
Disgustos y razones
Todo disgustos. Pongo la tele y todo son disgustos. En el programa En boca de todos (Cuatro, lunes pasado), del muy amarillista Nacho Abad –y así le va bien–, convocan a Fran Rivera para que nos glose su jocosa petición a Donald Trump de que se lleve de España a cierto gobernante, pero enseguida se enfada (e interrumpe la conexión) –¡qué mecha tan cortísima!– al oír a uno de sus tertuliano cuestionar –jocosamente también– su carrera como torero. Qué disgusto.
DESAFÍO. Más disgustos: Pilar Rubio llora durante el concurso El desafío (Antena 3) al ver en peligro físico a su amiga Patricia Conde mientras maniobra un coche en una rampa (ni gran peligro y estaba ensayado). Qué disgusto.
“Querer tener razón es de mala educación”, nos enseñó Borges, y lo pienso ante el debate fino de ‘I tu, què faries?’
‘GH DÚO’. Más disgustos, y en este caso, mío: debuta GH Dúo 4 (Telecinco, jueves pasado), variante del inagotable formato de Gran Hermano , y encima obtiene un suculento 13% de cuota. Veinte años después de creado el formato, aún miramos a cobayas recluidas. Qué pereza ver a Carmen Borrego o Belén Rodríguez. El disgusto lo mitigará el bailarín flamencoide Antonio Canales, desquiciada personalidad que regalará algún instante “memeable”.
DEBATE.. Más disgustos. Debuta I tú, què faries? (La2Cat, miércoles noche), programa de debate (¡por fin!) En el que se habla de todo (¡por fin!), pero –qué disgusto– no pude discutir con los ponentes o lanzarles preguntas aún más binarias y aviesas que las que propone su moderador –agitador– Patrick Urbano. Balbín cerraba La clave con preguntas que los telespectadores formulaban por teléfono (la emisión era en directo). Un colofón así brillaría en este programa, por lo demás apetitoso: debaten personas elocuentes y con criterio propio, porosas al roce de ideas y abiertas a sopesar las razones del otro. “Querer tener razón es de mala educación”, enseñaba Borges con razón. Una persona es más que una idea, porque no tienes ideas..., ¡las ideas te tienen a ti! Hay ideas de una parte de tu vida e ideas que te tienen por la mañana y otras llegan por la tarde. Mi lema: “Toda persona es sagrada y toda opinión es rebatible”. O sea, toda persona –por serlo– es respetable, y ninguna opinión –por serlo– es respetable. Separar ideas de personas es la civilización: ¡profesores, enseñadlo en clase! Lo emocionante es, ¡siempre!, discutir. – @amelanovela
