“Deberíamos tener herramientas educativas para afrontar situaciones adversas”
Josep A. Ramos Quiroga
Jefe de Psiquatría de Vall d'Hebron y presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría

Josep Antoni Ramos Quiroga, en dependencias de Vall d'Hebron

El mayor hospital de Catalunya celebra el 25.º aniversario de la creación de su servicio de Psiquiatría. En este período la especialidad ha experimentado grandes avances, pero la atención a los pacientes y el acceso a los tratamientos sigue presentando notables carencias, según Josep Antoni Ramos Quiroga (Barcelona, 1971), jefe de Psiquiatría de Vall d’Hebron, el hospital donde nació, y presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría.
Los avances
“Una persona puede manejar la esquizofrenia con solo dos inyecciones al año”
¿Por qué la demora en la creación de su servicio en el hospital?
Antes las personas iban al antiguo instituto psiquiátrico municipal, pero era un error. A partir del año 2000 el Departament de Salut entendió, finalmente, que no podía ser que las urgencias de psiquiatría estuvieran fuera del marco de un hospital general. Fue un gran cambio: la posibilidad de acceso a una medicina de vanguardia y a la altura del resto de especialidades.
¿Los últimos 25 años son una edad dorada de la psiquiatría?
La psiquiatría tiene varias. Una es a finales de los 50, 60, la gran revolución a nivel psico-farmacológico. Antes no había antidepresivos ni antipsicóticos. Los últimos años han significado la expansión de los servicios comunitarios, hospitales de día, centros de atención infanto-juveniles. Ahora tenemos conocimientos como nunca antes del origen de los trastornos mentales: hay más de 200 variables genéticas que configuran un mayor riesgo, lo que nos permite, incluso, hacer modelos predictivos y se pueden llevar a cabo tratamientos psicosociales que nos permitan evitar la enfermedad. Sabemos mucho mejor el efecto que tienen las adicciones, en concreto el cannabis, sobre los primeros episodios psicóticos. Tener medicamentos es la gran revolución. Una persona que convive con la esquizofrenia ahora tiene la posibilidad de manejarla con solo dos inyecciones al año, sin tener que tomar una medicación diaria. O poder tratar depresiones gravísimas, que tienen un alto riesgo de suicidio, con medicación intranasal que tiene una respuesta elevadísima en el 80% de los casos. En estos 25 años se han desarrollado tratamientos de neuromodulación cerebral no invasiva e invasiva.

¿La patología mental está dejando de ser tabú?
Es uno de los cambios destacados. El papel de personajes como deportistas de élite explicando que en algún momento han tenido que parar por un problema de salud mental hace que la gente vea que todo el mundo tiene el derecho a enfermar, igual que cualquier persona puede tener un infarto. Eso ha roto el tabú, y ahora nos encontramos un reto, el de la fluidez de los servicios. No puede ser que a la gente que se da cuenta de que tiene dificultades no podamos darle una atención adecuada. Estamos en una situación de incremento de prevalencia de algunos trastornos y tenemos que ser ágiles. Y tenemos que incluir una palabra, que es la prevención. Sabemos cómo evitar males mayores.
No todo el mundo tiene un Vall d’Hebron a mano.
El reto es que los avances lleguen al día a día y que se garantice la equidad estés donde estés. Por ejemplo, existe un tratamiento para evitar el deterioro cognitivo de las personas con trastorno bipolar o con esquizofrenia que tenemos que garantizar para todo el mundo. O que las personas accedan de manera ágil a medicamentos como la esketamina para la depresión mayor resistente. O garantizar un mayor uso de la clozapina, que es un antipsicótico clave para el manejo de la esquizofrenia que no responde bien a diferentes tratamientos. Es muy antigua y muy barata, pero hay que garantizar que su uso sea ágil porque se han de hacer pruebas de laboratorio y a veces la gente en un poco reticente. La psiquiatría cada vez será más compleja en cuanto a pruebas complementarias o la capacidad de aplicar tratamientos más costosos y personalizados, como el resto de la medicina.
¿La pandemia marca un antes y un después en el malestar emocional de la sociedad?
Sí. Y también, de alguna manera, ha introducido un poco de ruido. El malestar emocional forma parte del vivir. El hecho de vivir, en sí mismo, puede comportar algún momento de malestar emocional sin que esto requiera ir al psiquiatra o al psicólogo. Tendríamos que tener herramientas educativas que nos permitan afrontar las situaciones adversas. Estos cuadros de malestar emocional, si no tienen una buena canalización, a veces se pueden complicar y pueden derivar en una depresión o una ansiedad importantes. Vemos que personas con trastornos graves no están recibiendo la atención adecuada.
Prevalencia al alza
“Cada año aumentamos un 10% las urgencias de psiquiatría y un 20% las de infanto-juvenil”
¿Qué le falta al sistema en cuanto a salud mental?
Que las urgencias psiquiátricas tengan los espacios y los recursos humanos necesarios para afrontar la ola que estamos viendo. Nosotros cada año incrementamos un 10% las urgencias de psiquiatría y un 20% las de psiquiatría infanto-juvenil. En Vall d’Hebron tenemos un centro específico de salud mental con recursos humanos, pero hay muchos hospitales que no lo tienen y los pacientes están en los boxes de medicina. Se requieren salas, dentro de las urgencias, para situaciones de agitación psicomotriz, donde se rebaja esta agitación sin necesidad contención física. Otro aspecto es la hospitalización a domicilio. Tenemos que garantizar que determinadas personas puedan seguir la terapia en su casa porque los médicos y las enfermeras del hospital van al domicilio cada día. El tercer aspecto es, para mí una situación esperpéntica: en Catalunya todavía no existe una historia clínica compartida entre la salud mental comunitaria y la atención que se hace en los hospitales. Para finalizar, que se implemente una estrategia clara de salud mental digital. Hay recursos digitales para la depresión, para la ansiedad. No requieren verse directamente con el psicólogo. El médico o enfermera de primaria podría prescribir y hacer una manejo ágil de estas situaciones.
¿Cómo andamos de personal y recursos?
Faltan más hospitales de día, sobre todo, y psicólogos clínicos.
Usted es experto en TDAH. ¿Es una problemática mal resuelta?
Trastornos del neurodesarrollo como el autismo o el TDAH, no solo son de niños y adolescentes, afectan a persones adultas y en diferentes grados. Deberíamos tener un plan nacional específico como Francia, que fija en qué nivel se visita cada tipo de TDAH porque no todo TDAH es igual de grave. En Barcelona ciudad el Vall d’Hebron es unidad de referencia en atención al TDAH a lo largo de la vida, pero en otras ciudades no existe esta referencia.

