Un viaje a través del vino
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Hablamos con el productor y el asesor vinícola de 'Las gotas de Dios', que regresa el miércoles a Apple TV con la segunda temporada

Fleur Greffier en una de sus ensoñaciones sensoriales.

En términos televisivos, estrenar una nueva temporada cada tres años es una maniobra arriesgada. Existe la posibilidad de que el público no esté esperando. Pero Las gotas de Dios, que sorprendió en 2023 con una mezcla entre drama familiar, thriller psicológico y mucho vino, se tomó el proceso de producción con calma. No era solamente una cuestión de logística sino también de reflexión detrás de las cámaras. “Queríamos que hubiera pasado un tiempo porque para los personajes también han pasado dos años, y queremos que el público lo sienta”, defiende el productor ejecutivo Klaus Zimmermann.
En la primera temporada, Camille Léger (Fleur Geffrier) descubría que, si quería heredar la millonaria colección de vino de su padre, tenía que competir con Issei Tomine (Tomohisa Yamashita), el mejor alumno del difunto en sus clases de enología. Solo uno de los dos podía llevarse la fortuna y, por el camino, descubrieron que eran hermanos.
Larga ausencia
“Queríamos que hubiera pasado un tiempo porque para los personajes también han pasado dos años, y queremos que el público lo sienta”
Ahora, Issei está en un momento vulnerable: saber que era un hijo ilegítimo y los favoritismos de su padre por su hermana le adentraron en una crisis existencial. Incluso se tambalea su buena relación con Camille, que se esfuerza por estrechar los lazos fraternales. Sin embargo, sus caminos (y sus instintos más competitivos) se vuelven a cruzar cuando les llega el vino favorito de su padre sin etiqueta. Así se embarcan en un viaje para descubrir su procedencia que les llevará a Georgia.
“La idea era ir a un sitio al que nadie esperase que fuéramos a ir, que no fuera conocido por el vino. Georgia tiene sentido porque los orígenes del vino vienen de allí, y encima es un buen sitio por descubrir porque es visualmente atractivo, tiene historia y una cultura muy rica”, explica Zimmermann.

En el trayecto, otra vez escenas sensoriales como la hipnótica apnea del primer episodio (“la encontramos en el manga, que tiene 44 volúmenes”) y una fusión de las miradas francesas y japonesas que impregnan la serie: “Oded Ruskin, nuestro director, es israelí y no habla ni japonés ni francés. Cuando entra en estas culturas, tiene los sentidos muy activados para después poder capturar en la historia lo que le parece auténtico”.
Para asesorar en las cuestiones vinícolas, repite otra vez Seb Pradal, experto en la materia. En la primera temporada, se aseguró de que el equipo entendiera cómo funciona el trabajo de sommelier, las competiciones o la vinificación: “A partir de nuestras conversaciones, tuvieron ideas alrededor de qué sentíamos al probar un vino y las notas que tiene cada vino”.
“Es complicado hablar de vino porque, la verdad, hay que beberlo con moderación pero con pasión. Para la cultura latina es fácil de entender pero hay países donde comen por comer y beben por beber”
Para Pradal, Las gotas de Dios ayuda a contar al mundo que “el vino es una conexión social que une a la gente”: “Es complicado hablar de vino porque, la verdad, hay que beberlo con moderación pero con pasión. Para la cultura latina es fácil de entender pero hay países donde comen por comer y beben por beber”.