Longevity

“Se dice que el frío empeora la artrosis, pero en realidad es que el cuerpo se mueve menos de lo que le conviene”: así se puede combatir el dolor articular en invierno 

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Hasta el 70% de la población de más de 50 años tiene signos de artrosis en alguna articulación y al llegar a los 75 años, hasta el 80% de la población tiene algún síntoma

Para combatir el dolor que genera el frío en las articulaciones, el movimiento es una de las principales claves: debe ser suave y constante

La artrosis se asocia fundamentalmente con el envejecimiento, pero también puede aparecer en edades tempranas. 

La artrosis se asocia fundamentalmente con el envejecimiento, pero también puede aparecer en edades tempranas. 

Terceros

“Es coger un objeto y sentir un fuerte dolor, incluso al abrocharse el sujetador, con cosas muy básicas… Es vital el ejercicio, muy pausado, estirada en la cama. Hago baños en las manos con un líquido especial; tienes que enfocar la vida de una forma que no te provoque ese dolor. Realmente, si haces caso de lo que te dice los médicos, ayuda”, dice Josefa. Ella es una de las pacientes de edad avanzada que se han tratado por artrosis en el Hospital Clínic de Barcelona. 

Se trata, como explican desde el centro hospitalario, de un trastorno que “produce el desgaste del cartílago que recubre las articulaciones debido a una compleja interacción de factores biomecánicos, genéticos y bioquímicos que además afectan al hueso y a la membrana que recubre la articulación”.

Es vital el ejercicio, muy pausado, estirada en la cama (…). Tienes que enfocar la vida de una forma que no te provoque ese dolor

Josefa

Paciente del Hospital Clínic

La artrosis se asocia fundamentalmente con el envejecimiento, pero también puede aparecer en edades tempranas. Según los datos del estudio EPISER 2021, un 33.7% de la población adulta en España sufre artrosis, unos datos que hacen que esta sea una de las enfermedades reumáticas más prevalentes, según la Sociedad Española de Reumatología. 

Pero como explican en el Clínic, hasta el 70% de la población de más de 50 años tiene signos radiológicos de artrosis en alguna articulación (por ejemplo, la columna, las rodillas, las caderas o las manos). Y la edad, como decíamos, es determinante. Al llegar a los 75 años, hasta el 80% de la población tiene algún signo radiológico de artrosis.

La llegada del frío y el aumento de la humedad —como está pasando estos días en España— suelen generar un repunte de las molestias articulares, especialmente en personas con artritis o artrosis. “Los cambios de temperatura y de humedad influyen en cómo las articulaciones gestionan la inflamación y en cómo el sistema nervioso interpreta el dolor. Se observa más rigidez, menor elasticidad de los tejidos y una percepción más intensa de las molestias, especialmente en pacientes con artrosis y artritis. Si a esto se suma una menor actividad física, el resultado suele ser un empeoramiento de los síntomas”, explica María Andreina Terán, reumatóloga del Hospital Universitario Sanitas Virgen del Mar.

Para Clara Bergé, fisioterapeuta y vocal de la Junta del Colegio de Fisioterapeutas de Catalunya, la relación entre la artrosis y el frío es compleja y no se puede explicar con una sola causa. “Lo que sabemos hoy es que, en muchas personas, el frío puede aumentar el dolor y la sensación de rigidez en las articulaciones, aunque esto no ocurre igual en todo el mundo ni con la misma intensidad. Parece que existen distintos factores del propio cuerpo que pueden ayudar a entender por qué con el frío nos notamos peor, pero en el día a día hay un elemento importante que a menudo desempeña un papel determinante: cómo cambiamos nuestros hábitos cuando llega el invierno”.

Los cambios de temperatura y de humedad influyen en cómo las articulaciones gestionan la inflamación 

María Andreina Terán 

Reumatóloga 

Y es que cuando la musculatura se contrae y las articulaciones se mueven con más dificultad, este aumento de incomodidad lleva con frecuencia a disminuir aún más el movimiento, lo que empeora la movilidad y la fuerza.  “Cuando hace frío es muy habitual salir menos, caminar menos, moverse menos por miedo a resbalar o simplemente para evitar el malestar del frío, y esta reducción del movimiento hace que el cuerpo esté más agarrotado. Esto hace que sea fácil acabar pensando que “el frío empeora la artrosis”, cuando en realidad una parte importante del problema es que el cuerpo se ha movido menos de lo que le conviene”, cuenta Bergé.

Está de acuerdo Miriam Piqueras, directora médica de Sanitas Mayores. “El clima invita a quedarse en casa, se pasa más tiempo sentado y se reduce la actividad. En pacientes con dolor articular, especialmente en la población mayor, esto implica menos estabilidad muscular y más rigidez. Una parte importante del tratamiento no farmacológico consiste en romper ese círculo con movimiento adaptado, ejercicio suave y medidas sencillas de protección frente al frío”, señala.

Cuando hace frío es muy habitual salir menos y esta reducción del movimiento hace que el cuerpo esté más agarrotado 

Clara Bergé

Fisioterapeuta

Ante esta situación, los especialistas recomiendan cuidar las articulaciones en climas fríos y húmedos con algunos hábitos sencillos que pueden ayudar a mejorar en gran medida la calidad de vida.

Convivir con la artrosis en invierno

Consejos de los especialistas

1

Abrigar bien las articulaciones expuestas: ropa térmica ligera, guantes y calcetines de lana ayudan a mantener una temperatura estable en manos, rodillas y pies. Si la articulación se mantiene caliente, se mueve con más facilidad y tiende a registrar menos rigidez al iniciar la marcha.

2

Calor y frío. Hay que usar calor o frío, lo que mejor alivie, pero no más de 20-30 minutos al día. El calor local, como una crema, una bolsa caliente o una ducha, puede proporcionar alivio y ayudar a poner el cuerpo en marcha, pero su efecto es limitado y temporal. En general, el calor, aplicado en forma de baño o con una manta eléctrica, es más beneficioso en la artrosis. Por la mañana es normal que duela más, debido a la inactividad de la noche; por ello, el baño caliente por la mañana es una buena manera de desentumecer las articulaciones afectadas. El frío es bueno para reducir la inflamación y tonificar la zona, es útil aplicar frío local mediante bolsas de hielo o baños fríos. Las aguas termales de los balnearios también alivian el dolor y permiten hacer ejercicio mientras se flota sin cargar peso en las articulaciones.

3

Mantener una rutina de movimiento diario dentro de casa: dar paseos suaves dentro del hogar y hacer ejercicios de movilidad articular en brazos y piernas y pequeños cambios de postura a lo largo del día, evitan que las articulaciones se queden inmóviles demasiadas horas seguidas. La constancia resulta más eficaz que los esfuerzos puntuales.
​De forma general, como destacan desde el Hospital Clínic, el ejercicio físico suave, como andar por terreno llano, hacer natación o ir en bicicleta, ayudan a prevenir y mejorar la artrosis articular. No es conveniente hacer ejercicio de alto impacto.

4

Calentar antes de salir a la calle: dedicar unos minutos de movilidad de hombros, caderas y rodillas preparan la musculatura y las articulaciones para afrontar el cambio de temperatura exterior, disminuye la sensación de tirantez y mitiga la probabilidad de molestias al iniciar el movimiento.

5

Adaptar el esfuerzo al nivel de dolor: en días de frío intenso o humedad elevada conviene reducir la duración de las salidas, así como alternar periodos de actividad con pausas breves de descanso. El objetivo consiste en seguir moviéndose sin llegar a desencadenar un dolor intenso y mantenido.

“Estos ajustes cotidianos marcan una diferencia real en el bienestar de las personas con artrosis. El objetivo no siempre consiste en eliminar por completo el dolor, sino en que resulte manejable y compatible con una vida activa. Un plan con protección frente al frío, ejercicio adaptado y seguimiento del equipo sanitario ayuda a conservar autonomía y fuerza muscular. No obstante, si el dolor es muy intenso o limita en exceso la actividad diaria, conviene comentarlo con un especialista”, concluye Terán.

Es necesario recordar que la fisioterapia puede ayudar a mejorar la funcionalidad de la articulación y a disminuir el dolor. Un fisioterapeuta puede ofrecer una pauta de ejercicio físico adaptado y específico para cada persona y para cada tipo de artrosis. Además, la electroterapia (como por ejemplo ultrasonidos, corrientes antiálgicas, magnetoterapia…) ayuda a disminuir la inflamación y el dolor.

Rosanna Carceller Escuder

Rosanna Carceller Escuder

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Responsable de Canales Verticales de Godó Nexus - Guyana Guardian. Coordinadora de Longevity. Licenciada en periodismo por la UAB. Especializada en salud, envejecimiento, psicología, educación, sexualidad, nutrición y estilo de vida.