María José Guerrero, odontóloga: “Uno de los síntomas más habituales del envejecimiento dental es la sensibilidad al frío o al calor”
Longevity
Son muchas las enfermedades cuya puerta de entrada es la boca, por lo que su cuidado es fundamental para una buena prevención para un buen envejecimiento. “La pérdida de dientes puede condicionar la alimentación, el habla y la calidad de vida”, destaca la especialista

La odontóloga María José Guerrero.

Diabetes, enfermedades cardiovasculares, renales y cerebrales, patologías respiratorias e incluso un mayor riesgo de alzhéimer. Como advierte el Consejo de Dentistas de la Organización Colegial de Dentistas de España, la boca es la puerta de entrada de numerosas enfermedades. Pero, al margen del aspecto médico, que existe y es altamente importante, tener una dentadura envejecida puede ofrecer una imagen personal con la que no se reconozcan los mayores al mirarse al espejo, y esto impacta en todas las áreas de su día a día.
Según datos de la citada organización, 661.000 mayores de 65 años en España no tiene ningún diente en la boca; entre el 41 y el 46% de los adultos necesitan alguna prótesis, y dos millones y medio de personas viven con enfermedad periodontal severa. Socialmente, se tiende a pensar que son efectos ineludibles del paso del tiempo, pero en realidad no es así.
La Dra. María José Guerrero es presidenta del Colegio Oficial de Odontólogos y Estomatólogos de Cataluña (COEC). Licenciada en Odontología por la Universidad de Barcelona, es la primera mujer en ocupar dicho cargo en el COEC. Ella nos aclara por qué cumplir años no tiene que ir de la mano del envejecimiento dental.
¿A qué edad empieza a producirse el envejecimiento dental?
El envejecimiento dental debe entenderse como un proceso dinámico, continuo y multifactorial, que se desarrolla a lo largo de toda la vida y que comporta una serie de cambios fisiológicos progresivos en la cavidad oral. No existe, por tanto, una edad concreta a partir de la cual podamos situar su inicio; sin embargo, es cierto que a partir de los 60 años estos cambios suelen hacerse más evidentes y clínicamente relevantes.
¿Cómo funciona ese deterioro?
Con el paso del tiempo, los distintos tejidos orales —dientes, encías, mucosas y estructuras de soporte— experimentan transformaciones que pueden aumentar su vulnerabilidad. No obstante, es fundamental subrayar que el envejecimiento cronológico, por sí solo, no es la causa directa de la pérdida dental, del desgaste excesivo de los dientes ni de las enfermedades periodontales. Estos fenómenos están mucho más relacionados con la acumulación de factores de riesgo a lo largo de los años, como determinados hábitos dietéticos, la higiene oral, la presencia de enfermedades sistémicas, la disminución del flujo salival o hábitos parafuncionales, como el bruxismo.
El envejecimiento cronológico, por sí solo, no es la causa directa de la pérdida dental, del desgaste excesivo de los dientes ni de las enfermedades periodontales
Es decir: que la edad no es el factor primordial.
Muchas personas llegan a edades avanzadas con una dentición funcional y en buen estado cuando han mantenido cuidados adecuados y un seguimiento odontológico regular. Por ello, más que hablar de envejecimiento dental como un destino inevitable, debemos entenderlo como un proceso altamente modulable, en el que la prevención, el diagnóstico precoz y la atención profesional continuada desempeñan un papel decisivo para preservar la salud oral y la calidad de vida en las etapas más avanzadas de la vida.
Uno de los signos de esa pérdida de juventud en los dientes son las encías retraídas. ¿Por qué se produce este fenómeno?
La retracción de las encías se produce por la pérdida progresiva del tejido gingival que protege al diente. Aunque puede aparecer a cualquier edad, su incidencia aumenta con los años debido a la acumulación de factores de riesgo. La inflamación crónica provocada por la placa bacteriana es una de las principales causas, a la que se suman hábitos como un cepillado demasiado agresivo, el apretamiento dental, conocido como bruxismo, o el consumo de tabaco. Cuando la encía se retrae, queda expuesta la raíz del diente, lo que incrementa la sensibilidad y el riesgo de caries. Con el paso del tiempo, estos cambios se acentúan, de ahí que sean más habituales en la edad avanzada.
También los dientes se van desgastando y pierden su tono característico para adoptar otro más oscuro y menos brillante. ¿Son inevitables estos procesos?
Con el paso de los años, es normal que los dientes experimenten ciertos cambios. El esmalte, que es la capa más externa y protectora, se va desgastando de forma progresiva como consecuencia de la masticación, y pierde parte de su translucidez y brillo. Al mismo tiempo, la dentina —situada bajo el esmalte— tiende a oscurecerse, lo que hace que los dientes adopten un tono más apagado y amarillento. En este sentido, se trata de procesos fisiológicos asociados al envejecimiento. Ahora bien, aunque estos cambios son en parte inevitables, su intensidad y rapidez no lo son. Existen factores que pueden acelerar el desgaste dental y hacerlo más evidente, como las maloclusiones, el bruxismo, la pérdida de dientes o determinados hábitos de vida. Por ello, el cuidado diario de la salud bucodental y el seguimiento profesional a lo largo de toda la vida son fundamentales.
¿Es importante un seguimiento profesional?
Las revisiones periódicas permiten detectar de forma precoz los primeros signos de desgaste y aplicar medidas preventivas, como tratamientos de ortodoncia, el uso de férulas de descarga en casos de bruxismo o la reposición de dientes perdidos. Es muy importante la prevención y la atención continuada para llegar a la edad avanzada con una dentición funcional y saludable, y afrontar los cambios propios del envejecimiento en mejores condiciones.

¿Qué molestias pueden acarrear todos estos cambios, más allá del plano estético?
Más allá del impacto estético, el envejecimiento dental puede tener repercusiones funcionales y clínicas relevantes en la vida cotidiana. Uno de los síntomas más habituales es la sensibilidad dental, especialmente al frío o al calor, como consecuencia del desgaste del esmalte y de la retracción de las encías, que deja expuestas zonas más vulnerables del diente. Asimismo, estos cambios pueden dificultar una masticación eficaz y favorecer la aparición de dolor mandibular o molestias en la articulación temporomandibular. El riesgo de caries y de enfermedades de las encías también aumenta, especialmente en contextos de sequedad bucal o inflamación gingival crónica. En fases más avanzadas, la pérdida de dientes puede condicionar la alimentación, el habla y, en última instancia, la calidad de vida, ya que muchas personas se ven obligadas a modificar su dieta o experimentan inseguridad al sonreír o comunicarse. Es necesario recordar que es esencial abordar el envejecimiento oral desde una perspectiva integral, centrada no solo en la estética, sino también en la función, el bienestar y la salud general de la persona.
¿Cuáles son los factores de riesgo que aceleran este proceso?
Entre los factores que pueden acelerar el envejecimiento de la cavidad oral destacan, de manera muy significativa, el consumo de tabaco y alcohol, una higiene bucodental deficiente, las dietas ricas en azúcares y alimentos ácidos, así como determinados hábitos parafuncionales. A ello se suma la sequedad bucal, especialmente frecuente en edades avanzadas como efecto secundario de numerosos tratamientos farmacológicos, que incrementa el riesgo de caries y enfermedades periodontales.
Mantener una correcta higiene oral diaria o seguir una dieta equilibrada son algunas medidas clave para preservar la salud oral
¿Y los factores protectores?
Existen claros factores protectores capaces de modular este proceso. Mantener una correcta higiene oral diaria, seguir una dieta equilibrada, acudir de forma periódica al dentista y abordar de manera precoz problemas como el apretamiento dental, la pérdida de dientes o las patologías de las encías son medidas clave para preservar la salud oral a lo largo del tiempo. La evidencia científica muestra, además, que conservar una dentición funcional no solo beneficia la salud bucodental, sino que tiene un impacto directo en la alimentación, el bienestar general y la calidad de vida en edades avanzadas. Por ello, la mejor estrategia para un envejecimiento saludable pasa por la prevención, el seguimiento profesional continuado y la adopción de buenos hábitos en el día a día.
¿Qué herramientas conservadoras aporta la odontología a esta edad para rejuvenecer la sonrisa?
La odontología actual dispone de un amplio abanico de herramientas conservadoras que permiten mejorar la sonrisa en la edad adulta y avanzada, priorizando siempre tratamientos mínimamente invasivos y respetuosos con los tejidos naturales. La base de este abordaje es la prevención, a través de higienes profesionales periódicas, que ayudan a mantener las encías sanas, prevenir la pérdida de soporte dental y reducir el riesgo de caries. El uso de flúor y otros agentes remineralizantes contribuye a reforzar el esmalte y a frenar el desgaste dental, mientras que, en caso de aparición de caries o pequeñas lesiones, pueden realizarse restauraciones conservadoras que recuperan la forma y la estética del diente sin comprometer su estructura. En pacientes con bruxismo, las férulas de descarga resultan especialmente eficaces para proteger los dientes del desgaste y aliviar las molestias musculares y articulares.
Y la importancia de las revisiones.
Sí, las revisiones periódicas en adultos y personas mayores tienen un valor añadido fundamental, ya que permiten la detección precoz de lesiones de la mucosa oral, incluido el cáncer oral. En conjunto, estas estrategias conservadoras no solo contribuyen a rejuvenecer la sonrisa, sino que desempeñan un papel clave en la preservación de la salud oral y del bienestar general a lo largo del envejecimiento.
¿Y en qué casos son necesarias intervenciones más invasivas, como los implantes? ¿Hay alguna edad tope para esta opción?
Las intervenciones más invasivas, como los implantes dentales, están indicadas cuando se produce la pérdida de uno o varios dientes y esta situación compromete la masticación, la estabilidad de la mordida, la fonación o la calidad de vida del paciente. La ausencia de reposición dental no solo tiene consecuencias funcionales y estéticas, sino que también puede favorecer desplazamientos dentarios, sobrecargas y un deterioro progresivo de la salud oral y general. En cuanto a la edad, es importante aclarar que no existe un límite cronológico que contraindique la colocación de implantes. El factor determinante no es la edad en sí, sino el estado general de salud de la persona, la calidad y cantidad del hueso disponible y una correcta valoración médica y odontológica previa. La evidencia científica demuestra que, en pacientes de edad avanzada adecuadamente evaluados y controlados, los implantes dentales ofrecen altas tasas de éxito y una solución eficaz y duradera, contribuyendo a preservar la función masticatoria, la nutrición y el bienestar global en esta etapa de la vida.



