El hospital de Sant Pau confía en la IA para humanizar más la medicina
Los retos de la sanidad
Doscientos expertos debaten sobre la tecnología de la salud en unas jornadas celebradas en Barcelona

Patricia Pesudo, directora del campus Salut de Sant Pau, durante su intervención

El hospital de Sant Pau de Barcelona ejemplificó este martes cómo la medicina avanza a la velocidad de la luz para no moverse ni un milímetro de su objetivo: cuidar a las personas, curarlas, ayudarlas. Más de 200 expertos internacionales, incluidos los representantes de farmacéuticas punteras y de empresas emergentes o startups de referencia, debatieron sobre las inmensas posibilidades de la inteligencia artificial (IA) en el ámbito de la salud.
A unos centenares de metros de la sala donde se celebraba este encuentro está el pabellón de la Victòria, futura sede de un hospice o albergue en el que se cuidará “la vida de los niños con enfermedades que no se pueden curar”. El proyecto está impulsado por la fundación de oncología infantil Enriqueta Villavecchia, cuya brújula solo indica un norte: una medicina lo más humana posible.
Aunque parezca un oxímoron (inteligencia artificial humana), esa es también la brújula del encuentro del martes en el recinto modernista del Sant Pau, coorganizado por el propio hospital y Plug and Play, una plataforma de innovación con origen en Silicon Valley y raíces en Barcelona (de hecho tiene más de 60 centros en todo el mundo “para conectar empresas emergentes y fomentar el progreso tecnológico y económico”).
Un caso práctico
La tos, esa “chivata”
Las conferencias de Barcelona Health Expo se desarrollaron en inglés, la lingua franca de la ciencia. Hubo muchos neologismos y términos que incluso filólogos avezados no sabrían traducir al castellano o al catalán. Pero se entendió todo: bien utilizada, la IA no es una amenaza, sino una aliada. Tamsin Chislett, consejera delegada de Hyfe, lo explicó con un caso práctico.
“Antes, cuando íbamos al médico por un resfriado, nos preguntaban si tosíamos mucho”, dijo esta experta. Eso es, agregó, “como si el médico intentase saber si tenemos fiebre poniéndonos la mano en la frente. Hemos desarrollado una aplicación que indica cuántas veces, en qué franjas y con cuánta frecuencia tose el paciente. Y todo queda reflejado en su móvil”.
Jaume Miralles, director de Intel·ligència Artificial, Eficiència i Dades de la Generalitat, explicó que la IA puede contribuir a “una medicina más inclusiva y humana”, con diagnósticos “más personalizados y precisos”. Parecidas opiniones sostuvieron Patricia Pesudo y Jorge Juan Fernández, dos de los responsables de innovación en el Sant Pau y el Clínic. Los hospitales de hoy, dijo la primera, “ya no solo necesitan doctoras y enfermeros: también ingenieros e ingenieras”.

“La IA puede mejorar la calidad de la atención sanitaria y hacer que sea más accesible”, aseguraron Seena Amidi, Osama Alsaleh y Àlex Tortosa, de Plug and Play. ¿Ejemplos? Ofreció uno muy revelador Ana Jiménez-Pastor, de Quibim. Esta empresa, con sede en Valencia y oficinas en Barcelona, aplica la IA a las imágenes médicas y ha desarrollado QP Prostate.
El nombre de esta herramienta de inteligencia artificial es cada vez más conocido en el campo de la urología, entre otros. QP Prostate es capaz de detectar lesiones de próstata que pueden escapar al ojo de un radiólogo experto. No se trata de sustituir el dictamen humano, pero sí de ayudarle con una segunda opinión (“detrás de los algoritmos debe haber siempre una persona”, dijo otro de los intervinientes).

“La innovación ha de ser efectiva y segura”, fue la conclusión de la mesa redonda en la que participaron Mar Gomis, directora de salud digital de Sant Pau, y Mariona Sanz, directora del centro de supercomputación de Barcelona. “No quiero parecerme a Donald Trump, pero conviene que Europa invierta más en innovación y sanidad y que se diversifiquen las áreas de investigación, de lo contrario...”, dijo Ulrik Nielsen.
De lo contrario, “campos muy importantes, como el de las enfermedades infecciosas, pueden verse relegados por los trabajos para combatir la obesidad, como algunos podrían pensar que pasa ahora en Estados Unidos”, señaló este ponente, representante de Mission Biocapital, una de las 600 empresas con las que colabora la plataforma organizadora del encuentro. Otra de esas firmas es Ivoclar. Su portavoz, Michael Krug, se llevó una de las grandes ovaciones de la jornada cuando afirmó: “Si no asumes riesgos ya estás incurriendo en una actitud de riesgo. Hay que moverse, avanzar, apostar”.
