La amistad, la mejor terapia
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'Terapia sin filtro' debería dejar de estar tapada en el catálogo de Apple TV

Jason Segel, además de protagonista, es cocreador junto a Bill Lawrence y Brett Goldstein.

Escribir una comedia tierna y feel-good que aspira a hacer reír y emocionar al espectador (o por lo menos mantenerlo con una sonrisa perenne en la cara) es una tarea complicada. Los guionistas deben asegurarse de que los instantes más emotivos se sientan orgánicos y estén bien engrasados entre el humor. No son pocas las producciones que caen en el error de colocar más peso en el drama que en la comedia. Bill Lawrence, sin embargo, se ha convertido en un especialista en la materia, serie a serie, con Terapia sin filtro como máxima demostración de esta búsqueda artística.
Solo hace falta ver la trayectoria. El guionista, que tuvo sus primeros éxitos con Spin City y Scrubs, convirtió una comedia aparentemente frívola como Cougar Town en una de las series más acogedoras de la televisión desde su estreno en 2009: ver a Courteney Cox diciendo chorradas significaba sentirse parte de su pandilla de amigos y de su íntima y excéntrica forma de relacionarse. Once años más tarde, sofisticó la fórmula con más ternura y la búsqueda directa de un público masculino con Ted Lasso, que creó con Jason Sudeikis, Brendan Hunt y Joe Kelly. Era una combinación perfecta de chistes y corazón, sobre todo en sus inicios, que le permitió ganar dos premios Emmy consecutivos a la mejor serie de comedia.

Terapia sin filtro, que llega el próximo miércoles, fue creada en 2023 antes de la emisión de la tercera temporada del entrenador de fútbol en una colaboración a tres bandas: Lawrence estaba acompañado de Jason Segel, que también la iba a protagonizar, y Brett Goldstein, guionista de Ted Lasso y ganador de dos premios Emmy como Roy Kent en la misma ficción. La premisa era interesante: una comedia sobre el duelo.
En ella, Jimmy Laird (Jason Segel) es un psicólogo que ha perdido el rumbo desde la muerte de su mujer. Es un padre negligente para Alice (Lukita Maxwell), una adolescente que ya ni se extraña si se encuentra a Jimmy drogado o conoce a prostitutas en la cocina de casa mientras desayuna. Por suerte, tiene un arsenal de amigos para intentar superar la muerte de Tia o, por lo menos, tener una vida funcional.
Están su jefe (Harrison Ford), su compañera de trabajo (Jessica Williams), su mejor amigo (Michael Urie) y la vecina (Christa Miller), que alimenta a su hija cuando él está de fiesta o casi comatoso. El único rincón de su vida en el que no quiere censurarse es en la consulta, donde empieza a tratar los problemas de sus pacientes con soluciones radicales.
En los inicios, esta aproximación a la psicología se ganó las críticas de la profesión por problemática y ridícula. Pero, de la misma forma que Ted Lasso pide al espectador que compre su fantasía futbolística, aquí se puede entrar en un universo de ficción que tiene un solo propósito: reflexionar sobre la pérdida a través de la amistad como método de curación. ¿El secreto? Las relaciones de amistad tan características de Bill Lawrence, que encuentra los detalles, chistes internos y manías para convertir en únicas las interacciones.

Y, si en la segunda temporada Brett Goldstein se contrató como actor para interpretar al culpable de la muerte de Tia, con su correspondiente arco sobre el perdón, esta vez Terapia sin filtro quiere tratar cómo incluso la persona más herida puede plantearse la posibilidad de enamorarse otra vez. ¿La candidata? Una Cobie Smulders que ya protagonizó nueve temporadas de Cómo conocí a vuestra madre con Jason Segel y que, ya en su cameo en la anterior temporada, exhibió una química adecuada con su compañero de escena.
Este no es el único fichaje interesante: Michael J. Fox, que no trabajaba como actor desde 2020 en The Good Fight, aparece para dar profundidad a la trama de párkinson del personaje de Harrison Ford. En una serie sobre la pérdida y el duelo, también merece atención cómo se diseccionan las emociones del miedo a perderse a uno mismo. El antiguo Indiana Jones, que conste, tiene dificultades para integrar su carisma de antaño a las necesidades cómicas del papel.

