Longevity

Los métodos actuales para prevenir y controlar la hipertensión más allá de los fármacos: el uso de probióticos, el potasio y el ruido ambiental. 

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Un acuerdo firmado hace poco contempla el análisis de las evidencias acerca del funcionamiento de los probióticos, medicamentos destinados a la pérdida de peso, el potasio y la contaminación ambiental, a la vez que subraya la importancia de cumplir con las reglas tradicionales.

¿Se puede controlar la presión arterial, más allá de la farmacología? 

¿Se puede controlar la presión arterial, más allá de la farmacología? 

Feliks szewczyk

Una extensa estudio publicado recientemente reveló que, entre los sujetos que padecieron un incidente cardiovascular como un infarto o un ACV, casi la totalidad presentaba algún factor de riesgo previo. ¿Cuál fue el más común? La hipertensión, presente en cerca del 95%.

No es de extrañar: la hipertensión arterial constituye el motivo primordial de fallecimientos tempranos e invalidez. ¿La noticia positiva? Las acciones destinadas a su prevención y manejo resultan eficaces y ampliamente difundidas.

El colectivo médico pone al día estos saberes con regularidad, según los nuevos descubrimientos científicos que aparecen, y los recoge en protocolos que funcionan como un instrumento de consulta para la atención de los pacientes.

Hace algunos meses, la Revista Argentina de Cardiología presentó el nuevo Consenso Argentino de Hipertensión Arterial, realizado mediante el trabajo conjunto de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA), la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) y la Federación Argentina de Cardiología (FAC).

La edición reciente, del año 2025, sustituye al texto previo publicado en 2018. Entre sus cerca de 70 folios, unas cuantas hojas ofrecen datos relevantes y totalmente claros para la población global (más allá de los expertos sanitarios). Consiste en la sección enfocada en el manejo sin medicamentos de la hipertensión. En otras palabras, se refiere a las conductas que ayudan a evitar y regular la tensión sanguínea.

El Consenso Argentino 2025 ratifica que “los cambios en el estilo de vida son la piedra angular en la prevención y el tratamiento de la hipertensión arterial”, puesto que no únicamente logran disminuir la tensión y optimizar su manejo, “sino también favorecer la salud cardiovascular y general” y “potenciar el efecto del tratamiento farmacológico”. El texto subraya las acciones convencionales, las cuales abarcan el descenso ponderal, la limitación de sal, el ejercicio físico constante, la dieta DASH y el control en la ingesta de bebidas alcohólicas.

Un estudio sugiere que, además de bajar

Dentro de las actualizaciones, se formaliza una sugerencia en la que los expertos han hecho hincapié recientemente: no consiste únicamente en disminuir la ingesta de sodio, sino también en elevar la de potasio (excepto ante cuadros de enfermedad renal avanzada). Resalta, asimismo, los datos recientes acerca de la inclusión de probióticos en la dieta, con posibles ventajas para la regulación de la tensión sanguínea.

Asimismo resalta lo fundamental de controlar la tensión emocional y el requerimiento de evaluar condiciones externas escasamente estudiadas, como la exposición sonora y la polución del aire, capaces de fomentar el surgimiento y mantenimiento de la hipertensión.

“De este modo, el consenso amplía el enfoque más allá de los fármacos, resaltando que los cambios en el estilo de vida son fundamentales para todos los pacientes hipertensos y constituyen la base sobre la cual se construye cualquier estrategia terapéutica”, destacan desde la SAHA.

El acuerdo extiende la perspectiva fuera de los medicamentos, subrayando que las modificaciones en los hábitos cotidianos resultan esenciales.  

En consonancia con las revisiones de las directrices de Sociedad Europea de Hipertensión y de la Asociación Estadounidense del Corazón (AHA, por sus siglas en inglés) y el Colegio Americano de Cardiología, el consenso argentino incorpora 9 sugerencias. 

1. Reducción de peso

Para individuos con sobrepeso (IMC superior o equivalente a 25 kg/m2), el acuerdo general sugiere la reducción mediante la integración de un régimen hipocalórico y ejercicio físico. Asimismo, señala que ciertos fármacos, tales como los agonistas del receptor GLP-1 (la semaglutida), o los de acción dual GIP/GLP-1 (la tirzepatida), “reducen significativamente el peso corporal y al mismo tiempo reducen la presión arterial”. 

Por su parte, la cirugía bariátrica continúa posicionándose como “una opción eficaz y duradera” para personas con obesidad grave. Los investigadores enfatizan que “el programa de adelgazamiento siempre debe ser individualizado y adaptado, teniendo en cuenta objetivos realistas de cada paciente”.

2. Restricción de la ingesta de sodio

Reducir la ingesta de sodio contribuye a bajar el volumen de fármacos requeridos para estabilizar la presión arterial elevada, señalan. Asimismo, indican que limitar el consumo a cerca de 6 gramos diarios de sal disminuye la tensión sistólica (la “alta”) en un máximo de 5 mmHg mientras que la diastólica (o “baja”) baja hasta 2 mmHg.

3. Aumento de la ingesta de potasio y el régimen dietético DASH

Consumir suficiente potasio a través de la alimentación contribuye igualmente a disminuir la tensión arterial. ¿Cómo se puede conseguir este nutriente? Los expertos señalan que un régimen alimenticio que incorpore de cuatro a cinco raciones de vegetales y frutas cada día (como la DASH) suministra de 1.500 a 3.000 mg de potasio.

Intercambiar la sal de mesa por opciones adicionadas con potasio resulta útil, aunque conviene tener presente que un alto porcentaje del sodio ingerido deriva de la “sal oculta” presente en artículos ultraprocesados (como embutidos, caldos, aderezos, aperitivos, galletas y panificados, entre otros, cuya ingesta debería restringirse) y no propiamente del salero.

Las rutinas de ejercicio físico e isométrico logran propiciar descensos en la tensión arterial equiparables a los efectos de los fármacos antihipertensivos.

4. Ejercicio físico diario y sesiones de entrenamiento habituales.

Los programas de acondicionamiento físico —aeróbico, de potencia dinámica (esto es, con pesas) e isométrico (mediante contracciones musculares sin movimiento)— logran ofrecer disminuciones de la tensión arterial comparables a las de los fármacos antihipertensivos, indica el informe. Además, menciona que si se asocia la actividad física con la terapia farmacológica, “la magnitud de la reducción es mayor que con el uso de medicamentos solos”. El descenso más notable de la presión se consigue practicando 150 minutos a la semana, detalla.

Las directrices de la Sociedad Europea de Hipertensión recomiendan completar entre 150 y 300 minutos de actividad aeróbica semanal con un nivel de esfuerzo moderado, o de 75 a 150 minutos de intensidad elevada, o una mezcla proporcional de ambos tipos de ejercicio. Asimismo, aconseja integrar entrenamientos de fuerza muscular de 2 a 3 veces por semana.

5. Regular la ingesta de alcohol

Diferentes investigaciones observacionales de gran alcance han evidenciado un vínculo estrecho entre la ingesta de bebidas alcohólicas y la tensión sanguínea. El acuerdo generalizado fomenta limitar el consumo y aplicar “días sin alcohol” a lo largo de la semana con el fin de optimizar el manejo tensional y el bienestar global.

Hay nuevas claves no farmacológicas para bajar la presión, según estudio. 
Hay nuevas claves no farmacológicas para bajar la presión, según estudio. ROSSANDHELEN / Europa Press

6. No fumar

El consumo de tabaco representa el factor más importante de fallecimiento prevenible y eleva notablemente las posibilidades de sufrir patologías cardiovasculares. Inhalar un cigarrillo incrementa la tensión arterial durante unos 30 minutos, lo que potencia la oscilación diaria de los niveles de presión, de acuerdo con lo expuesto por los redactores del texto. Por otra parte, el hábito tabáquico puede mermar la utilidad de diversos fármacos antihipertensivos, entre ellos los betabloqueantes.

Asimismo, los cigarrillos electrónicos no carecen de peligros. “Meta-análisis recientes destacan que aumentan de forma aguda la presión y la frecuencia cardíaca”, sostiene la opinión mayoritaria, y recalca que “el consejo médico acerca de la cesación tabáquica y la orientación a programas de cesación resulta sumamente importante”.

7. Incorporación de probióticos en la dieta

Ciertos meta-análisis indican que la incorporación de probióticos a la alimentación genera una disminución “modesta pero significativa” de la tensión en individuos hipertensos, especialmente en aquellos que padecen diabetes tipo 2.

Quienes elaboraron el texto mencionan que las pruebas existentes indican que el consumo diario mínimo de fibra alimenticia para adultos hipertensos tendría que sobrepasar los 28 gramos por jornada en mujeres y los 38 gramos diarios en hombres. “Esto favorece una microbiota intestinal saludable y la producción de metabolitos derivados de la microbiota intestinal, ácidos grasos de cadena corta que reducen la presión”, aclaran. La avena arrollada, las legumbres, las hortalizas de hoja verde, las frutas, la palta, las semillas y los frutos secos representan, entre otras alternativas, magníficos aportes de fibra.

8. Manejo del estrés

La tensión emocional y la ansiedad se vinculan con una mayor probabilidad de padecer hipertensión y afecciones cardiovasculares. Los especialistas aseguran que los planes de disminución de estrés centrados en mindfulness y la terapia cognitivo-conductual “han mostrado resultados positivos” favorecen la regulación de la presión, indicando además que el yoga y la música clásica también ayudan a reducirla.

9. Exposición ante el ruido y la contaminación del aire

El contacto con el ruido del entorno y la polución atmosférica se identifican hoy como elementos de peligro que afectan de forma perjudicial al bienestar circulatorio, sobre todo en zonas metropolitanas, señala el texto. “Estudios clínicos y experimentales indican que estos factores pueden llevar a inflamación vascular y disfunción endotelial. Se ha demostrado que la reducción de la contaminación del aire y el ruido disminuye tanto la presión como las vías fisiopatológicas intermedias.”

10. Niveles de evidencia

Marcos Marin, antiguo presidente de la SAHA y parte del grupo asesor del consenso, manifestó que el nivel de sustento científico no es uniforme en todas las propuestas. “Las primeras seis tienen una recomendación de tipo 1, es decir, que es muy importante llevarlas a cabo, porque las dos primeras tienen nivel de evidencia A (basada en grandes estudios aleatorizados) y B las demás (surgida de metaanálisis); mientras que las últimas tres (los probióticos, el manejo del estrés y la exposición al ruido) tienen un rango de recomendación de tipo 2, o sea que podría ser indicado, pero el nivel de evidencia es C por opinión de expertos. No obstante está claro que eso también baja la presión arterial”, puntualizó Marin.

11. Adicionales, no contradictorias

La terapia con medicamentos y las acciones no medicinales no resultan incompatibles, sino que se refuerzan mutuamente en quienes padecen hipertensión. “Si un paciente hipertenso tiene su presión arterial controlada con fármacos, por ejemplo dos, pero persisten otros factores de riesgo o no cumple con los hábitos saludables, ese paciente tiene mayor riesgo residual”, afirmó el experto.

Además precisó que los individuos hipertensos con terapia adecuada mitigan el peligro de sufrir un incidente cardiovascular, si bien no lo suprimen. “Disminuyen el riesgo de ACV, de infarto o de insuficiencia cardíaca, pero no lo disminuyen a cero. Y esto tiene que ver con que, además de la hipertensión, en muchos pacientes empiezan a jugar otros factores como la diabetes, el tabaco o el colesterol no tratado”. ¿El secreto? “Por un lado, tener la presión arterial controlada (con hábitos y fármacos, en caso de que sean necesarios), y, por otro lado, tratar, en lo posible y sin obsesionarse, de corregir todos los factores de riesgo”, finalizó.