Muere el viajero español más intrépido: movilizó a Felipe González en Afganistán, fue pistolero y escapó de piratas

Obituario

Jorge Sánchez, que publicó más de 40 libros y dio siete vueltas al mundo, falleció al acabar 2025: su historia y sus peripecias son únicas en el estado español

Jorge Sánchez

Jorge Sánchez

En los últimos días de 2025 se despedía en L’Hospitalet el que, seguramente, haya sido el mayor viajero español de los últimos tiempos y considerado uno de los cinco más grandes del mundo. Jorge Juan Sánchez García (L'Hospitalet, 1954-2025) ya no está en este mundo, que le vio patearlo del uno al otro confín.

En 2003 completó la visita a los 193 países reconocidos por la ONU, incluidas sus regiones y territorios de ultramar. A partir de entonces, se dedicó a ampliar su currículo viajero trasladándose a islas de difícil acceso o recorriendo todas las regiones del globo terráqueo. Así, llegó a conocer los 85 territorios de Rusia, explorar los 32 que conforman México, los 27 de Brasil, los 24 de Argentina, los 50 de EEUU o las 34 divisiones de China. Todo lo que vivió y experimentó está reflejado en sus más de 40 libros de viajes, una especie de compendio a lo Simbad el Marino en los que se mezclan odiseas, avatares, sufrimientos y cantos de sirenas legendarias. Siete vueltas al mundo completas son otro de los logros que jalonan su asombrosa biografía viajera.

Sánchez no era un viajero al uso. Una pequeña mochila con una muda era suficiente para él. No le interesaba publicitar sus gestas, sino aprender personalmente de lo viajado, reflexionar y transcribir sus experiencias. Él quería imitar a Marco Polo (otro de sus héroes), descubrir lugares nuevos, los más difíciles, caminando o utilizando los transportes locales. Se ganaba la vida como guía turístico y trabajaba por el mundo para poder costearse los viajes. Empleó 30 años de su vida en ello.

Sus vivencias dan para una serie. Estuvo en prisión por atravesar fronteras prohibidas en Chad, Paraguay y Georgia. Fue capturado por las guerrillas de las FARC en la cordillera de los Andes. Le encerraron en un calabozo al ser confundido por mafioso en las Islas Bermudas. Fue punto de mira de armas de fuego en El Salvador, en Nicaragua en tiempos sandinistas, y en la zona tamil de Sri Lanka. Le condenaron a cinco años de cárcel por ‘espía’ en Kabul (y tuvo que intervenir Inocencio Arias, que era el embajador de la ONU, y Felipe González, presidente del Gobierno); viajó en pateras a Borneo con los badjaos esquivando a los sanguinarios piratas joloanos del archipiélago filipino de Sulú; estuvo cerca de la muerte cuando, enfermo de malaria, fue atacado por hormigas carnívoras ‘magnan’ en las junglas del Parque nacional Taï de Costa de Marfil...

Se vio con un revólver calibre 38 en el cinto en un centro de narcotraficantes peruanos del Amazonas, donde trabajaba de 'pistolero' en un club de alterne. Sobrevivió de milagro al maleficio de Nan Madol en la isla micronesia de Pohnpei. Le bombardearon cazas rusos en los valles del Hindu Kush, y aviones ingleses y estadounidenses en Bagdad en tiempos de Saddam Hussein. Fue expulsado de la belicosa isla de Bougainville por los guerrilleros. Le deportaron de Somalia, Kazajstán, Sudáfrica, Colombia, Sinkiang, Afganistán, Tíbet, y del impenetrable Reino de Mustang en el Himalaya. Fue buscador de oro en las selvas entre Bolivia y Madre de Dios... Y así se podría seguir explicando sus viajes. El último no podrá contarlo.

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