“Uno de cada cinco hombres mayores de 50 años sufrirá una fractura por esta enfermedad”: la osteoporosis masculina, una realidad silenciosa
Longevity
El dolor de espalda, la pérdida de estatura o las fracturas por traumatismos mínimos pueden ser síntomas de osteoporosis, una patología tradicionalmente vinculada a las mujeres, pero que también afecta a los hombres

Uno de cada cinco hombres mayores de 50 años sufrirá una fractura relacionada con esta enfermedad”: la osteoporosis masculina, una realidad silenciosa.

Así como no es difícil encontrar el testimonio de una mujer de más de 50 años describiendo las molestias y dolores propios de la osteoporosis, toparse con un varón en la misma situación no es tan sencillo. Pero existen. Al menos, así lo demuestran las cifras incluidas en los estudios e investigaciones que tienen por objeto hallar la prevalencia de esta patología.
La mayoría coincide en que es una enfermedad que afecta a muchas más mujeres que a hombres. En concreto, en el perfil de España del Scorecard of Osteoporosis in Europe (SCOPE 2021) se señala que la prevalencia de osteoporosis fue del 5,4 % en la población total española de 2019, y que el 22,6 % de las mujeres y el 6,8 % de los hombres de 50 años o más tenían osteoporosis.
Por tanto, sí, muchas más mujeres que hombres van a sufrir osteoporosis. Sin embargo, “la diferencia se está reduciendo, principalmente por una mayor concienciación y mejoría en el cribado de la osteoporosis en varones, ya que históricamente la osteoporosis del varón ha estado subdiagnosticada y subtratada”, apunta la doctora Pilar Aguado, reumatóloga y coordinadora de la Unidad Metabólica Ósea en el Hospital La Paz de Madrid.
Además de las mejoras en la concienciación y en los cribados, hay más factores que están engrosando el porcentaje de afectados (tanto hombres como mujeres). Uno de ellos tiene que ver con el aumento de la esperanza de vida. Y es que “el progresivo envejecimiento de la población provoca que la osteoporosis aumente tanto en mujeres como en hombres, y, por consiguiente, el número de fracturas osteoporóticas”, alerta la experta. Y añade: “Se calcula que uno de cada cinco hombres mayores de 50 años sufrirá una fractura relacionada con la osteoporosis a lo largo de su vida”.
Hay una mejoría en el cribado de la osteoporosis en varones, ya que históricamente la osteoporosis del hombre ha estado subdiagnosticada
Por ello, “a pesar de que se están diagnosticando más casos de hombres debido a la mejora en el reconocimiento clínico y al uso más frecuente de densitometría ósea (DXA) y de herramientas de cálculo de riesgo de fractura, los estudios poblacionales sugieren que la prevalencia en hombres puede seguir subestimada”, sugiere Aguado.
Diagnósticos tardíos, fracturas más frecuentes
A pesar de contar con las mejoras diagnósticas mencionadas, si no se acude a la consulta, conducta bastante habitual entre los hombres, lo más probable es que se llegue al diagnóstico más tarde de lo deseable. “Las consecuencias de este retraso son clínicamente relevantes, ya que el diagnóstico tardío se asocia a mayores tasas de fracturas por fragilidad, y éstas provocan dolor, inmovilidad, pérdida de la independencia y una mala calidad de vida”, apunta la doctora.
Además, “los hombres tienen una mortalidad superior tras padecer fracturas en comparación con las mujeres —señala la experta—, especialmente tras fracturas de cadera, donde la mortalidad en hombres puede ser aproximadamente del doble”. Todo ello subraya la importancia clínica de la osteoporosis masculina, siendo la identificación y tratamiento precoz fundamentales para reducir complicaciones e, incluso, la mortalidad.
Si bien hombres y mujeres comparten los mismos efectos de la osteoporosis, la doctora señala algunas diferencias en cuanto a sus causas: “En mujeres, la más frecuente es la osteoporosis primaria, relacionada con la menopausia y el déficit de estrógenos, lo que provoca una aceleración de la pérdida ósea; en cambio, en la población masculina, la osteoporosis secundaria es más frecuente, siendo las causas más habituales el consumo excesivo de alcohol, el hipogonadismo (falta de testosterona), el tratamiento con glucocorticoides, el déficit de vitamina D y algunos tratamientos utilizados para el cáncer de próstata como la terapia de privación androgénica”.
En cifras, el asunto quedaría así reflejado: “Se estima que hasta el 50-60% de los casos de osteoporosis en hombres tienen una causa secundaria identificable. Por tanto, ante la sospecha de osteoporosis en varones, es fundamental investigar causas secundarias y llevar a cabo una evaluación exhaustiva, ya que el manejo adecuado depende de tratar tanto la osteoporosis como la enfermedad subyacente”, aclara la doctora.

Fracturas que no avisan
Aunque esas causas secundarias pueden hacer aflorar la aparición temprana de síntomas, lo habitual es que las primeras señales no aparezcan hasta los 70 años, aproximadamente. En cualquier caso, “los principales síntomas son dolor lumbar o dorsal persistente, pérdida de estatura y deformidad vertebral (cifosis en la espalda), aunque muchas veces, la primera manifestación clínica es una fractura, sobre todo en cadera, muñeca, vértebra o húmero, que puede ocurrir tras una caída leve o incluso sin traumatismo evidente”.
En estos casos, como advierte Aguado, “la osteoporosis en hombres puede ser asintomática hasta que se produce la fractura, lo que la convierte en una enfermedad silenciosa. Podría decirse que la fractura es a la vez el primer síntoma y la complicación de la osteoporosis”.
La osteoporosis en hombres puede ser asintomática hasta que se produce la fractura, lo que la convierte en una enfermedad silenciosa
Para no llegar a la fractura y sus consecuencias, la doctora aconseja “acudir lo antes posible al especialista, ante dolor lumbar o dorsal persistente, pérdida rápida de estatura, aparición de cifosis o dolor agudo tras una caída o traumatismo leve, ya que estos síntomas pueden indicar una fractura vertebral”.
“Una fractura de cadera, muñeca, húmero o vértebra tras un traumatismo mínimo, especialmente en hombres mayores de 50 años, requiere una evaluación prioritaria de una posible osteoporosis, para prevenir nuevas fracturas y complicaciones”, señala, quien recalca que “una vez que la primera fractura se ha producido, la probabilidad de presentar una nueva aumenta de manera exponencial, hasta un 20% en los dos primeros años”.
Con la idea de no llegar a este extremo, o de plantarle cara a la osteoporosis ya avanzada, se plantean diferentes tratamientos farmacológicos. Así, “los fármacos que han demostrado mejorar la densidad mineral ósea (DMO) y disminuir el riesgo de fracturas en la osteoporosis masculina son los bisfosfonatos orales, el ácido zoledrónico (un bisfosfonato que se administra intravenoso) y el denosumab, que se utiliza en varones con elevado riesgo de fractura y para disminuir la pérdida de DMO en pacientes con cáncer de próstata en tratamiento de privación androgénica”, apunta Aguado. Y añade: “Para osteoporosis grave o con múltiples fracturas se consideran agentes anabólicos (formadores de hueso) como teriparatida”.
Por otro lado, la experta recomienda “asegurar una ingesta adecuada de calcio (1000-1200 mg/día) y de vitamina D (800-1000 UI/día), evitar el tabaco y el consumo excesivo de alcohol, realizar ejercicio físico regular y prevenir las caídas”, y recuerda que “cuando se trate una osteoporosis secundaria, es fundamental tratar también la causa subyacente”.
Prevención y tratamiento en casa
Además de los fármacos, la alimentación es fundamental como parte de la estrategia terapéutica. En palabras de la doctora: “Una dieta equilibrada con un aporte adecuado de proteínas, frutas, verduras, pescado y productos lácteos ayuda a prevenir la pérdida ósea asociada a la edad”. Para ello, el consumo adecuado de calcio y vitamina D es esencial. En este sentido: “Se recomienda una ingesta diaria de 1000-1200 mg de calcio (preferentemente a través de la alimentación) y de vitamina D (400-800 UI/d) con una exposición solar adecuada (20 minutos al día en zonas descubiertas) y evitar el consumo excesivo de alcohol y el tabaquismo”.
Junto con la alimentación, Aguado pone el foco también en el ejercicio, ya que “la actividad física contribuye a fortalecer los huesos y los músculos, mejorar el equilibrio y prevenir las caídas”. Además, “el beneficio es mayor con programas que incluyen ejercicios de resistencia y fuerza, ejercicios de equilibrio y ejercicio aérobico de impacto moderado (andar, bailar), adaptados a la capacidad funcional del paciente. Otras disciplinas, como el yoga y el pilates, mejoran el equilibrio, la conciencia corporal, la postura y la coordinación”, apostilla.




