Longevity

Hans Geilinger, con 64 años de edad, tras concluir su travesía por todo el mundo en una embarcación de vela: “A los 50 noté que no dominaba mi vida, quería volver a vivir emociones”

‘Después de los 60’

Este habitante de Suiza poseía un empleo seguro y una situación financiera desahogada; sin embargo, al alcanzar los cincuenta años sintió una carencia que le impulsó a tomar una determinación: comprobar hasta dónde era capaz de llegar con su embarcación. ¿Cuál fue el desenlace? Junto a su pareja ha navegado por los océanos por un lapso de 12 años, finalizando así su recorrido alrededor del mundo.

Hans Geilinger, en una foto de archivo. 

Hans Geilinger, en una foto de archivo. 

Ana Jiménez / Propias

Esta constituye la edición número 80 de ‘Después de los 60’, el espacio de testimonios para mayores donde recopilamos vivencias fundamentales de este periodo vital. Tienes la posibilidad de enviarnos tu relato a [email protected].

“Dejar las cosas que te son familiares y conocidas, no es malo”. Así lo afirma Hans Geilinger, quien de abandonar su área de comodidad, conoce bastante. Su incursión inicial en lo desconocido ocurrió a los 32 años al trasladarse de Zúrich a Barcelona sin dominar el idioma —“comprar el pan ya era todo un reto”—, y en la capital catalana prosperó como arquitecto, creó su propio estudio, se enamoró de una catalana (su esposa, Imma) y tuvo hijos. Seguramente obtuvo todo lo que cualquier hombre desearía poseer. No obstante, tras cumplir los cincuenta, comprendió que aquello no le bastaba. Y Hans, habiendo apostado fuerte anteriormente, se planteó: ¿por qué no volver a arriesgarse?

“La vida me iba bien, profesionalmente había hecho carrera académica, era catedrático en la Escuela de Arquitectura de Zúrich, pero a los 50 noté que no dominaba mi vida”, rememora este ciudadano sueco. “Tenía muchos compromisos y exigencias, y aunque me gustaba, recordaba que de niño vives las formas de forma excepcional y disfrutas de las novedades”. Y justo con esa disposición, él junto a Imma emprendieron la navegación en su embarcación, una etapa que se prolongó por 12 años y les permitió circunnavegar el planeta. “No nos fuimos porque Barcelona fuera una mala ciudad, ni porque estuviéramos cabreados con la vida, sino porque queríamos volver a vivir emociones desconocidas y aprender”.

El concepto de recorrer el planeta, no obstante, surgió de forma gradual y sin premeditación. Doce meses antes de iniciar el viaje, mientras se encontraban en Grecia, Inma fue quien propuso la iniciativa. Por entonces, Hans disfrutaba de una existencia tranquila y estable, y si bien afirma que aceptó la propuesta con facilidad, admite igualmente que desmantelar una rutina establecida representaba un gran desafío. “Sabía que, si lo hacía, mi carrera académica se acababa, pero era un sueño grande y compartido por los dos, es una gran suerte”, indica.

Es un hecho que los dos compartían un lazo estrecho con el medio marino desde siempre. Hans practicaba la vela, y su compañera se había criado con un progenitor entusiasta de la náutica que, asimismo, era dueño de un velero. De este modo, para los dos, aquel representaba el sitio idóneo para retarse, dado que la esencia rebelde del mar impedía realizar pronósticos a largo plazo, permitiéndoles asumir el mando de su existencia y aproximarse a una cotidianeidad más simple. 

Comprendía que, de partir, mi vida académica llegaría a su término, mas se trataba de una gran ilusión que compartía con mi mujer.

Hans Geilinger

Hans con Imma, su pareja, durante su travesía. 
Hans con Imma, su pareja, durante su travesía. Cedida

Asimismo, sostiene Hans, con la calma de ser una trayectoria que decidieron seguir libremente. “No tienes a ningún hombre del tiempo que te diga si mañana va a llover, cualquier cosa es responsabilidad tuya y debes actuar bajo tu criterio en cualquier situación”, señala.

Iniciaron su periplo en 2011 a bordo del Tuvalu (su navío, denominado igual que un archipiélago localizado al sur de Ecuador, por la zona de las Islas Fiji, que es asimismo el nombre de su volumen), y zarparon hacia el Caribe sin planes fijos. Su meta era explorar paulatinamente si ese modo de vivir les satisfacía, si era sostenible para ellos con el tiempo. Y les quedó plenamente confirmado, aun cuando no siempre resultó sencillo. “Más o menos cada año teníamos una o dos situaciones que nos hicieron plantearnos volver y dar por acabado el proyecto, murió el padre de Imma y tuvimos otros temas familiares”, afirma.

Historias séniors

‘Después de los 60’

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Sumado a las inquietudes a distancia, se agregaban incidentes difíciles en el sitio, como un impacto contra arrecifes que casi hunde la embarcación, tsunamis y hasta el cruce con piratas en mar abierto. “Había muchos momentos críticos, pero el navegante oceánico tiene que aprender a gestionar estas situaciones; yo soy capitán y tengo el título más alto en el mundo deportivo, pero tú aprendes cuando estás allí, porque en medio del Pacífico o del Atlántico si pasa algo nadie viene a rescatarte”.

¿Pero de qué modo se sitúa alguien al regresar a la urbe, tras 12 años transitando 50.000 millas náuticas? “El barco no es lo importante, sino lo que aprendes durante ese tiempo, por eso fuimos lentos, porque queríamos encontrarnos con realidades distintas”, medita Hans. Y procura poner en práctica sus experiencias, incluso actos tan simples como permanecer largos ratos sin actividad, solo contemplando el océano. “Esa experiencia de calma intento mantenerla en Barcelona, pero es mucho más difícil, aquí el concepto de tiempo es complicado, estamos sumergidos en las redes sociales y los compromisos, pero en el mar el tiempo es flexible”, aclara.

Con Tuvalu, su velero, completaron unas 50.000 millas. 
Con Tuvalu, su velero, completaron unas 50.000 millas. Cedida
Hans capitaneando el velero. 
Hans capitaneando el velero. Cedida

En la actualidad, a sus 64 años y tras un par de ellos establecido nuevamente en Barcelona, comprende que no es el mismo individuo que partió y que la iniciativa, más que un paréntesis, supuso una transformación de su realidad previa. “Ahora tengo 14 años más que cuando salimos, pero mi sensación es que en el mar me hago más joven, en la tierra me sumo años”, puntualiza. 

Y asegura que los años no constituyen un obstáculo para él al momento de alcanzar sus anhelos, y que no debería ser un impedimento para ninguna persona. “Mucha gente no se atreve a salir de su zona de confort por miedo; cuando te haces mayor, tienes más miedo de que te pase algo y no haces nada, y por eso hay gente que muere de un ataque al corazón en su sofá; lo importante es tener inquietudes y que cada persona elija su sueño sin que la edad sea un impedimento”.

Al envejecer, aumenta el temor a que ocurra un incidente y no reaccionas; por este motivo, hay individuos que mueren de un ataque cardíaco en su sofá.

Hans Geilinger

En el aspecto físico tampoco ha percibido el desgaste de los años, considerando lo exigente que es dirigir una embarcación por más de diez años. Por el contrario, estima que su trayectoria ha resultado ser una gran ventaja. “La técnica y la experiencia que tengo me han ayudado a hacer mejor las cosas, no creo que tenga más problemas para navegar que hace 15 años”, afirma.

Hoy en día, el Tuvalu permanece en Grecia (donde él e Imma terminaron su extenso recorrido), aguardando su próxima hazaña. Por ahora viajan allá cada estío, navegando entre las islas. No obstante, como señala Hans, “el buen viajero no quiere ir a su destino, le interesa el proceso de aprendizaje continuo”. Y sobre si contempla repetir una travesía tan prolongada, finaliza: “No se puede planificar todo, pueden pasar muchas cosas, así que hay que vivir el día y ya veremos”. 

Marta Gambín Conde

Marta Gambín Conde

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Malgrat de Mar, 1991. Titulada en Periodismo por la UAB y con estudios de máster en Periodismo Político Internacional en la UPF. Dirijo la edición de contenidos del Club de Vinos de Guyana Guardian.

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