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“Mi padre se estaba convirtiendo en un peligro en la carretera”: dejar de conducir, un momento complejo en la vida de los mayores

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Dejar el coche conlleva una disminución de la autonomía y de la independencia por la que muchos mayores no están dispuestos a pasar, y todo ello puede acabar provocando efectos indeseados como aislamiento, soledad e incluso depresión

Dejar de conducir es un momento complicado en la vida de los séniors. 

Dejar de conducir es un momento complicado en la vida de los séniors. 

Getty Images/iStockphoto

“Según iba pasando el tiempo, nos dábamos cuenta de que mi padre se estaba convirtiendo en un peligro en la carretera, tanto para él como para los demás. Nos daba miedo que acabara provocando un accidente, y mis hermanas y yo intentamos convencerlo de que había llegado el momento de dejar el coche”, cuenta Fernando, de 45 años. La respuesta del progenitor fue la esperada: negarse rotundamente. 

“Nos decía que estaba perfectamente, que lo tomábamos por un anciano, que le íbamos a cortar su libertad… Hasta que un día en que una de mis hermanas viajaba con él, vivió cómo estuvo a punto de coger una salida en dirección contraria. Fue el momento clave de no retorno y decidimos tomar una determinación definitiva y esconderle las llaves del coche”, cuenta. “Un poco duro, pero era la única manera que consensuamos para garantizar su seguridad y la de otros”.

Pasada una década de aquello, no se arrepiente, aunque sabe que su padre, que por entonces tenía 70 años, no lo pasó bien, sobre todo las primeras semanas, y no llegó a entender la trascendencia y el riesgo de ponerse al volante con unas facultades que iban mermando. “Después, se fue acostumbrando y hasta bromeaba con el dinero que se ahorraba: garaje, revisiones, gasolina, impuestos… Pero no fue un proceso fácil”, asevera Fernando.

Como en su caso, muchas otras familias tienen que enfrentarse a ese momento para convencer a su padre o madre de que su tiempo como conductor ya se ha extinguido. Es una fase con muchas connotaciones emocionales. Porque dejar de conducir conlleva una disminución de la autonomía y de la independencia por la que muchos mayores no están dispuestos a pasar. Y todo ello puede acabar provocando efectos indeseados como aislamiento, soledad e incluso depresión, como advierte un estudio inglés

Los conductores de más de 65 años, un grupo muy numeroso

Según datos de la Dirección General de Tráfico (DGT), de los 27 millones de conductores que hay en España, un 15,5% son mayores de 65 años —es decir, 4,1 millones de personas—. Tal como recoge la Guía SAVIMA (Salud Vial del Mayor), auspiciada por la propia DGT y la Universidad de Valencia, hay cuatro tipos de conductores mayores: los que son conscientes de que tienen un déficit funcional y evitan las situaciones de riesgo; los que no son conscientes de ese deterioro, pero sí eluden someterse a ciertos peligros en la carretera; los conductores que no son conscientes de sus carencias y tampoco esquivan el riesgo; y, por último, los que, siendo conscientes de que sus facultades están mermadas, no evitan el riesgo vial.

Decidimos esconderle las llaves del coche a mi padre; era la única manera que consensuamos para garantizar su seguridad y la de otros

Fernando

Lo cierto es que cada persona necesita un tiempo para asimilar que una tarea que ha llevado a cabo durante gran parte de su vida tiene que ser apartada en un momento dado. En el estudio El proceso de cese de la conducción en personas mayores, realizado por la Fundación Mapfre y el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona, se establece que la edad media en que los séniors dejan de conducir son los 75 años. Y la mayoría lo hace entre los 76 y los 80 años. En este trabajo se reafirma la vivencia del testimonio inicial: en el 42% de los casos, “la familia consideró que la gestión del cese de la conducción fue complicada”, ya que casi en las tres cuartas partes dejaron de conducir de manera forzada.

“Es un momento complejo de la vida de las personas. Suelen haber conducido muchos años, y esto forma parte de su identidad, de su capacidad de movimiento individual, de su libertad personal… Y les cuesta tomar esta decisión, pero ahí hay una responsabilidad colectiva”, comenta Cristian Bardají, director del Área de Movilidad del RACC (Real Automóvil Club de Cataluña). “Se trata entonces de que la mirada social ayude a generar esa cultura de respeto y sensibilización en toda la sociedad para dar un buen acompañamiento a las personas mayores en el momento de afrontar si están para conducir o dejar de conducir”, añade.

No hay límite de edad para conducir en España

En España, siempre que se cuente con las condiciones psicofísicas y de salud adecuadas, se puede conducir hasta cualquier edad. No hay límite. Eso sí, desde los 65 años disminuye la periodicidad en que hay que renovar el permiso. Si hablamos de coches, motos y motocicletas, la renovación ya no es cada diez años sino cada cinco. Y en permisos profesionales de autobuses y camiones, cada tres años. Pero esa periodicidad en la renovación puede ser incluso menor si los examinadores lo consideran oportuno, por ejemplo, cada año.

El examen médico que se realiza a los mayores es el mismo que a cualquier edad. Y, como destaca la DGT, “si durante el reconocimiento médico se detecta una enfermedad o deficiencia que, si bien de momento no impide la renovación es susceptible de agravarse, el periodo de validez del permiso será menor”. Y en este caso, la tasa a pagar también se reduce (teniendo en cuenta que a partir de los 70 años, los conductores están exentos de esa tasa de tráfico y solo tendrán que pagar el importe del reconocimiento médico).

Lo que también puede suceder es que esa renovación del carnet de conducir se haga de forma condicionada. Es decir, te permite conducir solo bajo determinadas circunstancias, como cuando es de día, en trayectos cortos, por determinadas vías… Y es una posibilidad que para el experto del RACC habría que normalizar, e incluso fomentar. Para él, este proceso “no debe verse solamente como una pérdida o una limitación, sino simplemente como una evolución que redunde en la mayor seguridad de todos, empezando por la persona que conduce y de todo el entorno, para que lo pueda vivir con la mayor normalidad”.

¿Provocan más accidentes de tráfico las personas mayores?

El paso del tiempo tiene un claro efecto en las capacidades de todas las personas. Se estima que, cada minuto, el conductor tiene que tomar 15 decisiones mientras circula. Esto puede ser más complejo cuando hay una merma ligada a la edad, que se concreta en la capacidad de atención a varios estímulos simultáneos, en la adaptación a cambios imprevistos, en la coordinación ojo-mano, en la capacidad para valorar correctamente distancia y velocidad; hay también un estrechamiento del campo visual, necesidad de más tiempo para reaccionar, peor sensibilidad al contraste… Se trata de procesos naturales consustanciales a la madurez.

Los mayores de 65 años tienen un 10% menos de probabilidades de sufrir un accidente de tráfico. 
Los mayores de 65 años tienen un 10% menos de probabilidades de sufrir un accidente de tráfico. Pandora Studio

Los mayores de 65 años tienen un 10% menos de probabilidades de sufrir un accidente de tráfico que la media de conductores en España

Pero, ¿cómo repercuten en la conducción? Paradójicamente, y pese a todo lo anterior, “los mayores de 65 años no son el colectivo que sufre más siniestros de tráfico”, apunta Cristian Bardají. “Los conductores mayores son más prudentes y regulan sus limitaciones mejor que la mayoría de los conductores, por experiencia acumulada y también por aversión al riesgo”, explica. Corroboran su apreciación los datos de la Unión Española de Entidades Aseguradoras y Reaseguradoras (UNESPA), que confirman que sus clientes mayores de 65 años tienen menos accidentes de tráfico que el resto de los conductores; en concreto, un 10% menos de probabilidades que la media de conductores en España.

Las infracciones más frecuentes que cometen al volante los mayores de 65 son no respetar la prioridad, la velocidad inadecuada, no parar en un STOP o no mantener la distancia de seguridad, como detalla la Guía SAVIMA. Entre las referencias que ofrece están que el 87% de los implicados en accidentes de tráfico son hombres y un 13% son mujeres que, por cierto, dejan de conducir mucho antes que los varones. Y un hecho muy sorprendente: a más edad, menos uso del cinturón de seguridad en la carretera. Así, los que menos lo utilizan son los que sobrepasan los 85 años.

¿Más fragilidad física y peores coches?

El problema de los accidentes de tráfico tiene una lectura más y es que a cierta edad suelen ser mucho más graves debido a la fragilidad física. “Los conductores a partir de 75 años no se ven implicados en más siniestros con víctimas que otros grupos, pero cuando reciben un impacto, su riesgo de morir es mayor que el de conductores de menos edad”, resaltan en el Informe de la Fundación Mapfre. Cuesta más recuperarse de las lesiones y la probabilidad de complicaciones crece en pacientes que, además, pueden ya convivir con alguna enfermedad crónica.

“Una hipótesis adicional es que no solo es más frágil en caso de impacto el cuerpo de una persona mayor, sino que su vehículo también: a menudo las personas mayores conducen vehículos más antiguos que la media”, prosigue el estudio de Mapfre. Lo ratifican desde la Guía SAVIMA, que apunta que los vehículos de los mayores que han sufrido accidentes con víctimas tienen una antigüedad de 11,2 años. Y cuanta más edad tiene el conductor, más años tiene su vehículo.

Cuando los conductores a partir de 75 años reciben un impacto, su riesgo de morir es mayor que el de conductores de menos edad

Informe Fundación Mapfre

Una buena solución para los mayores que siguen conduciendo sería contar con vehículos que incorporen sistemas de ayuda a la conducción (ADAS). “Todos estos sistemas están pensados para ofrecer mejores condiciones de circulación a todos los conductores, y la franja más madura los puede aprovechar muy bien”, insiste Cristian Bardají. Y añade: “Es verdad que a veces estas mejoras con usuarios menos familiarizados con las nuevas tecnologías pueden suponer una barrera, pero ahí está justamente un campo de mejora: en acercarlas a aquellos que están acostumbrados a un mundo analógico”.

En definitiva, encontrar el momento idóneo para dejar de conducir por edad depende de un delicado equilibrio donde han de tenerse en cuenta factores de todo tipo, de modo que seguridad y apoyo vayan de la mano. No siempre es fácil reconocer cuándo ha llegado el ‘día D’. Por eso, ante la duda, la Guía SAVIMA ofrece dos cuestionarios, uno para el conductor y otro para su familia, con los que poder testarse y reconocer posibles señales de riesgo en la conducción. Después llega la parte más difícil y personal: tomar la decisión. 

Graduada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, ejerce como periodista experta en temas sanitarios. Es integrante de ANIS (Asociación Nacional de Informadores de la Salud).

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