Pastillas que quitan el sueño… y otras para dormir: el círculo vicioso del insomnio
Bienestar
Más de 500 fármacos, muchos de uso común, inciden en los problemas de sueño

La amoxicilina, las estaninas o la prednisona, entre otros fármacos, pueden provocar insomnio

“Antes de tomar melatonina o cualquier otro remedio o pastilla para dormir, revisa tu medicación habitual”. La recomendación es de Francisca González, miembro del grupo de fármacos de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc), a quien preocupa el número creciente de personas, incluidos muchos menores, que recurren a sustancias con o sin receta para dormir sin cuestionarse el origen de su insomnio.
“Muchas personas llegan a la consulta quejándose de que no duermen y pidiendo que les recetes algo para descansar por la noche, sin asociar que eso le pasa desde que toma un antibiótico, unas pastillas para el colesterol, para la hipertensión o para dejar de fumar, y caemos en una prescripción en cascada: se prescribe un fármaco para controlar los efectos secundarios de otro”, explica González.
Porque el insomnio no es un efecto secundario raro. Figura en la ficha técnica de, al menos, 521 principios activos de fármacos muy habituales. “Hablamos de efectos que, según los laboratorios, quizá afectan a una de cada 100.000 personas, pero la frecuencia real puede ser superior porque, si ni el paciente ni el médico reporta los casos reales, la agencia del medicamento no exige a las compañías que rectifique los datos iniciales de los ensayos”, indica la doctora.
Un ejemplo de fármacos que interfieren en el sueño son los antibióticos. “En este caso igual solo lo tomas ocho días y no piensas que duermes mal por el medicamento sino por el flemón o por la neumonía para el que te lo mandaron”, comenta la doctora.
La gente ve que no duerme pero no lo achaca a la pastilla que se toma cada noche para el colesterol, y se toma otra para dormir”
Pero el problema se amplifica cuando se trata de fármacos para enfermedades crónicas. Es el caso de las estatinas, que tienen ese efecto adverso y se recetan para controlar los niveles de colesterol. “La gente ve que no duerme pero no lo achaca a la pastilla que se toma cada noche para el colesterol, así que decide tomarse otra pastilla para dormir”, dice González.
Apunta que lo mismo ocurre con gran parte de los fármacos para tratar la hipertensión (como el losartan o el enalapril, entre otros) y los diuréticos con que se acompañan, como la torasemida. Pero también con la prednisona y otros corticoides de uso habitual, incluida la fluticasona y otros principios activos presentes en los inhaladores que usan las personas con problemas de asma.
Más ejemplos
“También pueden interferir en el sueño los descongestionantes y antigripales de uso común que llevan pseudoefedrina, los medicamentos para dejar de fumar, muchos antiinflamatorios (desde los clásicos como el ibuprofeno hasta los más nuevos como el celecoxib), algunos antimigrañosos como el rizatriptán, la pregabalina (que se receta para dolores y ansiedad), la levodopa (para el Parkinson), los betabloqueantes indicados para arritmias, antidepresivos como la fluoxetina o la paroxetina, e incluso la vitamina C y algunas del grupo B”, resume la experta en fármacos de Semfyc.
Manuel Entrambasaguas, neurofisiólogo y miembro del grupo especializado en insomnio de la Sociedad Española del Sueño, asegura que para la mayoría de personas que toman esos fármacos la alteración del sueño probablemente no sea relevante, “pero lo importante es que si un paciente tiene cualquier síntoma, incluido el insomnio, lo mencione a su médico para que pueda valorar si hay otro tratamiento posible, si le puede modificar la dosis o el momento de la toma”.
La solución no es suspender sin más el tratamiento; ha de ser el médico quien analice el coste-beneficio
Porque, dice el especialista, a menudo estos fármacos se prescriben en atención primaria sin revisar de forma exhaustiva todos los efectos adversos, “pero el profesional debe tener en cuenta el contexto y hacer seguimiento para ver si surge alguno (como el insomnio) y, en ese caso, ver si tiene oportunidad de sustituirlo”.
Más allá de los fármacos
Algunos alimentos y bebidas, y las pantallas, también dificultan el sueño
Manuel Entrambasaguas, neurofisiólogo y miembro del grupo especializado en insomnio de la Sociedad Española del Sueño, explica que no son solo los fármacos los que pueden alterar el sueño. También hay otras sustancias estimulantes, como las bebidas energéticas, los productos con cafeína o con taurina, determinados complementos alimenticios y drogas (como la cocaína) que pueden provocar insomnio.
Y también hay alimentos desaconsejados si lo que se busca es dormir bien. “Hay cosas que no deberíamos comer a última hora del día, antes de irnos a la cama, porque producen un pico alto de azúcar, como los dulces industriales o las harinas refinadas”, comenta Entrambasaguas. También desaconseja ingerir alcohol -”inicialmente tiene efecto sedante pero luego fragmenta el sueño”, explica- y picotear durante la noche “porque activa el sistema digestivo y los mecanismos de la vigilia”.
Por contra, dice que una cena ligera con frutos rojos, frutos secos, panes y pastas integrales, y queso fresco ligero puede ayudar a conciliar el sueño porque algunos de esos productos contienen precursores de la melatonina.
La doctora Francisca González, de Semfyc, subraya que, si se duerme mal, antes de recurrir a somníferos, conviene revisar también otros hábitos que afectan al sueño, como fumar o el uso de pantallas antes de irse a al cama.
González coincide en la recomendación de que si uno duerme mal y está tomando fármacos lo comunique a su médico. “En ningún caso la solución es suspender sin más el tratamiento; ha de ser el médico quien analice el coste-beneficio del mismo o si hay otra alternativa”, concluye.
