo en todo momento: “A veces basta con redirigir la atención, otras con escuchar y, en ocasiones, poner límites claros. No está de moda, pero en mi caso se dice mucho eso de 'te vas a tu habitación porque lo digo yo'. Dejémonos de historias de crianza respetuosa. Sí creo en ella, pero hay momentos en los que hay que saber imponerse como padre”, comenta. La disciplina no se opone al cariño, sino que es parte de un equilibrio que mantiene la armonía y enseña a los niños a convivir.

Logística y sacrificio
Pensar en la logística de una familia numerosa parece algo inabarcable. Junto a Isabel, han decidido dar importancia a lo que realmente la tiene: “Si algo es importante encontraremos el momento”, afirma. Por eso intentan elegir actividades cerca de casa y no complicar en exceso la agenda familiar. La experiencia los ha obligado a ser conscientes que si uno de los dos se pone enfermo todo el engranaje se desajuste, así que prefieren mantener una vida lo más simple posible.
Cuando habla de sacrificio no menciona renuncias concretas, sino algo más difuso pero constante: “El mayor sacrificio es el tiempo. He tenido que aprender a gestionarlo de manera distinta”, dice con naturalidad. Ahora reduce espacios y ha optado por dejar algunas cosas en pausa, pero siente que simplemente está viviendo una etapa distinta. A veces imagina otras vidas posibles, pero tiene claro que la que vive ahora intenta habitarla plenamente.

Y cuando cae la noche, después de horarios, peleas, comidas y tareas que se encajan como piezas de un puzle imposible, Pau se detiene un momento y respira. Lo que nadie suele decir es que cada sonrisa inesperada, cada gesto de autonomía de sus hijos y cada instante compartido se convierten en pequeñas victorias que llenan la vida de sentido. Criar cinco hijos no es fácil, ni siempre ordenado, ni siempre perfecto, pero es intenso, lleno de aprendizaje y, sobre todo, lleno de amor. Y en medio de todo ese desorden ha aprendido la lección más importante: que la verdadera riqueza no se mide en horas libres ni en dinero, sino en la capacidad de vivir cada momento con ellos, con paciencia, humor y la certeza de que, pese a todo, todo vale la pena.

