Longevity

Xiomara Reina, psicoterapeuta familiar: “Si los hijos adultos vuelven a casa de los padres, que ya son mayores, hay que renegociar la convivencia”

Longevity

Las dificultades económicas, por empleos precarios y el difícil acceso a la vivienda, están provocando que hijos adultos ya independizados vuelvan al hogar familiar

Cuando es la familia completa la que se integra en la casa de los abuelos, hay que hacer ajustes para garantizar el bienestar común

Volver al hogar familiar puede acarrear conflictos. 

Volver al hogar familiar puede acarrear conflictos. 

Getty Images

“Volver al hogar familiar en la edad adulta no es solo una cuestión práctica; no se trata únicamente de compartir techo, sino de cómo cada miembro se siente visto, reconocido y seguro delante de la familia, en un momento en que el que todo lo que parecía estable deja de serlo”. Así describe Xiomara Reina, psicoterapeuta familiar y de pareja, y miembro de la Federación Española de Asociaciones de Terapia Familiar (FEATF), la vivencia por la que pasan muchos de los que pertenecen a la que se ha denominado ‘generación boomerang’.

Una generación de ida y vuelta. Una generación que pudo independizarse en un momento dado, pero que, obligada por las circunstancias, debe volver a su hogar de origen y, de nuevo, compartir espacio y todo lo que ello conlleva con sus progenitores, muchos ya mayores, séniors, y con el “síndrome del nido vacío” ampliamente superado. Acostumbrados, además, a una libertad y a una ausencia de obligaciones para viajar, salir, descansar o dedicarse a sus actividades de ocio preferidas, que ahora hay que revisar.

A veces, la vuelta se emprende de forma individual: un hijo que ha roto con su pareja (en 2024 hubo más de 83.000 divorcios en España); una hija que ha perdido el trabajo… Pero, en otras ocasiones, el ajuste es aún más complejo. No es extraño que una familia entera deba trasladarse a casa de los abuelos. Problemas económicos, dificultades para alquilar o comprar una vivienda o necesidad de apoyo constante por alguna circunstancia de salud suelen estar detrás de ese retorno que no resulta fácil para ninguno de los protagonistas.

Al margen de las particularidades monetarias que implica aumentar el número de miembros de un hogar, están las dificultades de convivencia y la manera en que cada uno asume su nuevo rol en esa familia reconstituida, aunque sea por tiempo limitado. De este aspecto emocional profundizamos con Xiomara Reina.

Unos padres que ya no son los de antes, y unos hijos que han cambiado

Uno de los principales problemas que hay que gestionar en esta vuelta de los hijos adultos al hogar familiar es el choque de expectativas. “Los padres, a veces sin darse cuenta, vuelven a su antiguo rol de cuidadores; el hijo, aunque sea adulto, puede sentirse tratado como si hubiera retrocedido varios años”, advierte la experta. A los conflictos sobrevenidos por la nueva convivencia se unen los antiguos, que afloran de nuevo pese a que habían perdido el foco diario.

Hay viejos roles que se reactivan, y todo en un entorno emocional delicado. Es habitual que el hijo que ha vuelto tenga sentimientos de frustración, de derrota e incluso de vergüenza y fracaso. También el miedo al futuro está latente. Por eso, para la psicóloga, una de las primeras tareas a llevar a cabo es poner palabras a lo que está pasando. “Cuando no se habla de ello, acaban apareciendo discusiones por horarios, tareas domésticas o dinero”. ¿Su consejo? “Reconocer que se trata de una etapa difícil y crear espacios para hablar”.

La comunicación y establecer límites, grandes ayudas para la vuelta a la convivencia. 
La comunicación y establecer límites, grandes ayudas para la vuelta a la convivencia. Iakov Filimonov

Se trataría, como apunta la terapeuta, de “acoger sin imponer ni desentenderse”. Ni obligar a normas rígidas ni dejarlo todo en el aire. Lo que suele funcionar y, lo más saludable, según su criterio, es “renegociar la convivencia entre adultos”. Pero, ¿cómo hacerlo? “Hablar desde el principio de cómo será el día a día, acordar horarios generales, tareas básicas, respeto por la intimidad y escuchar qué necesita cada uno ayuda a crear un clima más tranquilo; un mensaje claro por parte de los padres podría ser el de ‘esta es tu casa y queremos ayudarte, pero necesitamos construir cómo convivimos ahora’: en definitiva, transmitir seguridad sin infantilizar”, detalla.

Es muy probable que el estado anímico de ese hijo que ha vuelto no sea el mejor, lo que añade un factor más de dificultad a la convivencia. Para muchos, es un golpe de grandes dimensiones en su autoestima. ¿Cómo acompañar esas vivencias sin ser intrusivos? 

“El error más común, aunque sea bienintencionado, es minimizar lo que sienten o intentar animar demasiado rápido. La clave en el apoyo pasa por validar-sentir-acompañar, antes que solucionar. Escuchar sin juzgar, reconocer el dolor y transmitir un mensaje claro de acompañamiento —‘no has fallado como persona, estás pasando por una etapa difícil’— ayuda a que el hijo no se sienta una carga. Acompañar implica estar cerca sin invadir y, si el malestar se prolonga, facilitar el acceso a ayuda profesional sin imponerla”, comenta la representante de la FEATF.

La gestión económica y el límite temporal

La última encuesta publicada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en enero sitúa a la vivienda como el principal problema para el 42,6% de los españoles, seguido de los problemas económicos (21,2% de los sondeados). Es un problema real que se agudiza por una escalada de precios que no va acorde con los sueldos ni con el poder adquisitivo. El panorama, pues, no parece que vaya a cambiar a corto plazo en cuanto a estas familias reconstituidas.

¿Cómo gestionar el gasto económico para que no surjan desavenencias? “El tema económico es una de las principales fuentes de tensión si no se aborda a tiempo. Lo recomendable es hablarlo desde el inicio, en un momento tranquilo: qué gastos hay, qué se puede aportar y durante cuánto tiempo”, aconseja Xiomara Reina. “No se trata solo de dinero, sino de equilibrar ayuda y autonomía. Aportaciones simbólicas o asumir responsabilidades en casa ayudan a preservar la dignidad del hijo y a evitar resentimientos silenciosos en los padres”, añade.

Aportaciones simbólicas o asumir responsabilidades en casa ayudan a preservar la dignidad del hijo y a evitar resentimientos en los padres

Xiomara Reina

Psicoterapeuta familiar y de pareja, y miembro de la FEATF

Lo más probable, lo expresen o no, es que ambas partes quieran volver a la situación de partida: con la independencia hacia el otro que los años habían creado. ¿Es aconsejable prever un final para esa estancia conjunta? “Hablar de un límite temporal suele ser más tranquilizador que evitar hablar del tema o ‘darlo por hecho’. No como ultimátum ni amenaza sino desde la confianza en el proceso. Revisar la situación cada cierto tiempo, valorar avances y ajustar acuerdos refuerza la idea de que se trata de una etapa de transición, no de un estancamiento. El mensaje clave no es ‘tendrás que irte en algún momento’, sino ‘confiamos en que esta situación sea temporal’”, aclara la psicóloga.

Ser hogar cuando la vida aprieta

En el año 2024, un 6% de los hogares españoles era intergeneracional; esto es, convivían al menos tres generaciones. Son estimaciones del centro de análisis FUNCAS basadas en los datos de la Encuesta de Población Activa. A buen seguro, parte de ellos corresponde a familias que han tenido que unirse ante las dificultades.

“Si la convivencia incluye a nietos o incluso a toda la familia, es fundamental cuidar a quienes cuidan. Los abuelos pueden disfrutar mucho de esta etapa, pero también pueden acabar agotados si no se ponen límites. Distribuir las responsabilidades con claridad y reconocer el esfuerzo de forma explícita contribuye a que se sientan apreciados y no sobrecargados”, asevera la especialista.

De igual modo, este reencuentro (obligado) puede convertirse en una oportunidad valiosa. “Padres e hijos adultos pueden mirarse desde un lugar más humano, reparar conversaciones pendientes y construir una relación más madura. Para los nietos, además, puede ser una ocasión única de crear recuerdos profundos con sus abuelos. Cuando se cuidan las emociones, el hogar recupera su función más importante: ser un lugar seguro al que volver cuando la vida aprieta. Porque, al final, más allá de normas y acuerdos, lo que realmente sostiene esta convivencia es la sensación compartida de que, pase lo que pase, seguimos siendo familia”, concluye.

Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, es periodista especializada en salud. Forma parte de ANIS (Asociación Nacional de Informadores de la Salud)

Etiquetas