Longevity

“Pesaba 130 kilos y a los 55 años empecé a tener dolores que antes no conocía”: la obesidad, una condena cuando cumplimos años

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La obesidad no solo afecta a la calidad de vida y al prematuro envejecimiento, también acelera el deterioro cognitivo, según ha comprobado un estudio realizado por la Universitat Rovira i Virgili

En un país como España, que seremos el más longevo del mundo antes de 2050, la prevención basada en una verdadera dieta mediterránea es nuestra mejor arma

La obesidad es un gran factor de riesgo con el envejecimiento

La obesidad es un gran factor de riesgo con el envejecimiento

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De familia manchega, David C. P. Dice que ha comido “bien” toda la vida. “Como todos en su familia”, añade. Pero según explica, ese “bien” significa mucho y muy graso, hasta llenarse completamente, algo que muchas familias españolas consideraban lo óptimo durante la posguerra. “Cuando cumplí los 55 años, pese a medir 1,87 cm, pesaba 130 kilos; ya no era solo una cuestión de estética, de verme grande, sino que me empecé a mover cada vez peor y me dolía ya demasiado la espalda, y aunque nunca he sido de quejarme, empecé a tener dolores que antes no conocía”, cuenta David.

Y es que el paso de la edad, sumado a un peso excesivo, puede ser un cóctel molotov que, si no se toma en serio, puede estallar en forma de enfermedades como el cáncer, los daños cardiacos y, según un nuevo estudio, con deterioro cognitivo en personas partir de los 55 años. “Ya no es solo es que te guste comer platos como las migas o las gachas, porque en tu día a día no te haces esas recetas”, dice David, “es que estás acostumbrado a comer una gran cantidad de comida, aunque durante muchos años no te has dado cuenta de lo importante que es esto para tu salud, o no querías pensarlo porque te daba pereza o supone un cambio que no te apetece”.

Lo cierto es que casos parecidos al de David se repiten entre miles de personas de toda España. Lo cuenta Héctor Vázquez-Lorente, investigador del Departamento de Bioquímica y Biotecnología de la Universitat Rovira i Virgili (URV). “Es muy fácil encontrar casos de este tipo en España; según las últimas cifras que existen, en torno al 60% de la población española tiene exceso de peso, de forma de que un 39% sería sobrepeso y un 21% obesidad de cualquier tipo”, añade. Unas cifras que incluyen a toda la población española, teniendo en cuenta a niños, jóvenes, personas de mediana edad y también de edad avanzada.

Sin embargo, si nos detenemos en los casos de los adultos mayores a partir de 55 años, la prevalencia sería aún mayor, según explica Vázquez-Lorente. “La mayoría de personas mayores que vemos en nuestro entorno, en España, tienen exceso de peso u obesidad, y se trata de una enfermedad, ya que genera inflamación sistémica de bajo grado; es decir, genera sustancias inflamatorias a nivel metabólico que producen daños en los vasos sanguíneos o a nivel óseo, generando un caldo de cultivo para enfermedades secundarias”.

Cuando cumplí los 55 años, pese a medir 1,87 cm, pesaba 130 kilos; ya no era solo una cuestión de estética, sino que me empecé a mover cada vez peor

David C. P.

55 años

Precisamente, Vázquez-Lorente es el primer autor de un estudio que acaba de publicar el pasado diciembre en la mejor revista científica especializada en este campo, Journal of cachexia, sarcopenia and muscle. El objetivo de esta amplia investigación es averiguar cómo afecta la obesidad a los adultos mayores en España, así como la prevención que debería realizarse para reducir la alta incidencia de casos en nuestro país que, según sus conclusiones, llevan claramente a un deterioro cognitivo más acelerado.

Seguir a un millar de personas, durante seis años

Este estudio, realizado en colaboración con el Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER), se enmarca dentro del proyecto Predimed Plus, coordinado por el catedrático de Nutrición de la URV Jordi Salas-Salvadó, y se ha realizado en 23 centros de toda España. En ellos reclutaron a unos 7.000 adultos mayores de entre 55 y 75 años (en el caso de los hombres) y de entre 60 y 75 (en el de las mujeres), para evitar el efecto residual en los estadios tempranos de menopausia. Y de esos miles de personas seleccionaron a un millar con medidas de composición corporales más estandarizadas, haciéndoles un seguimiento durante seis años.

Lo que caracterizaba a las personas seleccionadas era su una condición física regular, con sobrepeso tipo 2 o con obesidad. Es decir, con un Índice de Masa Corporal (IMC) —un indicador no exento de polémicas por parte de algunos expertos, que lo consideran una medida obsoleta y obesofóbica que no distingue la grasa del músculo ni tiene en cuenta la distribución de la grasa, además de no valorar factores como la etnia, la edad o el sexo— de entre 27 y 40. Además, añade Héctor Vázquez-Lorente, eran personas con “síndrome metabólico”, una patología que aúna, en un mismo mes, a tres de estos cinco parámetros: triglicérido alto, glucemia alta, hipertensión, colesterol bueno (HDL) bajo u obesidad central.

La obesidad en mayores puede acelerar el deterioro cognitivo. 
La obesidad en mayores puede acelerar el deterioro cognitivo. Photo by Towfiqu barbhuiya via Pexels.

“Algunas de esas dolencias son más importantes que otras; entre las tradicionales está la osteoporosis, que es la pérdida de masa ósea y facilita que te rompas más huesos si te caes; y otra patología es la pérdida de masa muscular en el adulto mayor, que es en lo que hemos centrado el estudio”, explica el investigador de la URV. De momento, la primera conclusión a la que han llegado es que un adulto que pierde masa (y fuerza) muscular sufre sarcopenia y, junto a la obesidad, puede crear una patología concreta: la obesidad sarcopénica.

En ese sentido, el equipo ha analizado cómo afecta padecer este tipo de obesidad a la salud mental y la cognición de los adultos mayores, y han observado que el deterioro cognitivo (confundir nombres o empezar a olvidarse de su número de DNI o de teléfono, por ejemplo) se produce mucho más en las personas con obesidad sarcopénica que en las que no la tienen. “Son señales iniciales de que puede que algo vaya mal, y queremos ralentizar ese proceso”, Vázquez-Lorente.“Muchas veces se asume que la edad pasa factura a todo, pero lo cierto es que hay ciertas condiciones del adulto mayor en las que sí podemos enlentecer su progreso”.

Es errónea la creencia de que el ejercicio va a mejorar la memoria, pero sí enlentece el proceso de deterioro cognitivo

Héctor Vázquez-Lorente

Investigador del Departamento de Bioquímica y Biotecnología de la URV

Y pone el ejemplo del ejercicio físico. “Es errónea la creencia de que el ejercicio va a mejorar la memoria, pero sí enlentece el proceso de deterioro cognitivo; por eso las personas sin obesidad sarcopénica lo padecen menos”, aclara. Lograr parar este proceso previene la aparición de Alzheimer o demencia, pero hay que actuar a edades tempranas, insiste este experto. Según él, es a partir de los 55 años cuando el deterioro cognitivo empieza de forma ligera; antes, a los 45 o 48 años, es casi imposible, al ser una enfermedad de “adulto mayor” (es decir, de más de 65 años en España, y de más de 60 en países en vías de desarrollo).

No a la farmacología, sí a los buenos hábitos

No es casualidad que numerosas investigaciones se estén centrando en cómo mejorar la calidad de vida en los adultos mayores, y es que estudios como este han cobrado gran relevancia en nuestro país con el auge del envejecimiento de la población. Según datos del Instituto para la Métrica y Evaluación de la Salud (IHME) de la Universidad de Washington, se estima que España será el país más longevo del mundo antes de 2050, superando a Japón y Suiza, con una media de esperanza de vida de 92 años en las mujeres y de entre 90 y 91 en los hombres. Además, la sobrecarga que el envejecimiento poblacional supone para los sistemas públicos de salud también motiva estas investigaciones.

Tras ver la conexión entre exceso de peso (o menor masa muscular) y deterioro cognitivo, según el estudio, la intervención no debe ser farmacológica, sino conductual. “Hay que cambiar el estilo de vida, promoviendo la actividad física y una dieta mediterránea baja en energía; el objetivo es ir bajando el peso, controlar la salud metabólica y disminuyendo la prevalencia de obesidad sarcopénica, y así, a la vez, se enlentece el deterioro cognitivo”, resalta Vázquez-Lorente.

Para ello, será necesario seguir una dieta baja en energía, dar pautas a los pacientes y acompañarles para mejorar sus hábitos. Por ejemplo, para que los mayores empiecen a hacer ejercicio pueden introducir patrones sencillos, como subir a casa por la escalera o ir al mercado cercano en lugar de coger el autobús. En cuanto a limitar el consumo de alimentos densos en energía (ultraprocesados, carnes muy grasas o frutos secos), los nutricionistas del proyecto les proporcionarán unas pautas nutricionales siguiendo el patrón de la dieta mediterránea, lo que formará ya parte de una segunda fase de esta iniciativa.

“Si a una persona que ha llegado a un exceso de peso corporal, por malos hábitos o por no hacer ejercicio, le damos la caña de pescar (medicamento), pero no le enseñamos a pescar (hábitos), el día de mañana, cuando ese fármaco se le retire, va a volver a su situación inicial”, afirma Héctor Vázquez-Lorente. Y opina sobre el boom de los medicamentos rápidos para bajar de peso, como el Ozempic. “Durante un tiempo esa persona inhibe la saciedad, pero ya se está viendo, sobre todo en adultos mayores, que una vez que se le retira vuelven al principio, destruyendo gran parte de su hueso y con un deterioro de la masa muscular, porque ese efecto rebote es el que más daño hace”.

Le pregunté al médico por las inyecciones para adelgazar que le había recetado a mi cuñada, pero me comentó que a mi edad no me las iba a recetar

Carlos L. M.

77 años

La obesidad es un gran factor de riesgo en las enfermedades relacionadas con el envejecimiento. 
La obesidad es un gran factor de riesgo en las enfermedades relacionadas con el envejecimiento. Getty Images

Así, entre una persona de 55 años con obesidad y otra de 75, hay diferencias relevantes a la hora de someterse a tratamientos con fármacos para adelgazar. Y los expertos coinciden en que en el segundo caso no es nada recomendable. Carlos L. M. Es un ejemplo de ello: con 77 años y 110 kilos de peso, reconoce que su dieta es especialmente alta en grasa. “Siempre he picado entre comidas, aunque pensaba que era poca cantidad y que lo que tomaba no estaba mal”, explica. “Hasta que hace tres años, cuando me caí y me fracturé la cadera, me puse en manos del médico; lo primero que me dijo es que tenía que bajar de peso y que estaba muy equivocado si pensaba que tomar casi a diario unas tapas de lomo o chorizo con pan, por ejemplo, era comer bien”.

El pasado otoño, Carlos empezó una dieta con la que está intentando cambiar su patrón de dieta, ayudado por un endocrino. Desde entonces ha adelgazado cinco kilos, aunque su IMC sigue siendo muy alto, de 35. “Le pregunté al médico por las inyecciones para adelgazar que le había recetado a mi cuñada, pero me comentó que a mi edad no me las iba a recetar; me dijo: ‘Carlos, tienes que aguantar un poco el hambre, hazlo poco a poco, sin prisa’, y me sigue costando una barbaridad, pero como ya me veía en una silla de ruedas, empecé a hacerle caso”.

Por ejemplo, este jubilado, que vive en un pueblo de Granda, explica que el doctor le ha quitado el embutido, que ha sustituido por fruta. Y que está en el proceso de cambiar sus rutinas, tanto alimentarias como físicas. “Intento no llenarme en todas las comidas y dar paseos cortos”, añade, orgulloso. “La verdad es que me siento mejor, aunque solo he bajado cinco kilos y tampoco se me notan, pero el médico me anima mucho y me ha hecho una lista de la compra”. ¿Y qué pasa con el ejercicio físico? “Nunca lo he hecho”, admite, “y, aparte de andar, no me veo haciendo deporte”.

Todo ello indica, según estos expertos, que la solución pasa porque las personas mayores con sobrepeso u obesidad vuelvan a un patrón auténtico de dieta mediterránea, en la que no se sacien completamente en cada comida, se muevan más de acuerdo a su condición física y coman de una forma más social, acompañados de otros comensales.

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